Oficialmente, la diócesis de Valladolid tiene unos 400 sacerdotes para 300 parroquias, pero la realidad es que buena parte de ellos son muy mayores y además muchos pueblos están casi despoblados. Hay bastantes poblaciones de tamaño mediano (Íscar, Simancas, Medina de Rioseco o Peñafiel tienen unos 5.000 habitantes cada una; Medina del Campo tiene 20.000) pero también muchos pueblecitos pequeños y casi deshabitados. 

En esos pueblecitos sirven algunos sacerdotes que pasan con su coche para reunir algunos parroquianos y llevarlos al pueblo de al lado, y así lograr que la misa, "por dignidad", cuente con unos 20 asistentes, en vez de cuatro o cinco. 

Ocurre así ya en Llano de Olmedo y Fuente Olmedo, pero también en Melgar de Arriba y Melgar de Abajo, Saelices y Monasterio, Cabezón de Valderaduey y Villalba de la Loma, y en Bustillo de Chaves (con su pedanía, Gordaliza de la Loma) y Villanueva de la Condesa

Tres párrocos, los responsables de Olmedo, Villalón y Mayorga, se encargan de oficiar estas misas rotatorias.


Jesús Manuel Nieto, párroco de Mayorga (1.600 habitantes), en realidad tiene a su cargo ocho parroquias. Es imposible que cada domingo celebre misa en todas ellas. Así que fusionó la misa de la parroquia de Cabezón con la de Villalba y la de Monasterio con Saelices; el lugar de la celebración se va alternando, una semana en un pueblo, otra en el vecino. 

Además, las religiosas de clausura de Mayorga recibieron permiso para poder salir los domingos a la celebración a la iglesia parroquial de la localidad. «Así evitamos tener dos celebraciones en Mayorga y ninguna en los pueblos. Ellas lo entendieron y celebramos en el monasterio de lunes a sábado, pero los domingos solo en la parroquia de Mayorga», explica el sacerdote en un reportaje del diario El Norte de Castilla.


Francisco Casas, cura en Villalón de Campos (1.700 habitantes), entiende que esta medida busca «la dignidad de la celebración, porque no es lo mismo una misa con veinte personas que con cinco, porque siempre será más rica una comunidad más amplia que más pequeña». 

Este párroco traslada en su vehículo particular a algunos de los fieles de Bustillo de Chaves que cada quince días no pueden desplazarse a Villanueva de la Condesa. «Acercamos a cuatro vecinos porque los demás suelen ir con sus vehículos o ven la misa en televisión», señala. Después, estos párrocos devuelven en su coche a los feligreses a su pueblo.

La medida, de momento, ha sido bien acogida en los municipios. Su objetivo es que sus respectivas parroquias no cierren, «porque lo siguiente de lo que nos hablaron fue de seguir las misas por videoconferencias», señala el alcalde, Óscar Fernández. «Los domingos que tenemos la misa aquí tenemos más vidilla; pero es el primer paso para terminar con videoconferencias o con la iglesia cerrada, porque cada vez somos menos», concluye.

Lo mismo hace José Ramón Peláez, párroco de Olmedo: estaciona en Llano, donde viven treinta vecinos, suben dos señoras al coche, con su bastón, saludan al sacerdote, y recorren los 4 kilómetros que faltan para llegar a Fuente Olmedo, donde toca la misa quincenal. 


En los últimos años se ha cerrado al culto la iglesia de Aguasal (solo abre con motivo del patrón); la de San Juan de Ávila de Valladolid (aunque hay actividad sacramental en el colegio católico de las Hermanas de la Cruz); la de Nuestra Señora de la Paz, con la marcha de los capuchinos; la de San Mateo, que se cubre con la celebración de la misa en Santo Domingo de Guzmán; y la de El Carmelo de Tordesillas, cedida al Ayuntamiento para la construcción de un auditorio.