Mientras algunos recaudadores municipales aspiran a rascar euros de las arcas parroquiales, en la diócesis de Sant Feliu, creada en 2004 al sur de Barcelona, al mismo tiempo que la Ley de Haciendas Locales, han descubierto exactamente lo contrario: que llevan años pagando un IBI que, por ley, no tenían por qué pagar.

Al menos 70 parroquias de las 120 de la diócesis lo han estado haciendo, por lo general implicando cantidades pequeñas, pero algún recibo supera los 3.000 euros. Simplemente, los rectores iban recibiendo el impuesto en la parroquia y lo iban pagando.

La diócesis va a pedir a la Diputación de Barcelona que devuelva las cantidades por las que estaban exentos, mientras que la Diputación asegura que las parroquias debían haber tramitado la exención.

El responsable de comunicación de Sant Feliu, mosén Josep Torrente, explicó en TV3 que si la diócesis tuviese que pagar el IBI como una entidad con ánimo de lucro tendría repercusiones económicas en otras partidas.
 
También explicó que al repasar las propiedades de la diócesis no han encontrado ningún caso de actividad económica que tuviese obligación de pagar IBI y no lo estuviese haciendo.

Es fácil ver cómo el IBI puede desestabilizar el día a día de cualquier parroquia de España, que a menudo presta gratis sus locales para actividades sociales o vecinales, siempre que no sean incompatibles con la fe o las instalaciones. ¿Deberían cobrar un alquiler?

Las economías parroquiales son muy ajustadas, como explica en Barcelona mosén Joan Josep Villegas, el rector de la recién construida iglesia de San Francisco de Paula, en el barrio de Diagonal Mar.

"Nos mantenemos sólo con las colectas de los domingos y poca gente da donativos extra en ceremonias como bautizos o bodas, especialmente con la crisis", explica el párroco.

"Los edificios nuevos tienen muchas obligaciones por ley: cuadros de luces según normativas, luces encendidas de día en las entradas, equipos anti-incendios, etc... Los mantenimientos son caros: las calefacciones cuestan 400 euros sólo de atención anual; a los extintores hay que cambiarles el líquido cada año, y así vas sumando. Son gastos que en otras épocas no se producían. Hay que arreglar el campanario y el ascensor para los ancianos. Y aún estamos pagando los bancos. ¡Sólo faltaría el IBI!", explica este sacerdote.

Y es que poner en marcha una nueva parroquia y llenarla de vida cuesta no sólo dinero, sino tiempo y esfuerzo. Así, el trabajo de la recién creada Cáritas parroquial aún es humilde: tres personas implicadas y recogidas de alimentos que dependen de los parroquianos, que son generosos.

A las personas con necesidades más graves "las enviamos a las asistentes sociales del barrio o a Cáritas Diocesana, porque no queremos enmascarar los casos dando solo alimentos, sino que trabajamos con las instituciones que ya hay", explica mosén Villegas. "No es eficaz ir por libre", añade. Lo eficaz es colaborar en red.

Así, en los locales parroquiales, además de la catequesis, el curso de Biblia y las reuniones de Vida Creixent (el movimiento católico de gente mayor), se organizan actividades de vecinos, como cursos de ajedrez o un grupo de música del barrio. "Esto está abierto a todos y no hacemos pagar a nadie", explica el rector.

Pero Villegas sí paga un IBI: el de su casa particular de Argentona. "Fui ordenado sacerdote con 42 daños, antes fui profesor, ATS, director de un internado y tenía mi sueldo y mi casa. Pago el IBI de la casa, es caro, y lo subieron hace poco", detalla.

Pero el caso de mosén Joan Josep no es el más común: la mayoría de sacerdotes vive en la casa rectoral (que por ley no paga IBI), o en comunidades religiosas o con parientes, y sus sueldos de 800 euros no dan para alegrías inmobiliarias.