La Orden de Predicadores y la Iglesia Católica en España celebrarán este sábado por todo lo alto la beatificación de 27 mártires de la familia dominica que fueron asesinados durante la Guerra Civil Española por odio a la fe. Se unirán así al numeroso ejército de beatos y santos que ha dado este país durante aquella terrible persecución religiosa de la que todavía no se ha cumplido un siglo.

20 de estos frailes son los conocidos como mártires de Almagro, cuyo testimonio fue relatado en la película Bajo un manto de estrellas, que a partir del viernes se podrá ver a través de Famiplay; otros 5 son los frailes dominicos mártires de Almería. En esta ceremonia también será beatificada Sor Ascensión de San José, dominica de Huéscar también martirizada y que se convertirá en la segunda religiosa dominica española en ser beata. Por último, también subirá a los altares un seglar de espiritualidad dominica, el periodista y director del periódico católico La Independencia, que fue fusilado en Almería.

Sor Ascensión, con 76 años, fue la persona de mayor edad asesinada por odio la fe presente en esta causa de beatificación. El más joven fue Fernando García de Dios, con tan sólo 20 años. Sin embargo, entre los nuevos beatos hay un nutrido grupo de novicios con edades comprendidas entre los 21 y los 23 años.

La ceremonia de este sábado se celebrará en la catedral de Sevilla y estará presidida por el cardenal Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Estará acompañado por monseñor Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, y por fray Gerard Timoner maestro general de la Orden de Predicadores.

Todos estos próximos beatos fueron brutalmente perseguidos, maltratados y asesinados en las primeras semanas de la Guerra Civil, excepto sor Ascensión que recibió la palma del martirio algunos meses más tarde.

Los dominicos del convento de Almagro

La propia Orden de Predicadores cuenta en su web las durísimas historias de estos mártires y su fe heroica en medio de la persecución. En toda esta causa, los más numerosos fueron los del convento de Almagro, que fueron asesinados en este pueblo manchego así como en las cercanas localidades de Alcázar de San Juan, Manzanares y Miguelturra.

El 21 de julio, tan sólo tres días después del inicio de la guerra, los anarquistas quemaron la iglesia de la Madre de Dios de Almagro, lo cual fue observado por los frailes desde el convento. Varios fueron a intentar apagarlo, pero los miembros del Ateneo Libertario les echaron. Esa misma noche ya entraron al convento para buscar supuestas armas escondidas por los religiosos.

El alcalde les instó varias veces a abandonar el pueblo, pues no quería que fueran asesinados en su demarcación territorial. Al día siguiente nuevamente los anarquistas fueron al convento y amenazaron con quemarlo con ellos dentro, hasta que finalmente el día 24 el alcalde les obligó a irse.

Horas después los frailes comenzaron a evacuar el convento. Buena parte de los religiosos se alojaron en casas particulares, algo que no gustó al Ateneo Libertario que argumentaba que la dispersión de los religiosos era una dificultad para tenerles controlados, dada su "peligrosidad". Por eso el alcalde cambió de opinión y ordenó confinar a los frailes en una casa deshabitada frente a la iglesia arrasada por el fuego días antes.

De este modo, el 30 de julio el alcalde comenzó a expedir salvoconductos para que, paulatina e inadvertidamente, fueran desalojando el pueblo. Sin embargo, los anarquistas no estaban dispuesto a que los frailes escaparan. Así, en el mismo tren que llevaba con destino a Ciudad Real a los tres primeros "liberados" subieron también unos jóvenes afiliados al Ateneo Libertario, que, en la estación de Miguelturra, llamaron la atención de los milicianos de guardia sobre la sospechosa expedición. Los bajaron, los situaron entre la vías y los mataron a tiros.

Una escena casi idéntica se produjo en la estación de Manzanares. Otros tres dominicos fueron allí detenidos. Fueron llevados a una cárcel sin luz y cinco días después fueron fusilados en la tapia del cementerio. Sus cuerpos fueron mutilados y varios familiares que pudieron recoger sus restos rápidamente afirmaron que “fueron castrados por una mujer”.

El resto de frailes seguían detenidos en Almagro y el alcalde intuía el gran problema que se le venía encima, por lo que llamó a Madrid a la Dirección General de Seguridad para recibir instrucciones. Desde la capital les dijeron que enviarían guardias de asalto para hacerse cargo de estos presos y trasladarlos a distintas cárceles madrileñas.

Sin embargo, los milicianos decidieron irrumpir en esta casa-prisión por la fuerza. El padre Marina pidió misericordia para los más jóvenes. El padre Antonio Trancho dio la absolución a los jovencitos y les habló con fervor sobre lo que significaba morir por Dios y les animaba diciéndoles que al morir martirizados la esperanza de alcanzar el Cielo era casi un hecho. El padre Eduardo se echó a llorar por no haber podido salvar a los pequeños.

El jefe dijo que no los iban a matar sino que les llevaban a tomarles declaración. Los jovencitos encerrados en la casa se pusieron a rezar el rosario y otros lloraban. Pocos momentos después de salir, uno de los escopeteros disparó al aire, que era la consigna, y se les unieron varios escopeteros más y les mataron.

El cocinero, fray Arsenio, al ver la realidad, les reprochó sus mentiras. Pero el padre Camazón le pidió tranquilidad y mansedumbre. Fray Arsenio sacó entonces un crucifijo que llevaba escondido y se dispuso a rezar. Entonces les ataron de dos en dos excepto al padre Marina. En un descampado a dos kilómetros de Almagro, detuvieron a las víctimas. Al ver algunos jóvenes el crimen que se iba a cometer, entraron en violenta discusión con los otros y finalmente decidieron abandonar el grupo, asustados por lo que iba a acontecer. El final es conocido. Fueron fusilados y murieron como mártires.

Fotograma de "Bajo un manto de estrellas" que muestra el sufrimiento que padecieron estos mártires.

Estos son los nombres de los futuros mártires dominicos de Almagro:

-Ángel Marina Álvarez, sacerdote (46 años)

- Manuel Fernández (Herba), sacerdote (56 años)

- Natalio Camazón Junquera, sacerdote (62 años)

- Antonio Trancho Andrés, sacerdote (36 años)

- Luis Suárez Velasco, sacerdote (39 años)

- Eduardo Sainz Lantarón, sacerdote (29 años)

- Pedro López Delgado, sacerdote (27 años)

- Francisco Santos Cadierno, religioso estudiante (23 años)

- Sebastián Sáinz López, religioso estudiante (21 años)

- Arsenio de la Viuda Solla, hermano cooperador (56 años)

- Ovidio Bravo Porras, hermano cooperador (28 años)

- Dionisio Pérez García, hermano cooperador (24 años)

- Fernando García de Dios, novicio para hermano cooperador (20 años)

- José Garrido Francés, sacerdote (42 años)

- Justo Vicente Martínez, profeso estudiante (22 años)

- Mateo (Santiago) de Prado Fernández, hermano cooperador (30 años)

El martirio de los dominicos de Almería

En la ciudad andaluza de Almería los dominicos sufrieron igualmente una terrible persecución desde que se desató la guerra en julio de 1936. A finales de ese mes la comunidad se vio obligada a abandonar el convento y los frailes se dispersaron refugiándose en casas de familias, algunas de las cuales también sufrieron persecución. A lo largo de las siguientes semanas fueron detenidos, algunos llevados a comisaría donde fueron torturados, otros estuvieron presos en el barco "Astoy-Mendi" o el "Segarra". A lo largo del mes de septiembre, tres de ellos fueron fusilados en La Lagarta o Pozos de Tabernas (Almería) y dos de ellos fueron fusilados en las tapias del cementerio de Almería.

Fructuoso Pérez es el primer director de periódico español beatificado como mártir.

En esta causa merece una atención especial el laico dominico Fructuoso Pérez, reconocido periodista católico, que amaba a la Orden a la que pertenecía, junto el resto de su familia. Fue detenido en su domicilio el 26 de julio de 1936, lo llevaron a la comisaría y de allí a la prisión improvisada en el convento de las religiosas Adoratrices. El 3 de agosto lo trasladaron al barco "Segarra", hasta el 15. Lo ejecutaron en la madrugada de dicho día en la playa la Garrofa, cerca de Almería. Arrojaron el cadáver al mar, con los de otros fusilados. Devueltos tiempos después por el oleaje, los enterraron en la misma playa. Después de la guerra trasladaron los restos de todos, sin identificar, al cementerio de Almería. (Puede leer aquí más en profundidad la historia de Fructuoso Pérez).

Estos son los nombres de los mártires de Almería que serán beatificados:

Juan Aguilar Donis, sacerdote (50 años)

Tomás Morales Morales, sacerdote (29 años)

Fernando Grund Jiménez, sacerdote (29 años)

Fernando de Pablos Fernández, hermano cooperador (60 años)

Luis María (Ceferino) Fernández Martínez, hermano cooperador (50 años)

Fructuoso Pérez Márquez, seglar dominico y periodista (52 años)

Sor Ascensión, mártir por su crucifijo y por negarse a blasfemar

Poco después de comenzar la guerra las 14 monjas dominicas de Huéscar se vieron obligadas a abandonar su monasterio para esconderse en casas de familiares y personas que les quisieron dar cobijo. Poco después el lugar fue saqueado.

Esta religiosa fue acogida en casa de una sobrina. La persecución se recrudeció en Huéscar a principios de febrero de 1937. Fue apresada el 16 de febrero por el mero hecho de llevar colgado un crucifijo. Estaba próxima a cumplir 76 años. En los calabozos del ayuntamiento sus perseguidores se empeñaron en “oírla blasfemar”. No lo consiguieron, y ella respondía con oraciones breves. La apalearon y golpearon, dejándola magullada y tendida en el suelo sobre su sangre. Al día siguiente le ordenaron que se subiera a un camión, pero ella no tenía fuerzas para levantarse, así que cargaron con ella hasta el vehículo, donde había otros presos.

Llegaron a las puertas del cementerio, fueron bajando a los presos y los fusilaron ante la religiosa. Ella vio, por ejemplo, cómo fusilaban a su sobrino Florencio. Le volvieron a insistir que blasfemara, pero ella se negó. Finalmente colocaron su cabeza sobre una piedra y con otra piedra le machacaron el cráneo. Recibió la corona del martirio en las primeras horas del 17 de febrero de 1937.