El sacerdote coreano Tomás Choe Yang-eop (18201861), aunque murió a los 40 años de fiebres tifoideas, fue un evangelizador incansable que recorría a pie 2.800 kilómetros al año de pueblecito en pueblecito por Corea y escuchó en confesión a unas 4.000 personas. 

Ahora el Papa reconoce sus virtudes heroicas, por lo que ya sólo se necesita reconocer un milagro para que pueda ser beatificado: sería el primer cura coreano en los altares que no haya sido mártir.

Tomás Choe Yang-eop sí era hijo de mártires: su padre fue San Francisco Choe Gyeong-hwan, canonizado en 1984, y su madre la mártir Lee Seong-rye. A los 16 años se fue a Macao, entonces colonia portuguesa en China, para prepararse para ser sacerdote, acompañado de San Andrés kimDae-gon, mártir y primer cura canonizado de Corea.

El padre Choe no sólo pastoreaba comunidades repartidas por 100 pueblos distintos, sino que tradujo el catecismo al coreano (a partir del chino) y lo versionó en rimas fáciles de memorizar para los cristianos.

Está enterrado en Baeron, entre dos escarpados y profundos valles en el centro de Corea. Este lugar tiene mucha importancia para la Iglesia coreana: aquí, uno de los primeros conversos coreanos, Alejo Hwang Sa-yeong escribió su "Baek-seo", la “Carta de seda” a favor de la libertad de los cristianos, mientras se escondía de la persecución; además, aquí surgió el primer seminario de la península.

Vídeo de ordenaciones sacerdotales en la actual Corea del Sur, el país con más crecimiento eclesial por bautismo de adultos