František Mikloško, matemático, político e historiador especializado en la Eslovaquia comunista, vivió en su juventud en dos ámbitos clandestinos y "subterráneos": los círculos prohibidos de estudiantes católicos y los de jóvenes artistas alternativos, mundanos y bohemios. El régimen comunista perseguía a unos y otros. Y unos y otros respondían con creatividad, buscando ensanchar el alma ante la bota gris del materialismo de Estado.

Mikloško, con la democracia, llegó a ser el primer presidente del Parlamento de Eslovaquia (1990-92), el único diputado eslovaco con acta de diputado 20 años seguidos (de 1990 a 2010), candidato a la presidencia (en 2004 y 2009) y fundador en 2006 del partido Demócratas Conservadores de Eslovaquia. Pero todo empezó con la fe de su infancia, los cristianos perseguidos que pasaban por su casa de niño, y su vida alternativa con artistas y operarios de calderas.


František Mikloško, político e historiador eslovaco, explica cómo se introdujo en los círculos clandestinos de católicos y artistas en la época comunista
 

"Soy de una familia católica de siempre", recuerda en una entrevista al Sibírskaya Katolícheskaya Gazeta (el periodico católico de Siberia). "Mis padres creían, sincera y profundamente. Los dos tenían enseñanza superior. Mi madre enseñaba francés y eslovaco. Mi padre, jurista, impartía clases en la Academia de Comercio de Bratislava. Mi madre, conociendo idiomas, ayudaba a editar literatura religiosa [clandestina] en Nitra, mi ciudad natal. En aquel ambiente, el círculo de los verbitas, una orden misionera, en la ciudad de Nitra, en la colina del Calvario, yo crecí. Nunca en la vida, creo que gracias a mi madre, sobre todo, nunca he tenido problemas con la fe. Nuestra fe era muy alegre, vivíamos con gran alegría el año litúrgico, así que nunca he tenido la necesidad de fundamentar intelectualmente mi fe. Yo la llevaba como una jubilosa buena nueva".


"Mi madre impartía clases en el seminario [clandestino] junto con los sacerdotes y ellos solían venir a nuestra casa, su atmósfera les era muy grata. Los sacerdotes y monjas católicos eran parte de nuestra familia. Nací en 1947, y mi infancia, hasta mi ingreso en la universidad y salida de la casa paterna en 1966, pasó en la atmósfera de la persecución de los creyentes, detenciones de sacerdotes, monjas y laicos que nos tocaban de cerca. Se detenía constantemente a los amigos de nuestra familia, así que nunca he dudado de que el comunismo fuera malo. Ni un momento en mi vida me ha seducido la posibilidad de creer al comunismo. Para mí el comunismo era un sistema político que luchaba contra Dios y la Iglesia y con ese sistema nunca he tenido nada en común".


En 1965 salió de prisión, después de 14 años encarcelado, el activista católico Vladimir Jukl. Entonces todavía era laico: hasta 1971 no lo ordenaría, clandestinamente, el arzobispo Juan Crisóstomo Korec, jesuita, él mismo ordenado sacerdote clandestinamente en 1950 y encarcelado diez años, de 1960 a 1970. 

Catorce años de cárcel no habían desanimado a Jukl, que enseguida emprendió la tarea de fundar círculos de católicos clandestinos, especialmente jóvenes y estudiantes, y redes de libros y folletos cristianos para formarlos. Precisamente en ese momento, en 1966, conoció al joven Mikloško.


Vladimir Jukl, tras 14 años en prisión, 
fue liberado en 1965; en 1971 fue 
ordenado sacerdote en la clandestinidad


"En 1966 ingresé en la universidad", recuerda. "Mi madre había muerto unos años antes. Y, evidentemente, desde el Cielo ayudó que yo en mi primer año de estudios, por pura casualidad, conocí a una persona, a Vladimir Jukl que acababa de salir a la libertad después de 14 años de la cárcel. A su lado participé en el movimiento estudiantil ilegal, juntos, en la comunidad clandestina de Fátima. Editábamos el samizdat [autoedición propagandística], pasábamos la información al extranjero, organizábamos peregrinaciones, recogidas de firmas y finalmente, la Manifestación de las Velas". Esta última, en Bratislava en 1988, fue la primera manifestación en Checoslovaquia en 20 años, y la que inició el proceso democrático que hundió al régimen comunista un año después. 

La iglesia clandestina en Eslovaquia tendría en los años 70 y 80 tres personas en su núcleo: Vladimir Jukl, el que luego sería cardenal Korec (que era el director espiritual y confesor de Mikloško) y Silvestr Krčméry, un médico que fue encarcelado de 1951 hasta 1964. Jukl y Krčméry habían decidido, al salir de la cárcel, mantenerse célibes y dedicados a servir a la Iglesia. Evangelizaban, trabajaban con drogadictos, con estudiantes... En 1974 crearían el movimiento Fátima, que se nutría de la espiritualidad de los mensajes del santuario portugués. Silvestr Krčméry, además, tenía conexiones fluidas con Karol Wojtyla.


"En los 70 yo estaba creando los grupitos estudiantiles", recuerda Mikloško. "Primero me dedicaba sólo a los estudiantes de la facultad electrotécnica, pero luego abarqué todos los centros de enseñanza superior. Además, llevaba mi propio grupito que se reunía en mi casa. Para los grupos estudiantiles, era necesario encontrar al menos dos pisos privados para cada grupo, para alternarlos, encontrar a un sacerdote clandestino, organizar una 'renovación en el espíritu' para cada uno, ejercicios espirituales, encontrar literatura, coordinar la actividad de los grupos… lo llevé todo hasta los finales de los 80".


Un momento clave fue la elección de Karol Wojtyla como Papa en 1978. "Recuerdo que estábamos en mi piso con Vladimir Jukl y otra gente y sintonizamos Radio Vaticana en un receptor antiguo que era de mi padre Y cuando dijeron que el nuevo Papa era Juan Pablo II, Karol Wojtyla, Vladimir se puso a abrazarnos y repetir: 'No os podéis ni imaginar qué significa eso'. Era cierto, no podíamos ni pensar qué sería ese papa para Eslovaquia, que sería un fenómeno nunca visto en toda la historia de la Iglesia eslovaca. Aquello nos dio alas, porque Wojtyla era una amigo íntimo de Silvestr Krčméry desde que era cardenal de Cracovia". 

"Y nos comenzó a visitar una conocida común, la médico de cabecera del Papa, Wanda Poltawska, y cada vez que iba camino a Roma, se paraba en Bratislava, se reunía con  Krčméry y Korec, luego seguía su camino y cuando volvía, traía las noticias del Papa. Y, no me lo estoy inventando, cada día que venía Wanda Poltawska, le decía a Krčméry: 'el Papa te hace saber que en cada Misa matutina piensa en ti y a través de ti en toda Eslovaquia'. Además, el Papa en las solemnidades de Pascua o Navidad pronunciaba las felicitaciones en idiomas diferentes, y comenzó a decirlas en eslovaco. Nos dio mucho ánimo, muchas ganas de corresponder. Y así comenzamos a difundir el samizdat".


Silvester Krcmery con su amigo Juan Pablo II, al que conocía de su época de arzobispo de Cracovia; Krcmery, tras años en las cárceles comunistas, decidió mantenerse célibe y dedicar su vida a organizar la Iglesia clandestina


La primera revista de samizdat católica del país era de lo más humilde: se llamaba "Orientacia", tenía una tirada de 20 (veinte) ejemplares y la editaban para sí mismos sacerdotes de la diócesis de Spiš, sin regularidad de 1973 a 1985. Publicaba sobre todo textos teológicos y filosóficos de autores eslovacos y extranjeros. 

Mikloško nunca llegó a tener una de esas en las manos. "Era de corte intelectual, pero no tenía gran difusión, se imprimía con una máquina de escribir y se destinaba para unas pocas personas de Spiš. De vez en cuanto nos llegaba algo, pero en general era un grupo elitista, en buen sentido de la palabra, encabezado por el profesor Ladislav Ganus". 

El grupo de Mikloško publicaba “Náboženstvo a súčasnosť” (“Religión y actualidad”) que salía 4 veces al año, de 1982 a 1989. Usaban una multicopista. "Llevábamos la tirada a repartirla por toda Eslovaquia, fue un fenómeno de unión. Nuestra revista era de menos nivel intelectual, pero su diapasón era más amplio. Estaba pensado, yo diría, para la gente de la calle". Allí escribían, por ejemplo de las persecuciones y represalias. "Con cada nombre", especifica. 


En Eslovaquia había también en los años 70 y 80 una resistencia cultural alternativa al comunismo de gente joven no religiosa. Muchos les consideraban meros hippies, pero Mikloško los llama “el underground artístico”. Ellos le abrieron nuevas perspectivas.

"Mi vida está llena de casualidades guiadas por Su mano. En 1971 me gradué y fui a la mili cerca de la ciudad de Banská Bystrica. Y allí, ya se sabe, nos aburríamos mucho. En ese lugar hacía la mili un pintor, Milan Bočkaj. Una vez le presté un libro que me gustaba mucho, de Ignace Lepp: “La fe en el mundo contemporáneo”. Ignace Lepp [1909-1966, francés de origen estonio, sacerdote desde 1941] era un filósofo marxista que se convirtió bajo la influencia de las ideas de Teilhard de Chardin y explicaba en aquel libro su historia y su fe. Y yo le presté el libro a aquel pintor, Milan Bočkaj, sin ningún tipo de propósito especial. Pero luego él vino a mí y dijo que yo, a través del libro, le devolví la fe de su infancia y por eso, en señal de gratitud, él quería revelarme qué era la pintura". 

"Su mujer también es pintora. Más tarde fui su padrino de confirmación. Así me vi en el círculo de pintores jóvenes, con una cosmovisión muy definida: eran anticomunistas que se dedicaban al arte abstracto, una pintura muy intelectual, y llegué a ser su amigo. En el marco de la “normalización” ellos ya estaban fuera de la cultura oficial y por eso ellos habían creado una estructura paralela. No tenían permiso para exponer sus obras, así que editaban álbumes. Así, por ejemplo, 24 personas cedían 24 obras para un álbum común, y luego cada uno se llevaba un ejemplar. Así, en aquella época que no se podía organizar exposiciones, surgió ese fenómeno muy curioso.  Luego ya se organizarían las exposiciones independientes diseñadas para imitar las páginas de aquellos álbumes".


"Eran unos encuentros espontáneos de pintores que no podían exponerse oficialmente, muchos de ellos estaban perseguidos. En nuestra Academia de Ciencias la atmósfera era, yo diría, muy liberal. No era un centro ideologizado sino realmente un instituto que se dedicaba a la cibernética técnica, y nuestro director era muy buena y honrada persona. Y una vez, mediante la Unión Socialista de la Juventud, aunque yo no fui su miembro, organizamos una exposición de aquellos pintores en las instalaciones de la Academia, en 1978. Fue una bomba, alrededor reinaba la normalización más pantanosa, y en aquella exposición se veían los nombres más destacados, allí se reunieron los pintores más famosos".  

Más tarde, en 1979, organizaron otra exposición en el salón central de la Academia de Ciencias. "Esa exposición provocó un caos, un choque verdadero. Vino la seguridad nacional, ya que eran los tiempos de la Carta-77", dice refiriéndose al movimiento demócrata que nació tras los acuerdos de Helsinki que defendían los derechos humanos de los intelectuales. 

"Nosotros ya no pudimos seguir con las exposiciones, pero dos amigas mías que visitaban nuestros grupos religiosos, de otro instituto, de la cibernética aplicada, tomaron el relevo y organizaron unas cuatro o más exposiciones, Pero lo que de verdad importaba era que allí se estrecharon los lazos entre las personas, a pesar de las diferencias intergeneracionales, y al final surgió, a finales de 1989, el grupo A-R, “Avance-Retarde” y hoy en día es un grupo conocido que ya es parte de la historia de los artes visuales. Ahora me esfuerzo para lograr que cada uno de sus miembros tenga su monografía editada. Después de la primera exposición, Milan Bočkaj me dijo: “¡Tú no tienes ni idea de lo que estás haciendo!” Y era cierto, no lo entendía, para mí era una diversión, un pasatiempo, mientras que estaba naciendo lo que ahora es arte de la historia eslovaca, lo que formaría una generación entera, lo que se convertiría en su posición política".

Él no lo sabía, pero en Rusia y en otros países sucedía algo similar (como se ve, por ejemplo, en los libros de Tatiana Gorícheva): las personas de temperamento artístico, creativo, espiritual y alternativo creaban sus propios círculos clandestinos e inquietos, con un trabajo mal pagado que dejase tiempo libre para pensar y leer. Operarios de ascensor, conserjes y vigilantes de escaleras solían ser poetas, dibujantes y filósofos pintando bocetos o leyendo en horas de trabajo, y si eran cristianos, rezaban o estudiaban a los Padres de la Iglesia o cualquier texto cristiano que hubieran conseguido. A menudo hacían todo a la vez.


Estas amistades ampliaron los horizontes del joven activista católico. "A través de Milan Bočkaj y sus amigos conocí a la gente del undeground artístico. Y era un grupo muy interesante. Aún hoy me siento en deuda con ellos y me esfuerzo para ayudarles a publicar sus libros y poemas. Estaban en el margen de la sociedad pero me atraían. Tenían la valentía de rechazar el régimen. Vivían en pobreza, trabajaban de caldereros, lo que significa que trabajaban en invierno y vagabundeaban en verano". 

Era una red de artistas alternativos de la época, con nombres de lo más diverso: la Sociedad Temporal de Experiencia Intensa, los poetas de la Generación Degenerada, los artistas y mimos callejeros del grupo de teatro Laberinto y los universitarios de V-Klub de Bratislava, por ejemplo.

"Carecían de cualquier protección social. Por ejemplo, si los estebakos [los agentes de la “Štátna bezpečnosť” StB, Seguridad del Estado en eslovaco) me detenían a mí se me daría cierta protección legal. Si me pasaba algo saldría en Radio Libertad, lo publicaría el padre Hlinka. Pero a ellos les detenían los policías, les daban palizas y a nadie le importaba. Yo los amaba. Ellos, pobrecitos, tenían una vida muy dura, bebían… Pero, a pesar de todo, los amaba más que a nadie."


En 1983, Mikloško, que que tenía 36 años y llevaba doce trabajando como matemático, lo dejó todo para ser fogonero, es decir, obrero mal pagado de turnos nocturnos en calderas. Y la culpa la tuvo Jan Budaj, activista demócrata, artista callejero, disidente incansable, contacto de Solidarnosc en Eslovaquia, co-fundador de mil iniciativas... 

"Aunque en todas las biografías escriban que me obligaron a irme, no es del todo cierto", comenta riendo Mikloško. "La verdad es que doce años de trabajo con cálculos y ordenadores en la Academia me bastaron. Les había dedicado un tercio de mi vida. Y me entraron ganas de enseñar, pero no podía. No me aceptaban porque en todos los puestos docentes de Checoslovaquia los solicitantes tenían que firmar una promesa de enseñar contra el Señor, en el espíritu del marxismo-leninismo. Así que no podía dedicarme a lo que deseaba y a lo que estaba preparado: a enseñar matemáticas".

"Y así, voluntariamente, me hice obrero, lo que por una parte fue horrible, por otra, fabuloso, porque psicológicamente hablando nací de nuevo cuando me había ido del ambiente cerrado de la Academia de Ciencias. Mi trabajo anterior dejó de gustarme porque cada día, de la primera a la última hora, tenía que pasar mi tiempo con las mismas personas y comenzaba a desarrollar el síndrome del submarino"


Jan Budaj en su época de fogonero; hablaba tan bien de ella que Mikloško decidió adoptarla; también el futuro obispo auxiliar Malý trabajaba en las calderas; era un nido de disidentes católicos y alternativos...

"Recuerdo que estábamos en una fiesta con Jan Budaj y su mujer y él, con mucha poesía, me estaba hablando de su profesión de fogonero. Explicaba que por la mañana, después de una noche en vela, se levantaba, salía a la calle, con el pelo lleno de hollín, aceitoso, y veía a toda la gente por la calle con caras preocupadas, mientras él iba por las mismas calles pero ya libre. Y aquello era tan atractivo que decidí probarlo", comenta riendo quien luego sería presidente del Parlamento. 

"Para aquello también se necesitaban habilidades, y en mi primera noche se me apagó la caldera y los obreros casi me mataron cuando llegaron por la mañana a su fábrica congelada". Por suerte, dos disidentes checos acudieron a enseñarle "los trucos de calderero, cómo sacar el hollín y tal… ¡Uno de ellos es ahora el obispo auxiliar de Praga, Vaclav Malý!" 

Efectivamente, aquel disidente fogonero era Malý, firmante de la Carta 77, uno de los fundadores en 1978 del Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos (junto con el artista Jan Budaj), encarcelado brevemente en 1979... y fogonero de 1980 a 1989 mientras era sacerdote clandestino y promotor de los samizdat católicos. 


En 1988 Bratislava acogió la primera manifestación en defensa de las libertades en el país en veinte años. Faltaba poco más de un año para que se hundiera el Muro de Berlín, pero entonces nadie lo sabía. Sólo en Polonia, la Alemania comunista y en Hungría había algunas protestas. El régimen parecía fuerte, el comunismo podía durar mil años más. Pero Mikloško y todos sus amigos de los círculos católicos clandestinos tenían fe y había indicios de fe que los animaban.

Un año mariano, la cifra bíblica de 40 años, un sueño de San Juan Bosco... todo les parecía apuntar a que el momento llegaba.

"Vivíamos de sueños. Esperábamos un milagro. Lo que más esperábamos era lo siguiente. Don Bosco, el fundador de los salesianos, tenía sueños proféticos. Un sueño suyo trataba, a más tardar, pasados cien años después de su muerte, la Virgen obraría en el mundo un gran milagro. Él había muerto en 1888. ¡Y vivíamos esperando el cumplimiento de su profecía!"

"Entonces, de una forma milagrosa, católicos de Moravia, Augustin Navrátil y Josef Adámek, con la bendición del cardenal de Praga, František Tomášek, comenzaron su actividad de recogida de firmas a favor de la libertad religiosa. Resulta, que el Padre Pío [San Pío de Pietrelcina] había profetizado al cardenal que la libertad vendría a su tierra durante la vida del cardenal, y además, el Santo Padre había proclamado el Año Mariano que acababa el 15 de agosto de 1988. ¡Todo coincidía con la profecía de Don Bosco!"

"Los activistas políticos se daban cuenta de que si la Iglesia clandestina no apoyaba la manifestación, el éxito sería efímero. El obispo Korec dio su visto bueno".
 
"Yo veo algo místico en nuestra historia. En abril de 1947 ejecutaron a Jozef Tiso, y en mayo se tenía que haber celebrado una peregrinación de jóvenes de Bratislava al santuario de Marianka. Y los estudiantes decidieron que caminarían con una cruz de tamaño de la de Cristo. Y así la gente con aquella cruz atravesó toda Bratislava, y cuando regresaban, toda la ciudad estaba como en un éxtasis, las personas se acercaban a la cruz, lo besaban. Y El Periódico Católico escribió: “Eslovaquia exclamó: ¡acepto la cruz que viene!”. Era como una revelación mística, y ahora, pasados 40 años, llegaba otra, la Marcha de las Velas".

En este vídeo en YouTube, imágenes de vídeo de marzo de 1988 con la represión de las autoridades comunistas contra la Marcha de las Velas de Bratislava


"Fue impresionante: los policías pegaban a los manifestantes, los machacaban con cañones de agua, pero aquellas personas tiradas al suelo se levantaban, volvían a encender su vela y aquella vela se mantenía ardiendo una media hora. Cada uno que estuvo allí luego lo recordó como una experiencia transcedental. La gente rezaba, cantaba, les empujaban fuera pero volvían y gritaban: “¡Cinco minutos más! ¡Cuatro minutos más!” intentando aguantar un poco más. Fue un acontecimiento impresionante que tuvo repercusión en todo el mundo. Yo estaba detenido y no sabía qué pasaba, sólo estuve en el calabozo y nada más. Pasadas las seis, los instructores iban y venían diciendo que había sido un fracaso. Yo estaba sólo en la cámara, y a las seis y media vino un policía que me miró largamente y luego dijo: ”El Papa os dará un premio”.


Una escena que se vio en 1988 y 1989, Milan Knazko y Jan Budaj de manifestación; el gorro de lana de Budaj alcanzó nivel de icono y aún lo usa en protestas y reivindicaciones

"Lo cierto era que fue un gesto que sólo podría pasar una sola vez. No teníamos nada pensado para después. Nos implicamos totalmente en aquel gesto y sentíamos que la segunda vez no nos saldría nada. Queríamos utilizar las ventajas de aquella acción pero no imaginábamos cómo. La siguiente oportunidad se nos presentó en la ciudad de Nitra. Allí se reunieron de 80.000 a 100.000 personas, estábamos apretujados sin poder movernos, y entonces los agentes de la seguridad estatal sintieron que la cosa se volvía mala. Luego me llamaron a un interrogatorio y dijeron: “Señor Mikloško, ahora sí que basta. Si no lo paran, tendremos que intervenir”. Ellos vieron que aquello ya llevaba a algo. Aquello fue el siguiente paso. Y luego en Chequia comenzó el año 1989". 

Mikloško destaca que Eslovaquia marcó el camino a los demócratas de Europa Oriental: "Salir a la plaza, a las calles, sin violencia. La revolución suave nacía en aquella protesta pacífica, al estilo de Gandhi, de la manifestación de Bratislava. Entonces, por primera vez, se vio la fuerza de una confrontación moral directa".


Mikloško ha compaginado la política con la historia. Es autor de libros de historia como “No prevaleceréis contra ellos. Sobre la historia de la Iglesia Católica de Eslovaquia en 1943-1989” (publicado en 1991, al poco de llegar la democracia) y “Tiempo de encuentros”, de 1996.

"Desde la infancia llevaba dentro de mí el fenómeno de la memoria. La historia me atraía. Desde pequeño escuchaba los relatos de mis padres, me interesaban mucho, y comencé a entender qué era la memoria en la vida de un pueblo. Conocí a muchos personajes interesantes, disponía de toda esa experiencia de la que acabamos de hablar y con regularidad aparecía una sensación de que eran unas cosas extraordinarias que era imperdonable permitir que se olvidaran. Y decidí hacer algo al respecto". 

"Además, nosotros -yo, Jan Budaj, Jan Čarnogurský y Sivlija Rakusova, los cuatro- dijimos que el 40º aniversario del comunismo eran los 40 años de vagar en el desierto y decidimos contrastar dónde estaba Eslovaquia en 1948 y dónde en 1988, queríamos escribir de la “gran peregrinación” de Eslovaquia. Querríamos escribir de artes plásticas, literatura, religión, confesiones tomadas por separado, pero en todas las áreas sólo encontramos la decadencia. Al final hicimos dos cosas: sobre la destrucción de los antiguos cementerios judíos y las sinagogas y un artículo: '40 años de cuaresma de la Iglesia Católica en Eslovaquia'. Quise escribir sobre aquel período. Sentía que la historia se construiría sobre las tres personas: Korec, Jukl y Krčméry. No sería capaz pero tuve suerte. Jukl y Krčméry en los 80 dictaron doce casetes de recuerdos, y los utilicé. Luego le interrogué a Korec, viajé por toda Eslovaquia para llenar las lagunas, y de paso supe de muchos más acontecimientos. Y en 1989 ya estaba preparado mi libro que quería editar, anónimamente, con la ayuda de Hlinka. Pero ya comenzó el 1989… Y luego surgió una buena redactora que me ayudó con el libro que pronto salió. Tuvo tanto éxito por ser el primero en aparecer y además lo abarcaba casi todo. Tenía mucha información sobre la Iglesia clandestina en todo el mundo, no solamente en nuestro país". 

"También tuve suerte con nuestras órdenes monacales. Una vez encarcelado a raíz de la manifestación con las velas, obtuve una suerte de autoridad moral (se ríe) y preparé un cuestionario para todas nuestras órdenes, sobre su situación en los 50, cómo trabajaban, etc. Y ellos me lo respondieron. Así que con aquellas respuestas preparé un libro más completo sobre la suerte de las órdenes monacales masculinas y femeninas", explica este hombre que ha sido a la vez cronista y protagonista de los hechos.

(Con información de la entrevista en eslovaco, traducida al ruso, por Elena Glushko en Sibírskaya Katolícheskaya Gazeta; traducción desde el ruso al español por Tatiana Fedótova)