Como cada año decenas de familias y cientos de jóvenes católicos dejarán todo durante la Semana Santa para ser misioneros en zonas rurales de España, ayudando a sacerdotes que en general tienen una enorme carga de trabajo estos días al tener que llevar ellos solos varios pueblos.

Organizado por Juventud y Familia Misionera, una iniciativa del Regnum Christi, participarán en total 960 misioneros, conformados por 127 familias y 326 jóvenes de toda España, que durante estos días se pondrán al servicio de 29 párrocos en zonas rurales de 11 provincias.

Juventud y Familia Misionera cumple 24 años en España al servicio de la Nueva Evangelización. Las 960 personas que este año han dicho “sí” a esta propuesta se ponen 100% al servicio de los párrocos diocesanos con gran carga de trabajo en el momento litúrgico más importante del año, desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección.


La labor de estos misioneros consiste en dar testimonio de su fe por las calles y las casas, ayudar a preparar los oficios y las celebraciones, visitar a los ancianos y los enfermos y ser testimonio de jóvenes y familias que con su presencia y alegría pueden ayudar a otros a preguntarse por la fe, y a encontrarse con el amor de Dios.

“Enciende la luz de Jesús” es el lema que encabeza la misión este año, respondiendo al impulso misionero del Papa en Evangelii Gaudium: “Todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.



De este modo, a Murcia acuden 250 jóvenes de toda España para apoyar en 10 parroquias de Cartagena, Puerto de Mazarrón, Cabezo de Torres y Churra. Otro pequeño grupo misionará en pueblos de Segorbe (Castellón), un tercero en Ponferrada y otra unidad de jóvenes de Barcelona lo hará en Solsona (Lérida).

Huesca acogerá a 40 adolescentes que apoyarán en pequeños pueblos de la diócesis de Barbastro-Monzón y, por su parte, 127 familias (250 adultos y 326 niños) ayudarán a párrocos en zonas rurales de Asturias, Ávila, Albacete, Castellón, Palencia, Teruel, Cáceres, y León. Con los misioneros también participan en las misiones unos 31 legionarios de Cristo y 29 consagradas y consagrados del Regnum Christi.


Aunque su presencia es solo durante la Semana Santa, en los lugares se les espera porque llevan hasta 13 años acompañando en este momento a los habitantes de lugares como la Sierra Albarracín: “Al llegar una Semana Santa, había fallecido uno de los lugareños. Su mujer nos dijo que había querido que le enterrasen con la pañoleta de los misioneros”, recuerda Pablo Calzado, de Barcelona, que con sus 5 hijos y su mujer lleva de misiones desde hace 11 años. “Y eso me dice a mí que esto es necesario, que vamos, sembramos, y no sabes hasta dónde ha llegado porque no somos nosotros los que hacemos eso, Dios está ahí, actuando”, asegura.

 “Me aportan alegría, experiencia de encuentro con Cristo, esfuerzo y sacrificio de desplazarse toda la familia haciendo muchos kilómetros, la comunión entre padres e hijos y la fe en Dios”, dice Juan Francisco Soler, párroco en Utrillas, Las Parras de Martín, La Hoz de la Vieja, Maicas y Plou (Teruel). Estas son poblaciones compuestas mayoritariamente por personas mayores, muchos jubilados de las minas de carbón. La vida de este párroco aragonés, de 50 años, es oración, Eucaristía, acompañar y escuchar a la comunidad. Con él lleva Familia Misionera de Barcelona desde hace 13 años, cada Semana Santa, allá donde ha sido destinado.


Julio Sánchez acude con su mujer y sus 5 hijos a Piloña y Cabranes (Asturias) para apoyar a dos párrocos, Israel y Felipe, que tienen a su cargo más de 17 pueblos: “Los hombres y mujeres de allí nos enseñan el amor a su pueblo y a su cultura”, cuenta Julio, “son generosos, nos acogen y en ese encuentro he aprendido a encontrarme a mí mismo, a ver a Cristo en el prójimo en un contexto fuera del tuyo, en sitios inesperados… Sobre todo, a vivir la fe en comunidad y a crecer en mi amor a Cristo”, afirma.

También hay lugares a los que se llega por primera vez. Es el caso de Burgohondo (Ávila). Se embarcan en la aventura 20 familias, muchas de ellas con hijos adolescentes. Miguel Osorio y su mujer son los responsables de unidad: “Salimos de nosotros mismos, dejamos comodidades y planes personales, y buscamos sentirnos y hacer sentir Iglesia”, dice. “Nos sentimos llamados a dar testimonio de nuestra fe, y aprender de la fe de otros que no se encontramos en los pueblos. Lo que quiero es que todos tengamos un encuentro con Jesús, personal, y verdadero…”.