La legalización de la prostitución es un debate que está encima de la mesa en Europa. Actualmente el continente se debate entre distintos modelos, el de restringir la prostitución o el de regularizarla. Alemania es el mayor exponente del modelo de comercialización del sexo y desde 2002 está regulada en el país.

Cada vez más voces, también en España, abogan por seguir este modelo alemán que Merkel no ha modificado ni una coma, alegando los beneficios que conlleva a las prostitutas pues cotizarían, tendrían Sanidad, horarios de trabajo, salarios y pagarían impuestos por su trabajo.  En este aspecto, ni la dignidad de la mujer, ni su cosificación ni la cuestión moral tienen cabida. El argumento es claro: si es legal, trabaja quien quiere y consume quien quiere. Así de simple lo ven sus partidarios.


Pero, ¿es tan simple como lo venden? Para Ingeborg Kraus el modelo alemán ni es tan bueno ni tan bonito como lo quieren pintar. Esta alemana doctora en Psicología lleva toda su carrera dedicada a la cuestión de la prostitución y con los traumas producidos por la violación. Tras estar varios años trabajando con víctimas de violación como arma de guerra en Bosnia ahora trabaja como psicoterapeuta con víctimas de trata y prostitución en Alemania por lo que conoce muy bien el día a día de las prostitutas.

En una conferencia que recoge el portal especializado Trauma and Prostitution el principal titular que deja la doctora Kraus es que "el modelo alemán está creando un infierno en la tierra". Niega que la legalización haya tenido beneficios sino que la banalización del sexo y su mercantilización hasta el extremo ha llevado a las prostitutas a ser tratadas como si fueran ganado.


El "Paradise" de Stuttgart es uno de los mega-burdeles más conocidos de Alemania y que puede albergar a cientos de clientes


Los anuncios de prostíbulos aparecen en grandes carteles e incluso en las guías turísticas oficiales de las ciudades
pues Alemania se está convirtiendo en un destino de turismo sexual. Llegados de distintas partes del mundo llegan al aeropuerto donde son trasladados en autobús a alguno de los mega-burdeles que se han ido creando y que pueden albergar a más de 1.000 'clientes'.

Así son como se han creado las “tarifas planas” de sexo: una cerveza, una salchicha y mujeres ilimitadas por 70 euros. Relataba Ingeborg Kraus que una de estas cadenas de burdeles con esta oferta llegó a salir en la prensa cuando tras ser inaugurado en 2009, 1.700 hombres hicieron cola para entrar. “Las largas colas en las puertas de las habitaciones de las prostitutas se prolongaron hasta la hora del cierre, con muchas de ellas desmayadas de cansancio, dolor, heridas e infecciones, incluyendo dolorosos sarpullidos e infecciones de hongos que se extendían por sus piernas desde sus genitales”, afirmaba la doctora en su conferencia.


Uno de los aspectos más destacables que ha tenido la ley alemana y que se ha convertido en nefasta es la “banalización” de la prostitución y su normalización hasta ver de la misma manera un burdel, una tienda de ropa o una tienda de comestibles. “Hay publicidad en todas partes”, aseguraba Kraus, e incluso “es común que la gente joven celebre su graduación en un burdel”. Hasta a los estudiantes recién llegados a Berlín “se les ofrece un tour guiado por los burdeles de la ciudad”.


En la práctica la situación está muy lejos de ser ideal, tal y como intenta vender la clase política. Pese a ser legal, los propios inspectores de Policía se sienten impotentes ante la situación que se vive. Un punto esencial para la doctora Kraus es que la legalización no acaba con el proxenetismo, simplemente ha cambiado ciertos hábitos.

Manfred Paulus, inspector criminalista, trabajó durante muchos años en el campo de la prostitución. Ingeborg contaba que este agente afirmaba que Alemania se había convertido en El Dorado para los traficantes de personas, proxenetas y propietarios de burdeles.

La inmensa mayoría no son alemanas y llegan al país y no lo conocen como cualquier otro ciudadanos. “Son prisioneras de una sociedad paralela que es altamente criminal”, añadía esta experta.


Tras años tratando con las prostitutas, insistía en que pese a la legalización de la prostitución “estas mujeres viven con un miedo constante: miedo a los clientes violentos, miedo a no ganar lo suficiente para pagar los gastos diarios, miedo a ponerse enferma, miedo a quedarse embarazadas, miedo a la Policía, miedo a los chulos, miedo a los proxenetas, miedo a la competencia…”.

Evitar la ley contra el proxenetismo no ha sido complicado. Simplemente se han convertido en empresarios hoteleros que alquilan habitaciones a las trabajadoras sexuales aunque en la realidad sigan estando coaccionadas.

Otra aspecto fundamental citado por Ingeborg Kraus sobre las consecuencias del modelo alemán es el crecimiento vertiginoso de la “perversión” entre los hombres “compradores de sexo”.


Ingeborg Kraus intenta concienciar al mundo que legalizar la prostitución tiene muchas más desventajas que beneficios


La psicoterapeuta citaba a la prostituta Ellen Templin: “Desde la reforma, se puede ver que no sólo los anuncios se han deshinibido, los compradores de sexo se han vuelto más brutales. De un día para otro. Hoy en día si dices ‘no, yo no hago eso’, muy a menudo te responden, ‘venga, no seas tan difícil, que es tu trabajo’”.

Aunque está prohibido solicitar sexo sin protección lo clientes exigen auténticas barbaridades y obscenidades. “En la actualidad todo es una ocurrencia diaria. Antes los clientes tenían por lo menos un poco de sentimiento de culpa. Eso ya no existe hoy en día, sólo quieren más y más”.


Incluso en internet circulan “menús” como si fueran de restaurante en los que los clientes pueden elegir de una larga lista “a la carta” llena de auténticas perversiones que por razones obvias no vamos a citar porque puede herir la sensibilidad del lector.

La mujer pasa a ser un mero producto de consumo, “carne fresca”, es el término que muchos utilizan en Alemania. Y evidentemente la salud se resiente sobremanera. El ginecólogo Wolfgang Heide, que trabaja con mujeres prostituidas, presentaba una situación dramática.


“Con 30 años muchas han envejecido de manera prematura, todas ellas tienen dolores abdominales permanentes, gastritis e infecciones frecuentes –debido también a las condiciones insalubres en las que viven- y por supuesto todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. El trauma psicológico lo alivian con alcohol y fármacos”, decía Kraus citando los datos del médico.

Pero además, este ginecólogo alertaba de otro hecho perverso, el enorme incremento de la demanda de mujeres embarazadas, incluso para realizar sexo con varios hombres a la vez. “Estas mujeres tienen que dar servicio a entre 15 y 40 hombres diariamente y de manera continuada hasta que dan a luz”, informaba esta experta, explicando los riesgos evidentes tanto para el feto como para la madre.


El barrio conocido como de las "prostitutas" en la ciudad de Hamburgo


El 95% de las prostitutas que hay en Alemania son extranjeras, la inmensa mayoría llegadas de Europa del Este y de las regiones más pobres de estos países. Kraus lo define como “la prostitución de la pobreza”.

Esto afirma Sabine Constabel, trabajadora social que lleva 20 años trabajando con prostitutas en Stuttgart: “El 30% de estas mujeres son jóvenes menores de 21 años que, en muchas ocasiones, son sacrificadas por sus propias familias para tener un apoyo económico. La mayoría de ellas no hablan alemán y algunas incluso son analfabetas. Además, hay muchas que llegan sin haber tenido nunca antes relaciones sexuales de ningún tipo. Estas jóvenes llegan a Alemania y son sometidas a los deseos perversos de estos hombres compradores de sexo. No pueden decir “no” ni defenderse, no son capaces. Están completamente anuladas por su situación y absolutamente traumatizadas. Muchas de ellas piden drogas psicotrópicas inmediatamente después de su primera experiencia, dicen que de no tomarlas no podrían sobrevivir. Algunas mujeres, tras sólo un par de días siendo prostituidas aseguran que es como si hubieran muerto; ya no son capaces de reír. Otras lo aguantan durante años para poder mantener a sus hijos. Estas mujeres están muy traumatizadas; desarrollan depresión, sufren pesadillas y problemas físicos; lo somatizan todo, tienen dolores de estómago, enferman y sufren. Pierden las esperanzas, no quieren hacer este horrible trabajo.”


Por todo ello, Ingeborg Kraus habla del “infierno en la tierra” provocado por este modelo alemán que se quiere exportar. En su opinión, “estas mujeres están siendo sacrificadas para que algunos hombres puedan tener sexo cuando quieran y con quien quieran”.

Además, considera que “la prostitución no resuelve los problemas de los hombres, por el contrario, aumenta sus miedos a la hora de iniciar una relación igualitaria con una mujer” por lo que pide que cuando se hable de prostitución “tenemos que pensar qué tipo de sociedad queremos, no sólo una reducción de los daños que causa”.

Pero la situación es difícil pues tan sólo los burdeles legales de Alemania mueven 14.600 millones de euros. Es un negocio rentable para muchos.

Puede leer íntegra en español la conferencia de la doctora Ingeborb Kraus pinchando AQUÍ