Muchos estados del Golfo Pérsico han sido acusados de financiar al grupo extremista Estado Islámico en Irak y Siria. Pero Michael Stephens, director del instituto de investigación Royal United Services Institute en Qatar, advierte en este artículo que en una guerra las cosas no son tan claras ni definidas. Lo republicamos a continuación. 

Se ha escrito mucho sobre el apoyo que Estado Islámico (EI) recibió de donantes y simpatizantes, especialmente de los ricos estados del Golfo. 

La acusación que más escucho por parte de quienes combaten contra EI en Irak y Siria es que Qatar y Arabia Saudita son los únicos responsables de la existencia del grupo.

Pero la verdad es un poco más compleja y es necesario explorarla.


Es cierto que algunos acaudalados individuos del Golfo han financiado a grupos extremistas en Siria, muchos llevando bolsas de efectivo a Turquía y simplemente repartiendo millones de dólares cada vez.

Esta era una práctica extremadamente común en 2012 y 2013, pero desde entonces ha disminuido y es un porcentaje mínimo del ingreso total de Estado Islámico en 2014.

También es cierto que Arabia Saudita y Qatar, en la creencia de que el presidente de Siria Bashar al Asad estaba próximo a caer y que el islam sunita era el vehículo para sus fines políticos, financió grupos que tenían fuertes credenciales islamistas.

Esos grupos eran Liwa al Tawhid, Ahrar al Sham y Jaish al Islam, todos con tenues vínculos con el "chico malo" de entonces, Jabhat al Nusra, el brazo de al Qaeda en Siria.

Por su parte Turquía llevaba a cabo una discutible política fronteriza, en la que armas y dinero fluía hacia Siria, con apoyo saudita y qatarí.


Todos creían que esto facilitaría el fin del régimen de Asad y un reordenamiento sirio como poder sunita, rompiendo el vínculo del Irán chiita con el Mediterráneo.

Sin embargo, en 2013, cuando EI comenzó su aparentemente imparable ascenso, estos grupos fueron arrasados por él o decidieron que era mejor unirse al bando ganador, pasándose a las filas de EI y llevando consigo armas y dineros.

Sólo Jabhat al Nusra se mantuvo firme, administrando una débil alianza con su primo más radical; pero igual se estima que al menos 3.000 combatientes de al Nusra se pasaron a las filas de EI durante este período.

Entonces, ¿ha financiado Qatar a EI? En forma directa, la respuesta es no. Indirectamente, una combinación de malas políticas e ingenuidad ha hecho que armas y dinero de Qatar llegara a las manos del grupo islamista.

Arabia Saudita también es inocente de tener una explícita política de estado que financie a EI, pero al igual que en el caso de Qatar su determinación para intentar destituir a Asad la ha llevado a cometer graves errores a la hora de elegir a sus aliados.

Ambos países deben ahora realizar un examen de conciencia, aunque es dudoso que ningún ejercicio de introspección se admita públicamente.


Pero hay problemas más profundos: los lazos religiosos y la simpatía por un grupo que actúa explícitamente contra los intereses del Irán chiita en la región, sumado al hecho de que tiene el apoyo de más gente en el Golfo de lo que muchos estarían dispuestos a admitir.

Es difícil para cualquiera apoyar los horribles actos cometidos por EI, pero su objetivo de establecer un califato islámico es ciertamente atractivo en algunos rincones del pensamiento islámico.

Muchos de aquellos que respaldaban ese objetivo ya viajaron a Siria, pelearon y murieron por Estado Islámico y otros grupos. Otros expresan su apoyo de forma más pasiva y continuarán haciéndolo por muchos años.

El atractivo de EI, un grupo que ha superado a todos los otros en combate y que realiza cuidadas compañas mediáticas en decenas de idiomas para atraer a jóvenes hombres y mujeres a su causa, ha demostrado ser altamente exitoso.

En cada actividad, desde el combate hasta la organización y jerarquía y el uso de los medios, EI está años luz por delante del variopinto grupo de facciones de oposición que operan en la región.


Estado Islámico ha construido lo que parece ser el inicio de estructuras semiestatales, ministerios, cortes e incluso un rudimentario sistema de impuestos, que pide mucho menos que lo que los ciudadanos pagaban a la Siria de Asad.

"Estado Islámico exporta unos 9.000 barriles de petróleo por día, con precios que van de los US$25 a los US$45. Algunos van vía intermediarios kurdos a Turquía, otros son para consumo de EI y otros llegan al régimen de Asad, que a cambio le vende armas al grupo."

Desde que empezó a conquistar territorios a comienzos de 2013, EI ha exhibido un patrón consistente: al tomar el control de una ciudad, rápidamente asegura los recursos hídricos, de hidrocarburos y harinas, centralizando la distribución y volviendo a la población dependiente del grupo para su supervivencia.

Dependencia y respaldo no son la misma cosa y es difícil medir cuántos de los "ciudadanos" de EI participan de forma voluntaria de su proyecto o simplemente consienten su mandato por la necesidad de estabilidad o el miedo a las represalias.

Para entender cómo funciona la economía de EI hay que mirar hacia el interior de un turbio mundo de intermediarios y opacos negocios, en los que "ideólogos leales" de diferentes bandos identifican oportunidades de negocios y las aprovechan.

Algunos van vía intermediarios kurdos a Turquía, otros son para consumo de EI y otros llegan al régimen de Asad, que a cambio le vende armas al grupo.

"Es una típica economía de guerra", observa el analista de la Fundación Jamestown, Wladimir van Wilgenburg.


Ciertamente, los dudosos tratos y extrañas alianzas comienzan a parecerse mucho a los eventos que tuvieron lugar durante la guerra civil de Líbano, cuando señores de la guerra enfrentados militarmente, a la vez combatían unos con otros y hacían negocios.

El punto es que EI se autofinancia; no puede ser aislado, separado del mundo, porque está íntimamente atado a la estabilidad regional de un modo que no sólo beneficia al propio grupo, sino también a aquellos contra quienes combate.

La gran pregunta es si es posible derrotar a un tan integral pilar regional (aunque sea profundamente violento y extremo). Sin intervención militar occidental, es improbable.

Aunque algunas tribus sunitas de Irak están ponderando su lealtad al grupo, no tienen la capacidad de fuego ni las finanzas necesarias para derrocar a EI, tampoco lo tienen el ejército iraquí ni el sirio.