Un nuevo caso ha puesto de manifiesto la persecución que se produce en algunos lugares de Europa por el uso de la cruz por parte de los creyentes en sus lugares de trabajo en lo que es una muestra más de un laicismo agresivo y totalitario.

En Reino Unido, un tribunal laboral acaba de dar la razón a Mary Onuoha, una enfermera católica de 61 años, al dictaminar que el NHS (el sistema público de salud de Reino Unido) acosó y discriminó de manera injustificada a esta mujer por llevar una cruz colgada del cuello en su trabajo. La enfermera llegó incluso a tener que dejar su trabajo ante esta campaña contra ella que se remontaba años atrás.

El juez considera que esta enfermera especialista en quirófano y nacida en Nigeria llevaba razón al denunciar de manera formal la discriminación que sufrió por llevar una cruz.

Tal y como recoge Catholic Herald, un alto cargo del sistema de salud llegó incluso a interrumpir una cirugía para abroncar a la enfermera sobre su pequeña cruz de oro mientras la paciente estaba en el quirófano bajo anestesia general. El gerente en ese momento no dijo nada por el hecho de que el anestesista que también estaba presente en la operación llevaba pendientes y un colgante. Al mismo tiempo, a otros miembros del personal se les permitió usar turbantes, saris, hiyab y gorros sin temor a sanciones. A menudo, el personal también usaba colgantes.

El Tribunal dijo que este órgano del sistema de salud atacó a la enfermera “sin una causa razonable y adecuada”. Su trato violó sus derechos humanos y creó un “ambiente humillante, hostil y amenazante” para ella.

Así se veía la cruz de la enfermera Mary Onuoha por la que fue durante años acosada y discriminada

Según el Christian Legal Center, que apoyó a la enfermera, el resultado del caso desarrolla un principio legal más amplio de que los empleadores no pueden discriminar a los empleados por manifestaciones razonables de fe en el lugar de trabajo.

De hecho, Onuoha se vio obligada a dejar su trabajo en el Hospital de la Universidad de Croydon en el sur de Londres en el verano de 2020 después de lo que describió como una campaña de dos años emprendida en su contra por sus superiores y jefes del NHS.

Durante la audiencia completa en octubre del año pasado, el sistema de salud argumentó que usar el colgante con la cruz era un riesgo de infección y que no tenía nada que ver con su fe católica. Pero el juez y los otros dos miembros del tribunal no estuvieron de acuerdo y dijeron que para ellos estaba claro que ese riesgo era "muy bajo".

El contundente fallo del tribunal

El Tribunal también señaló que interrumpir la cirugía mientras un paciente estaba en la mesa de operaciones para regañar a esta enfermera católica por su collar fue “prepotencia”.

"Ella (la gerente) literalmente interrumpió la cirugía para abordar el problema", dijo el fallo. “Se trataba de tratar el asunto como si fuera una emergencia, pero desde cualquier punto de vista no lo era”. En cambio, esa conducta creó "un ambiente ofensivo, hostil e intimidante".

Además, el Tribunal aceptó la prueba pericial del teólogo Dr. Martin Parsons de que el collar era una expresión de fe religiosa porque “la cruz es un símbolo del cristianismo” y llevar una cruz tiene muchos siglos de tradición detrás.

El fallo señaló que “impedir que los cristianos muestren la cruz ha sido una característica de campañas de persecución más amplias” en algunas partes del mundo. Reconoció que “hay enseñanzas bíblicas que imploran a los cristianos que sean abiertos sobre su fe y no la escondan”.

Mientras tanto, Onuoha reconoce que no cree “que pudiera hacer mi trabajo sin la cruz. Saco mi fuerza de mirar la cruz. Estoy muy orgullosa de ser cristiano y estoy orgullosa de llevar mi cruz. Es parte de mi vida, es parte de mí y estoy feliz de llevarla puesta".