No hay nada más quijotesco que los molinos... excepto, probablemente, los molinos en el desierto. En la realidad africana no son tan quijotescos, sino una herramienta que puede cambiar la vida de toda una comunidad, y por eso la Misión Católica Mercy Charity (www.missionmercy.org) busca fondos para construir uno en el desierto de Somalia.

Belén Manrique, una joven misionera laica madrileña (contamos aquí su llamado a servir a los niños de África) explica que "a pesar de que la misión se encuentra al lado del río Wabi Shebele, con importante caudal, debemos comprar el agua en cisternas. Por eso, queremos instalar un molino de viento que bombée el agua del río, aportando así abundante vida a la misión".

"En el primer mundo no nos paramos a pensar en el regalo del agua porque simplemente está ahí, sin darnos cuenta de que probablemente sea el bien más preciado con el que contamos. Sin él no es posible la vida", comenta.

Belén explica la espiritualidad que brota en el desierto, entre familias pobres, casi todas musulmanas. 



"Jesús se encuentra sediento en los cuerpecitos de los niños que sobreviven guiando a sus cabras por estas duras tierras, en las niñas que ni juegan ni van a la escuela porque su tarea es cuidar de sus hermanos pequeños y cargarles en sus diminutas espaldas, sediento de amor en los corazones de las mujeres tapadas de pies a cabeza para evitar la mirada lasciva de los hombres, en los hombres que solo miran a sus mujeres como objetos que les aseguran la continuidad de su prole. La cultura somalí es tan primitiva que hasta el propio lenguaje es agresivo. Les oigo hablar y pienso que discuten, cuando en realidad mantienen una conversación de lo más normal", explica.



Ella tiene claro que Dios la ha llamado a estar con los niños de África aunque a veces se cuestiona algunos detalles.

"Los niños me miran con extrañeza cuando juego con ellos. Me pregunto qué se les pasará por la cabeza: ¿qué hace esta blanca aquí jugando con nosotros, tan lejos de su país y de su familia? A veces yo misma me cuestiono si no me estaré volviendo una simple animadora infantil. Creo que son pensamientos del demonio", se plantea.

La mera presencia de un misionero puede servir para tender puentes y romper prejuicios.



"Una tarde pintaba camellos con mis vecinos, los niños musulmanes, mientras la hermana mayor de uno de ellos, de unos 20 años, me miraba como si fuera un extraterrestre que acababa de aterrizar en su patio. Después de un rato observándome, me espeta: ¡Eres cristiana pero me caes bien! Haceros a la idea de lo que les enseñan en las mezquitas para que esta joven se sorprendiera de que yo, siendo cristiana, pudiera parecer buena persona", señala.

La misión católica lleva 3 años en la zona y ha construido una escuela infantil (para niños que nadie educa) y un centro de formación para la mujer, "especialmente marginada en estas tierras", explica Belén.

La construcción del molino tiene para ella una simbología hermosa: "Es urgente que el amor de Cristo llegue hasta los confines de la Tierra, regando los desiertos de los corazones. Así como es necesario que el agua llene de vida nuestra pequeña misión en este confín del mundo".



Amigos jóvenes de la misión organizan este viernes 27 de Marzo en la Sala Polana de Madrid un concierto; la entrada cuesta 10 euros y el dinero se destina al molino.

También es posible hacer un donativo directamente para el proyecto en esta cuenta:

Fila Cero Proyecto Molino: ES86 0030 8209 18 0000620271