Durante decenios el Parlamento europeo ha tenido un problema de imagen: su influencia era nula y no se le prestaba atención.

La gente tenía un cierto interés y un cierto conocimiento de las políticas del propio país, pero cuando se trataba de elegir a los 700 representantes de la UE nadie sabía realmente estos qué hacían y, lo que es peor, nadie quería saberlo: todo parecía muy remoto, aburrido e irrelevante.

En los últimos años esta actitud ha cambiado y muchas personas han empezado a ser conscientes del hecho que las decisiones de la UE nos afectan realmente.

En los últimos tiempos ha habido un número creciente de situaciones en las que las reacciones negativas de masa han causado el abandono por parte de la UE de ambiciosas iniciativas políticas.

Esto empezó con la llamada “Directiva Bolkestein” sobre la libre circulación de los servicios, seguida por la directiva sobre las patentes software y después por el ACTA (Acuerdo comercial anti-falsificación).

Pero todas estas tempestades se desataban sobre propuestas legislativas muy importantes que, si se adoptaban, hubieran tenido un impacto concreto y mensurable en la vida de la gente.


Hoy, en cambio, el Parlamento europeo está viviendo una experiencia completamente nueva: sigue provocando escándalo e indignación con los denominados “proyectos de informe” que, en el caso de que se adoptaran, no tendrían ningún efecto vinculante.

Efectivamente, dichos “proyectos de informe” no habían atraído nunca la atención de la opinión pública.

Los mismos eurodiputados (con excepción, obviamente, de los que están directamente implicados en su redacción) difícilmente conocían su existencia, no hablemos de su contenido.

Pero esto cambió con el infausto “Informe Estrela”, con el cual algunos diputados de extrema izquierda, con vínculos muy estrechos con la industria del aborto, intentaron que el Parlamento adoptara un texto absurdo que habría elevado el homicidio de niños (aborto, ndt) a rango de derecho humano y habría podido transformar la masturbación en un curso obligatorio para la primerísima infancia.


Sin ningún precedente para un informe no vinculante, este proyecto de resolución atrajo la inesperada reacción negativa de una parte de los ciudadanos con un envío masivo de cartas de protesta y con dos manifestaciones delante de la sede del Parlamento, mientras en su interior éste se convertía en el objeto de una de las dos sesiones más tumultuosas en la historia de esta institución.

Los ciudadanos se han dado cuenta que dentro del Parlamento europeo hay una coalición de políticos que tienen como objetivo común la destrucción de la cultura y de la civilización, que intentan reemplazar con fetiches: sexo casual, homosexualidad, aborto y laicismo militante.


Tras la derrota del “Informe Estrela”, ahora esta agenda anti-civilización se vuelve a presentar con el “Informe Lunacek”, que tiene como objetivo reemplazar el tradicional significado de los derechos humanos mediante sectarios “derechos de los gais”.



En el caso de que se adoptara, esta relación legitimaría las políticas que transformarían la libertad de expresión y la protección del discurso del odio en un privilegio específico de los homosexuales, quitando dichas símiles protecciones a todos los no-homosexuales.

Como el informe Estrela, también el Informe Lunacek está provocando una enorme indignación pública: dos semanas antes de la votación más de 10.000 ciudadanos ya habían firmado una petición contra este informe.

Diez mil firmas pueden no parecer muchas, pero en toda la historia del Parlamento europeo no ha habido muchas peticiones, y en particular no ha habido muchos “proyectos de informe”, que hayan provocado tal interés público y similares reacciones negativas.

Si tantos ciudadanos se oponen al Informe Lunacek, ¿hay tal vez un número tan importante de ciudadanos a favor? Hasta ahora parece que no.


Ha llegado el momento de que los políticos de la UE entiendan que dar privilegios no debidos a personas con comportamientos sexuales no normales no es el mejor modo para conquistar el respeto y el apoyo de los ciudadanos normales.

Si las próximas elecciones europeas las ganasen los movimientos euroescépticos, una de las razones podría ser que los ciudadanos se sienten abandonados por los grandes partidos (liberales, democristianos y socialistas) que siguen apoyando esta “falsificación” de la sociedad o que no se oponen de manera adecuada.

Hay un alejamiento entre el electorado y la elite política que, en lugar de resolver la crisis del Euro y otra serie de cuestiones, prefiere encontrar soluciones a problemas que no existen.

Los críticos afirman que Lunacek quiere transformar los derechos y las tutelas en un privilegio para los homosexuales. ¿Dónde han ido a parar los bellos tiempos en los que el Parlamento europeo estaba considerado remoto e irrelevante? El problema de imagen de esta institución parece ser hoy mucho peor.

Un claro y resuelto NO al Informe Lunacek podría ser la última posibilidad para la política europea de evitar el desastre que se está aproximando.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

[Este domingo 2 de febrero de 2014 hay manifestaciones en 7 capitales europeas contra el Informe Lunacek y las políticas anti-familia: en Madrid es una marcha que sale a las 12h de Alonso Martínez]