Según el informe Pew Forum sobre creencia religiosa en Europa Central y Oriental de 2017, la República Checa cuenta con el mayor porcentaje de población que declara no estar afiliado/identificado en ninguna religión: un 72%. Supera así a su competidor en la "liga de la increencia" en Europa, Estonia, que tiene solo un 45% de no afiliados. 
 
Según este estudio (a partir de 1.500 entrevistas, con margen de error de +/-4, encuestados en 2015), los checos se dividirían así: 
 
No afiliados: 72%
Católicos: 21% 
Otros (protestantes de distintos tipos): 6%
Ortodoxos: 1% 
 
Por el contrario, en la vecina y rural Eslovaquia (de 5,3 millones de habitantes, la mitad que Chequia), según el censo de 2011:
- el 62% se declara católico latino
- el 4% católico de rito bizantino
- el 6% luterano
- 2% calvinista
- 1% ortodoxo
- 13% sin religión
- 10% no se define 
 
Pew calcula, a partir de una encuesta de 1991, que los católicos eran un 44% a los dos años de caer el Muro de Berlín en las regiones checas. Hoy son la mitad.
 

No cree en Dios ni un tercio de la población

Las cifras de mera creencia en Dios también son muy bajas, según el estudio: creen el 29% de los checos entrevistados (o sea, la suma de los que se declaran católicos, protestantes u ortodoxos). Creen el 36% de mujeres y sólo el 22% de hombres. 
 
En la rival Estonia, cree en Dios un 44% de la población, por lo que se confirma que República Checa gana en la liga de la irreligiosidad. 
 
Hay que tener en cuenta que en Polonia, Ucrania, Serbia y Croacia, otros países postcomunistas, creen en Dios el 86%, y hasta en Rusia cree un 75% según este mismo estudio. 
 
Chequia es también el país que menos cree en el cielo (solo creen un 27% de los checos) y en el infierno (un 19%). Un 23% cree en la reencarnación: ¡más que en el infierno! 
 


Peregrinación a la Virgen de Hostyn, en el sur del país; la Virgen detuvo la invasión tártara en la Edad Media haciendo caer rayos del cielo...
 

¿Quien no cree en Dios, cree en supersticiones? No mucho...

República Checa también es el país donde menos población cree en la existencia del alma (44%), del destino (43%) y de los milagros (37%). Es curioso que haya 8 puntos más que crean en milagros que en Dios... ¿quién creerán ellos que hace esos milagros? 
 
Los checos y los húngaros son el país donde menos gente cree en el "mal de ojo": un 21%. Parece bastante gente, pero en Grecia y Letonia son el triple y en la muy incrédula Estonia son el doble los que creen eso. 
 
Ademas, uno de cada 4 checos cree en la magia y brujería. En Letonia y Ucrania creen en eso la mitad de la población.
 
Un censo de 2011 da otras cifras, pero hay que tener en cuenta que el 45% de la población no quiso responder la pregunta sobre religión: 
 
- Se declaraban católicos: 10%
- Husitas o evangélicos checos: 1%
- Creyentes "sin denominación": 7%
- sin creencia religiosa: 34% 
- no responden: 45%
 
Así, en un país de 10 millones de habitantes hay 2 millones de católicos (según Pew 2015) o 1 millón (según ese censo de 2011).
 
Parece, pues, que sí se trata del pueblo menos religioso de Europa. 
 
Pero hay estudiosos que quieren matizar la afirmación. 
 

Más bien es desconfianza a las instituciones

El teólogo Jan Stejskal pone en duda que a los checos les falte fe, según explica en Radio Praga.
  
“A la hora de preguntarnos qué nación europea tiene un mayor alejamiento respecto a las religiones tradicionales, probablemente nos movemos en la cumbre. No obstante, no creo que el problema sea la ausencia de fe. Los checos creen bastante, lo que es evidente también en las grandes cantidades de dinero que se gastan en asuntos esotéricos. Todos ellos son personas creyentes. No obstante, los checos son muy escépticos hacia las autoridades, y la Iglesia es una autoridad”, asegura Stejkal.
 
El historiador Jaroslav Šebek confirma esta tesis, explicando el apartamiento de los checos de las religiones tradicionales con su rechazo a una religión institucionalizada: “Los checos creen en diferentes cosas, algunos en todo, pero no confían en la Iglesia como institución. Creen en las cartas, creen a los charlatanes y curanderos, se interesan por las enseñanzas orientales como el budismo, pero no creen en la forma institucional de la religiosidad como puede ser la afiliación a la Iglesia cristiana”.
 
Sin embargo, la estadística de Pew Forum muestra, recordemos, que sólo un 21% cree en el "mal de ojo", un 37% en los milagros y un 25% en la magia. 
 
Tomáš Halík, sacerdote, escritor y Premio Templeton (el "Nobel religioso") cree que muchos checos son "algoístas" (creen que "algo hay") pero no se asocian a ninguna entidad religiosa. 
 
Una famosa capilla hecha de huesos humanos a una hora de Praga
 
 

El factor especial de la Historia

¿Por qué los checos, evangelizados en el siglo IX por San Cirilo y San Metodio, patrones de Europa, son tan distintos de sus vecinos eslovacos, de los polacos, y de otros eslavos en el tema religioso? Todos lo atribuyen a la historia. 
 
Primero, las sangrientas guerras husitas en el siglo XV: nacionalistas checos de lengua eslava, una especie de rebeldes proto-protestantes, armados con primitivos cañones de mano, contra caballeros católicos alemanes con armadura del Sacro Imperio.  
 
Después, la Reforma Protestante en el s.XVI: Chequia se hizo protestante, pero los católicos la recuperaron al ganar la Batalla de la Montaña Blanca de 1620 y la Iglesia retomó a la población con la ayuda del poder civil.
 
Después Chequia quedó incorporada al Imperio Austrohúngaro, que era católico, pese a que buena parte de la población no lo era. El nacionalismo checo que buscaba la independencia (lo consiguió tras la Primeras Guerra Mundial) veía a la Iglesia como un agente imperial. Al desmantelarse el Imperio Austrohúngaro (católico, pero tolerante con todas las etnias, lenguas y religiones) los nacionalistas checos acusaban al clero católico de servir al viejo poder. 
 
“Este hecho impulsó la conversión de muchos creyentes al protestantismo", explica Jan Stejskal. "Creo que era también una tendencia de moda. La situación se calmó, pero sin duda se reflejó en la desconfianza que los checos tienen en las instituciones, lo que sigue vigente hasta la actualidad”.
 
 
Domingo de Ramos en Praga
 

Un poderoso partido comunista, incluso antes de la guerra

El historiador Jaroslav Šebek explica que con la caída del Imperio Austrohúngaro, las ideas antirreligiosas se hicieron muy fuertes, sobre todo en Bohemia. 
 
"Es importante mencionar que una gran parte de los checos apoyaba intensivamente a los comunistas antes de que llegaran al poder en 1948. El Partido Comunista Checoslovaco era el partido comunista más fuerte de Europa", señala. 
 
Y después llegó la dictadura comunista, que en Checoslovaquia fue especialmente antirreligiosa y anticatólica, más insistente y perversa que en otros países del Bloque del Este. Crearon, por ejemplo, todo un sector eclesial colaboracionista y perfectamente infiltrado, de clérigos al servicio del régimen y contra la autoridad vaticana, llamado "Pacem in terris".
 
Por supuesto, en las escuelas se adoctrinaba contra la religión y la Iglesia sin cesar. Las entidades eclesiales fueron confiscadas. Según el historiador y disidente católico Radomir Maly "casi la mitad de los curas y religiosos se encontraron en prisiones y campos de trabajo". En la primera fase de persecución mataron a unos 65 clerigos y religiosos, entre checos y eslovacos. Más de 6.000 clérigos pasarían al menos 5 años en prisiones y campos de trabajo. En Eslovaquia la persecución fue aún más dura contra los católicos de rito oriental, cuya actividad quedó directamente prohibida y sus posesiones confiscadas.
 
La persecución en toda Checoslovaquia se inició con fuerza después del milagro de la cruz de Číhošt. Sucedió en diciembre de 1949, cuando, durante un sermón parroquial, una cruz se movió de forma extraña y lo vieron unas 20 personas. El párroco, Josef Toufar, negó, incluso bajo tortura, que fuese un truco o montaje. Murió mártir en prisión unas semanas después, por las torturas. También el fotógrafo que fotografió el lugar negó encontrar cuerdas o poleas; se le condenó a 13 años de cárcel por eso. (Lea aquí la historia del Milagro de la Cruz de Číhošt).
 
Josef Toufar fue de los primeros sacerdotes mártires bajo el
comunismo checoslovaco
 
Esa persecución dejó tremendamente debilitada a una Iglesia que había estado débil todo el siglo. 
 
Stejskal añade, que después, cuando llegó la democracia, "algunos [antiguos disidentes católicos] tal vez perdieron el motivo para seguir vinculados con las actividades eclesiásticas. Por otro lado, otros pudieron quedarse desilusionados al ver de pronto a los antiguos funcionarios comunistas sentados en una iglesia. Nadie sabe si en realidad estaban examinando su conciencia. Es muy complicado y hay muchas razones por las que la gente abandonaba la Iglesia o se unía a ella”.
 

La expulsión de alemanes... sustituidos por fieles comunistas

Hay otros detalles históricos, como la expulsión de cientos de miles de alemanes de la región de los Sudetes, tras la Segunda Guerra Mundial. "Llegaron a la zona diferentes tipos de personas, entre ellas partidarios de los partidos de izquierdas que por méritos obtenían allá casas. Los nuevos habitantes de los Sudetes no eran creyentes de religiones tradicionales como los anteriores. Las iglesias empezaron a deteriorarse y esta situación permanece desde hace decenas de años. La raíz del bajo número de creyentes en la zona puede ser la expulsión y los sucesos posteriores”.
 
Por el contrario, la región de Moravia, con 3 millones de habitantes, especialmente la zona sur, cuenta con un mayor número de creyentes que Bohemia, lo que Stejskal explica por su mayor vínculo a la tradición y al folklore. La Iglesia considera que la mitad de la población en esta zona está bautizada como católica.
 
Una procesión con misa en Moravia, al sureste del país
 
 
Primeras comuniones en la misma parroquia