Pedro Juncal lleva cuatro años trabajando como acompañante fúnebre en una funeraria de Galicia.

Es un trabajo que algunos ni reparan que existe o simplemente esquivan. Su labor es llevar la caja del difunto del tanatorio a la iglesia y de ahí al cementerio.

En verano, su trabajo se vuelve más duro.

-Todo se complica. En invierno se lleva bien, el volumen de trabajo no es excesivo pero ahora viene una de calor y es fácil que haya una subida en el número de fallecidos. Lo que se traduce en más chollo en nuestro caso.


-Sí. Yo creo que el aumento se debe a la subida de muertes inesperadas, por así decirlo. Hay ahogados, hay más desplazamientos en coche, a los más mayores el calor les afecta más...


-Piensa que el traje es obligatorio y es inviable quitarse la chaqueta porque la imagen que darías sería pésima. Ya sea por respeto a la familia, ya sea porque estás empapado en sudor. Todo se hace más rápido, también, o al menos, eso es lo que intentamos.


-Efectivamente. En estas condiciones, los tejidos se deterioran más rápido y los tanatorios las pasan canutas para mantener el ritmo de entrada y salida.


-El que tuvimos 13 defunciones en nuestra funeraria. Piensa cuántas más habría en otras mayores.


-Imagínate estar en iglesias a pie de playa y la gente bañándose y tomando el sol mientras tu estás en ésto. Es una situación muy extraña la verdad.


-En verano hay abejas que vienen atraídas por el polen por lo que es una molestia más de esta estación. También que las flores se pudren antes por el bochorno y eso no tiene solución. No pueden ir a la nevera. Intentamos apurar todo lo posible, pero a veces, es imposible.