«Los cristianos son como ratas. Apunta bien». Aunque cueste creerlo, esta inscripción no se ha rescatado de un libro de historia sobre la persecución de la Iglesia católica en la segunda república española, sino que aparece estampada en los lavabos de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona (UB). Desde hace tres semanas, coincidiendo con la visita del Papa Benedicto XVI a Barcelona, un grupo de estudiantes autodenominados «progresistas» ha iniciado una agresiva campaña dirigida a prohibir la práctica del catolicismo en la universidad. Su principal cometido es, alegan, «que no se celebren misas en la capilla que hay en el recinto» y «se rompa el acuerdo con el Arzobispado de Barcelona», de 1988, para que «ni un solo espacio de la facultad se destine a usos religiosos».

Sus acciones de protesta son diversas: panfletos, recogidas de firmas, carteles intimidatorios, e incluso en una ocasión han llegado a increpar a una profesora cuando intentaban impedir uno de los oficios. Este último incidente se produjo el pasado día 17 de noviembre cuando un grupo de estudiantes de la Asamblea de la Facultad de Economía y Empresariales, interrumpió la liturgia y se enfrentó a una de las profesoras que se encontraba en la capilla. «Fue muy tenso. Pensé que le pegaban. Desde entonces, no estoy tranquilo», comentó ayer a ABC el estudiante P. R. —prefiere dar sólo iniciales para evitar represalias—. Asegura que «son muchos los que acuden a la capilla para asistir a la misa» y que vienen «de otras facultades de la Universidad Politécnica», colindante al centro. «Antes habían más recintos de culto, aunque fueron cerrando capillas», asegura el joven.

El conflicto se remonta a hace unos meses cuando la UB decidió fusionar las dos facultades de Economía y Empresariales y trasladó la capilla al primer edificio, situado en el 690 de la avenida Diagonal de Barcelona. La ubicó en la antigua sala dedicada al economista Schumpeter, hasta ahora una aula de estudio. Los estudiantes de la asamblea aseguran a este diario que era un espacio «necesario» por el que han estado batallando mucho tiempo, aunque su protesta trasciende la reivindicación académica. «Lo que queremos es que dejen de hacerse misa en la universidad, porque es pública y laica». Por su parte, los alumnos católicos se sienten acosados. «Me siento ofendido y asediado. No es justo que sienta miedo sólo por ser católico», afirma P. R.

Por su parte, la decana de la Facultad, Elisenda Paluzie, prefiere no entrar en la cuestión. Asegura que hay otras salas de estudio habilitadas en el centro en respuesta a la reivindicación de la asamblea. Benedicto XVI se refirió en su reciente viaje a la capital catalana al laicismo agresivo que se manifiesta en ocasiones en nuestro país y lo comparó con el de los «años 30». El de la UB es un ejemplo de la intolerancia de los anti-católicos.