El pasado sábado, monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, visitó el Gallinero, un poblado chabolista situado a un kilómetro de la Cañada Real.

«En medio de este espacio de exclusión y dificultad, animó, fortaleció y nos hizo sentir más vivo el privilegio de compartir la vida con estas familias gitano rumanas», explicó el sacerdote anfitrión. 

Estaba programado un acto para celebrar los derechos de los niños del poblado, y el arzobispo de Madrid había confirmado su asistencia. Pero, por motivo del temporal de lluvia, la celebración se suspendió.

Aun así, don Carlos pidió visitar la zona, «porque tenía interés en conocer al poblado, los vecinos, a los pequeños y a sus familias», afirma el sacerdote que atiene la zona, Javier Baeza, en su blog catorcekilometros.blogspot.com.es –al que pertenecen las fotos, tomadas por voluntarios de la zona.

Durante la visita, el arzobispo visitó a varias familias, en su mayoría gitanos rumanos, que sobreviven sin luz, agua, con letrinas y amenazas constantes de las apisonadoras que están tirando abajo sus chabolas.

Acompañado también por voluntarios, entró dentro de los cuartuchos de las familias –en una sala, con dos camas, convivían 14 personas– y habló personalmente con ellos.



Según el sacerdote, «don Carlos mostró estremecimiento y desconcierto por la realidad que la pobreza le presenta ante sus ojos».

Y afirma que «en medio de este espacio de exclusión y dificultad, animó, fortaleció y nos hizo sentir más vivo el privilegio de compartir la vida con estas familias gitano rumanas».