El 19 de marzo será consagrado obispo y tomará posesión de su sede el nuevo titular de la diócesis de Tarazona, Eusebio Hernández Sola, hasta ahora subsecretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (en la que trabajaba desde 1975), y que ha sido nombrado este sábado por Benedicto XVI.

El padre Hernández participó el pasado mes de diciembre en Madrid en el III Simposio del Instituto de Vida Consagrada, donde anunció un documento vaticano sobre la identidad del hermano religioso.

También jugó un papel decisivo en la Congregación, bajo la dirección del cardenal prefecto Franc Rodé (quien renunció por razones de edad y fue sustituido el 4 de enero por el arzobispo de Brasilia, Joao Braz de Aviz), durante la transformación del convento de las clarisas de Lerma en el nuevo instituto Iesu Communio. Y vuelve ahora a España a una diócesis cercana a la de Burgos, donde ha cuajado con fuerza este nuevo carisma religioso.

Navarro, de 66 años, doctor en Derecho Canónico por la Universidad de Comillas y licenciado en Derecho por la Universidad Complutense, sustituye en el cargo a Demetrio Fernández al frente de una de las diócesis más antiguas de España, erigida en el siglo V y con una población cercana a los noventa mil habitantes. Pertenece a la provincia eclesiástica de Zaragoza y estaba vacante desde hace un año.

Cuatro religiosos en la Conferencia Episcopal

Fray Eusebio es agustino recoleto, con lo que ya son cuatro los obispos españoles en activo miembros de congregaciones religiosas: Miguel José Asurmendi, obispo de Vitoria, es salesiano; Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, es franciscano; Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, es jesuita.
 
De entre los obispos eméritos, son religiosos Fernando Sebastián y Luis Gutiérrez, claretianos, y el cardenal Carlos Amigo, franciscano.

Sorpresa y alegría

En sus primeras palabras a los nuevos fieles, monseñor Hernández ha afirmado que la propuesta de la elevación al episcopado le cogió de sorpresa: «El proceder de Dios es misterioso e inescrutable, pero al mismo tiempo providente y misericordioso. San Agustín, nuestro Padre, decía: “Si la Iglesia pide vuestros servicios, obedeced con humilde corazón a Dios”. Por ello en medio de mis dudas y perplejidades me ha confortado la seguridad de que, si el Señor nos pide un servicio, su gracia suplirá nuestras deficiencias y limitaciones».

El temor se convirtió en alegría cuando supo la diócesis que regiría: «Volvía a la tierra que me vio nacer; sentí que la cercanía de nuestra historia y cultura facilitaría la sintonía de nuestros corazones y uniría nuestros propósitos pastorales. Sí, yo nací en la ribera de Navarra, a pocos kilómetros de aquí, y mi primera consagración religiosa la hice a la sombra de la querida sierra del Moncayo, en Monteagudo, junto a los aposentos y tumba de San Ezequiel Moreno. Que este querido santo de nuestro tiempo, junto con San Atilano, natural y patrón de esta diócesis nos protejan siempre y guíen nuestros pasos».