Dexter Condez, el activista de 26 años asesinado con ocho disparos en la isla de Boracaya el pasado 22 de febrero era un laico católico y pertenecía a la familia religiosa de la Sociedad de San Vicente de Paúl .
 
Condez defendía los derechos y prerrogativas del grupo indígena Ati, que se oponen a la explotación de la tierra por parte de las empresas de construcción .
 
La Familia Vicenciana en las Filipinas condena el brutal asesinato de uno de sus miembros laicos y pide una acción firme por parte de la policía y del gobierno: “Mientras la policía ha iniciado las investigaciones, las mentes mandantes y los ejecutores de este acto cobarde siguen en libertad. Condez deja a su familia, pero también a toda la comunidad de Ati, que trataba de recuperar la posesión de sus tierras”, escribe, en una declaración recibida por la Agencia Fides, el p. Francisco Vargas, presidente del Consejo de la Familia Vicenciana en las Filipinas.
 
El texto recuerda que Condez estaba comprometido con la protección de la identidad y la dignidad de la tribu Ati y estaba en estrecho contacto con la Iglesia local de la diócesis de Kalibo.
 
Su asesinato es un golpe a la historia del país y de la Iglesia de Filipinas”, comenta a la prensa, invitando a todos a orar y pedir “justicia para los responsables del crimen”.
 
El último pensamiento va a la comunidad Ati, que Condez “ha servido con coraje y altruismo”.

Los vicencianos instan a continuar “la obra que ha dejado en nombre de la caridad y la justicia”, garantizando su apoyo y solidaridad con los indígenas.