Desde hace cinco años un grupo de jóvenes católicos recorren de noche las calles de Barcelona con la finalidad de atender a los muchos indigentes que prefieren dormir al raso en la Ciudad Condal.

Más de 100 voluntarios de la asociación civil "Jóvenes de San José" se organizan para ayudar a cualquier persona que se encuentra sumida en ese "cuarto mundo". Les dan comida, escucha real, conversación, se interesan por su familia... en definitiva: mucho amor. Estos jóvenes barceloneses responde a la llamada de Cristo: "Lo que hagáis a uno de estos pequeños, a Mí me lo hacéis...".

Y lo curioso es que hacen esta labor sin recibir un euro de las administraciones públicas, y sin pregonarlo a los cuatro vientos como muchos "profesionales de la solidaridad".

Pero el ayuntamiento de Barcelona, cuyo regidor es el convergente Xavier Trias, no parece estar muy satisfecho con esta iniciativa social que parte de la débil sociedad civil barcelonesa. 

"Seguiríamos con nuestra labor silenciosa, porque en el silencio también hay mucho de nuestra forma de actuar. Pero ahora molestamos -dice Marcos Vera, presidente de la asociación de Jóvenes de San José-. El Ayuntamiento de Barcelona desea que dejemos nuestra labor en las calles pues, según se nos informó, `damos una mala imagen de la ciudad´".

"En una primera reunión, el Ayuntamiento nos alabó la gran labor social que hacemos, y la cual agradecemos. Pero nos indicaron que `deberíamos procurar hacer una labor más eficiente´. Cosa curiosa, porque en ningún momento se nos pidió que explicáramos la labor que hacíamos y cómo la gestionábamos".

"Finalmente, nos dio a entender que deberíamos dejar de atender a los indigentes en la calle -subraya Marcos Vera-. Se nos aclaró que hasta el momento el Ayuntamiento no ha tomado medidas al respecto pero, si esta labor continuaba, sí lo harían. No sabemos todavía si se nos multará por socorrer al más necesitado, por el hecho de hacerlo en la calle. No sabemos si constituirá un delito el ofrecer una mano a personas cercanas, si lo hacemos en la vía pública. No sé si las autoridades de orden nos llevaran detenidos por ayudar o si nos disolverán con pelotas de gomas. Sin embargo, lo que sí sabemos es lo que les he dicho: el Ayuntamiento de Barcelona tomará medidas para que no podamos continuar esta labor".

"Recientemente, se nos ha vuelto a citar, pero esta vez han cambiado su discurso. Ahora ya no damos mala imagen. El problema es la dignidad de las personas. No es digno darles de comer en la calle. ¿En todas las calles?, pensarán ustedes. Pues no, en todas no, sólo es indigno dar de comer a un indigente en Plaza Catalunya, en las Ramblas, o en Sants… Sin embargo, dar de comer a un indigente que está durmiendo en un cajero no es indigno".

"Nos ofrecen trabajar con el Ayuntamiento y con Cáritas, pues haríamos nuestra labor más eficaz, y eso es cierto, sin duda, pero, han de entender, que no pueden matar las iniciativas de las personas con el argumento: "Lo que vosotros hacéis, al lado de lo que hacen estos, no es nada, así que mejor no lo hagáis".

"Lo único que pedimos es que nos dejen ayudar como queremos, como sabemos, como entendemos que debemos hacerlo, a nuestro nivel. ¿Es mucho pedir? ¿Es mucho pedir que se nos deje trabajar a nosotros y a otras asociaciones cada una su estilo? Quién sabe si alguna de estas asociaciones son el germen de algo tan grande como Cáritas o, por qué no, mayores. Pedimos respeto para las pequeñas asociaciones. No queremos, porque entendemos que no está bien, que toda la ayuda la centralice un reducido grupo de corporaciones".