Amparo es una de las miles de personas que ha sido golpeada duramente por el coronavirus. A sus 69 años ha visto como su marido Ismael fallecía tras pasar 49 días en la UCI y 4 días en planta. Pese al sufrimiento y el dolor por esta gran pérdida, y en las circunstancias en las que se ha producido, su viuda está convencida de la misericordia de Dios y de que su marido pueda estar ya en el cielo intercediendo por ella y sus hijos.

Ismael y Amparo llegaron hace 36 años a Castellón por motivos laborales. Tienen dos hijos y cinco nietos. Y durante este tiempo han vivido su fe en la segunda comunidad del Camino Neocatecumenal de la parroquia de la Santísima Trinidad de Castellón.

Una vez que ha pasado un tiempo desde el fallecimiento de su marido, y ella ha pasado la cuarentena tras haber dado positivo por coronavirus, esta mujer ha dado su testimonio a la Diócesis de Segorbe-Castellón.

"Me he sentido muy apoyada por la oración"

De este modo, Amparo confiesa que ha sentido un dolor muy grande pero “a la vez me he sentido muy apoyada por la oración, porque tenido mucho tiempo para orar, y me he sentido muy apoyada por todos los hermanos y por tanta gente que ha estado rezando por nosotros”.

La comunión de los santos se nota, yo lo he notado, y gracias a  esas oraciones me he podido mantener firme y esperando en el Señor. He estado dos meses y medio completamente sola en casa porque no podía entrar nadie, pero gracias al Señor, dentro de este sufrimiento he podido vivir la soledad en paz. Por eso digo que la oración de los hermanos es lo que más me ha acompañado”, agrega Amparo.

Esta mujer reconoce que “al principio tenía la esperanza de que Ismael se iba a curar y que iba a salir, pero cuando ves la gravedad… empecé a pensar que nos dejaba y se iba con el Señor.  Ahora me mantiene el saber que Ismael está en el cielo, y que está velando por todos nosotros, porque creo en la vida eterna”.

"Un don del Señor"

Además, amparo asegura que siente enormemente sostenida por Cristo Resucitado. Asegura que “el Señor nos ha regalado que Ismael no muriera solo, pues los 4 días que estuvo en planta pudo estar acompañado por nuestra hija Myriam, ya que había pasado el coronavirus y tenía anticuerpos. Y ella le hablaba continuamente, rezaba mucho con él hasta el día que falleció. El ratito antes de fallecer, Myriam no dejo de rezar ni un minuto, para que sucediera lo mejor para su padre y que fuera lo que Dios quisiera. Ismael ha muerto con el Rosario en la mano y con mi hija acompañándole, y para mí eso es un don del Señor”.

Del mismo modo, un elemento muy importante ha sido el entierro, pues pudo ser enterrado y no incinerado. “Por un día, gracias al cambio de fase, pudimos asistir quince personas en lugar de tres. Éramos pocos, pero se le hizo un entierro muy digno, con las oraciones, con cantos y salmos, y no le faltó de nada".

“Después del cementerio me fui a hacer la prueba del Covid y di positivo, después de tanto tiempo encerrada en casa, y fue duro,  porque yo ya pensaba que me podía juntar con mis hijos y mis nietos después de tanta soledad. No lo entendí, pero cuando llegué a mi casa reflexioné. Estuve sola a ratos, pues mi hija venía algún momento, y eso me ha ayudado muchísimo, y rezar juntas, lo que para mí ha sido otro don del Señor. Ahora sigo en casa, ya he dado negativo y no tengo el virus, pero no tengo muchas ganas de salir. Recuerdo muchísimo a Ismael, pero de todo esto que hemos pasado me quedo con lo bueno, con todas las bendiciones que nos ha regalado el Señor, por tantas cosas que le quiero dar las gracias y decir Amén”.