Después de la intensa violencia en Kiev que causó numerosos muertos y heridos el pasado jueves 20 de febrero, los líderes católicos y ortodoxos, de Ucrania y del mundo, han pedido a las autoridades del país y a manifestantes y opositores que no recurran más a la violencia.

Desde el trágico jueves, el gobierno y la oposición han avanzado mucho en su acuerdo para poner fin a la crisis.

Tanto el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (líder meramente honorífico entre las iglesias greco-ortodoxas) como el Papa Francisco pidieron a ambas partes poner fin a la violencia y trabajar por la reconciliación.

Las negociaciones consiguieron un acuerdo: la creación de un gobierno de unidad nacional en un plazo de 10 días, la reforma de la Constitución para reducir los poderes del Presidente y la elección presidencial al final del año.

Incluso al avanzarse en estas negociaciones, se mantuvieron aún encuentros violentos: algunos líderes de la oposición admiten no poder controlar más a unos pocos rebeldes marginales especialmente agresivos.

La cantidad de heridos del jueves y los días siguientes oscila entre los 77 y 100 muertos, y unos 600 heridos. 

Ambas partes denunciaron ese día la presencia de francotiradores disparando fuera de todo control.

El viernes el Patriarca Ecuménico Bartolomé I emitió un mensaje en el que denunciaba "todas las formas de violencia y agresión entre la policía y los manifestantes, lo que llevó a la pérdida innecesaria de vidas inocentes".

"Todas las partes -, añade - a toda costa deben elegir el diálogo en lugar del desorden y la mediación en lugar de la fuerza".

Condenó a continuación, "esta brutalidad sin restricciones", insistiendo en "una solución pacífica y razonable a los problemas internos de Ucrania en beneficio de su pueblo y para la gloria de Dios".

También el Papa Francisco se pronunció el 19 de febrero en el final de la audiencia general ante la multitud en la Plaza de San Pedro.

El pontífice expresó su preocupación "por lo que está sucediendo estos días en Kiev", y afirmó su "proximidad al pueblo ucraniano". "Pido - añadió - por las víctimas de la violencia, sus familias y los heridos e insto a todas las partes a poner fin a toda la violencia y buscar la armonía y la paz en el país".

El viernes, en la reanudación de los trabajos del Consistorio extraordinario, el pontífice continuó orando por Ucrania, conmocionado por la violencia y dijo ante todos los cardenales llegados del mundo entero: "Me gustaría enviar un saludo, no sólo personal, sino en nombre de todos, a los cardenales ucranianos - cardenal Jaworski, arzobispo emérito de Lviv, y el cardenal Husar, arzobispo emérito de gran Kiev - que en estos días están sufriendo tanto y tienen tantas dificultades en su patria".



Desde Ucrania, Sviatoslav Shevchuk (en la foto), arzobispo mayor de los católicos bizantinos, lider de la Iglesia greco-católica ucraniana explicó en la agencia SIR cómo las parroquias grecocatólicas de Kiev han permanecido abiertas todos estos días para acoger y refugiar o alimentar a las personas en apuros. 

Tras la violencia del jueves, este joven arzobispo que lidera la mayor de toda las Iglesia católicas de rito oriental lanzó un llamado al país: "En nombre de Dios, condeno cualquier tipo de violencia, cualquier violación de los derechos humanos y de la voluntad del pueblo. Quisiera recordar con fuerza que quienes tienen el poder también tienen absoluta responsabilidad por lo que está sucediendo en el país. Llamo a cada persona para que se deje de derramar sangre inmediatamente. Pido a todos los hijos de la Iglesia que hagan ayuno, recen y expresen su solidaridad a las víctimas. En este momento en el que Ucrania vive el peligro de un fratricidio, hagan sonar las campanas de todas las Iglesias"

También el Metropolitano Antonio de Borispol de la Iglesia Ortodoxa Rusa - Patriarcado de Kiev (independiente del Patriarcado de Moscú) ha lanzado un mensaje de reconciliación.

"En estos tiempos difíciles - escribió al Metropolitano - una y otra vez condenamos severamente el derramamiento de sangre y decimos a todos: ¡detengan inmediatamente la violencia y reanuden el diálogo! Es el tercer mes que nuestro país se encuentra al borde de una catástrofe nacional. En este mismo momento, tanto las autoridades estatales, la oposición, y cada uno de nosotros, tenemos que asumir toda la responsabilidad ante Dios por nuestras acciones. La amenaza de una guerra civil y el colapso económico de Ucrania se convierte, por desgracia, cada vez más en una realidad. Instamos a todas las partes en el conflicto :. hermanos y hermanas, ¡no dividimos Ucrania!".