Romualdo Fernández, arquéologo y misionero franciscano, natural de Zamora, es el último misionero español en Siria.

A finales de junio, escribía una carta lamentando el enfoque que se da en algunos medios occidentales de los sucesos sirios: 

»Los europeos y americanos hablan con simpatía sobre los salafíes, y la TV española y el periódico El País hablan frecuentemente de la guerra civil de Siria, apoyando descaradamente a la oposición, si es que así se le puede llamar. Y hablan también con simpatía de los yahidistas ceutíes...

»Pero todos han callado el hecho doloroso ocurrido en la aldea cristiana de Ghassanieh (=Ingsik, a 9 km al oeste de Jisser Choghour), ocupada por la oposición hace ya casi medio año, y en esa ocupación casi toda la población tuvo que huir a Lattakia, sin recursos.

»Esta es la guerra de Siria que Occidente apoya sin comprender, y donde los cristianos desaparecerán. ¡Y lo peor es que nadie juzga tantas injusticias!

Romualdo Fernández declaró ya antes al enviado especial del diario ABC que pensaba permanecer en Siria para apoyar a la comunidad cristiana «en el momento que más nos necesita»


Tiene 76 años y es el responsable de la Custodia Franciscana en Damasco desde 1992, en el santuario que recuerda la conversión de San Pablo en esta ciudad. 

Siria es su última parada tras haber pasado antes por Israel y los Territorios Palestinos y Egipto y sigue con preocupación el levantamiento contra Bashar Al Assad que ha puesto a los cristianos, que representan el diez por ciento de la población del país, en el punto de mira.

«No tengo miedo, pero está claro que corremos un grave peligro como ya ocurriera en Irak», aseguraba mientras recuerda que «en estos momentos hay dos sacerdotes y dos obispos secuestrados al norte del país y nadie ha hecho nada por ellos. Seguro que si se tratara de un periodista hubiera habido más movimiento en la diplomacia internacional. Nos sentimos abandonados, sobre todo por algunos países a los que se les llena la boca hablando de derechos humanos, pero que luego no hacen nada».

Su discurso es directo y en sus reflexiones sobre la situación siempre aparece constantemente el nombre de Turquía, «un país que tiene la llave de todo, pero al que nadie le pide cuentas por su comportamiento en este conflicto».

El 23 de abril el obispo metropolitano de Alepo y Alejandría, Bulos Yaziji, y el siríaco ortodoxo de Alepo, Yuhanna Ibrahim, fueron capturados por un grupo armado cuando viajaban en coche por el norte de Siria, cerca de Turquía. Los asaltantes mataron al sacerdote que conducía el vehículo y se llevaron a los dos líderes religiosos que acudían a intermediar en la liberación de otros dos sacerdotes secuestrados.


Romualdo denunciaba el «apoyo abierto de Europa desde el comienzo a los salafistas» de la oposición armada, un apoyo que se debe a «su desconocimiento de la situación sobre el terreno».

El párroco libanés Jan Khayed decía también a ABC que la comunidad católica en Siria «camina de la mano de toda la nación y, en caso de plebiscito, cada uno es libre de votar lo que considere oportuno».

Los cristianos en Siria (ortodoxos, siríacos, maronitas, católicos de rito armenio…) representan el 10 por ciento de la población y desde el comienzo de la crisis la jerarquía ha intentado mantenerse neutral en un conflicto que les ha golpeado de forma directa en forma de coches bomba contra sus comunidades, el asesinato de al menos tres sacerdotes y varios secuestros.

El ejemplo de Irak está muy fresco en las mentes de los cristianos que han visto como en el país vecino apenas quedan 400.000 del más de millón y medio de fieles que había hasta la caída de Sadam Husein en 2003.

«Lo que pedimos a Occidente es lo mismo que ya dijo el Papa, por favor, no envíen armas a Siria, sino mensajes de paz», concluye Romualdo.