Hoy 21 de octubre, a las 19.00 horas, el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco, presidirá en el Aula Magna del Seminario Conciliar de la archidiócesis la apertura de la Causa de Martirio de un grupo de nueve seminaristas de la diócesis de Madrid-Alcalá, y dos familiares, mártires de la persecución religiosa de la II República en la diócesis al comienzo de la Guerra Civil.
 
Se trata de los Siervos de Dios, Ignacio Aláez Vaquero, Pablo Chomón Pardo, Antonio Moralejo Fernández-Shaw, Jesús Sánchez Fernández-Yañez, Miguel Talavera Sevilla, Ángel Trapero Sánchez-Real, Cástor Zarco García, Mariano Arrizabalaga Español, Ramón Ruiz Pérez, todos ellos seminaristas, Julio Pardo Pernía, sacerdote tío del seminarista Pablo Chomón, y Liberato Moraleja Juan, seglar padre del seminarista Antonio Moraleja, ambos martirizados junto con los seminaristas.
 
El delegado episcopal para las Causas de los Santos de la archidiócesis madrileña, monseñor Ricardo Quintana, informó que “se inicia esta Causa de jóvenes mártires precisamente cuando estamos preparando la Jornada Mundial de la Juventud del próximo año”.
 
En la foto (izquierda), una lista de los alumnos del Seminario Mayor de Toledo del curso 19351936. Allí se da cuenta de lo sucedido, escueta, pero claramente con cada uno de los seminaristas: fulanito, de tal pueblo, (presbítero, diácono, subdiácono o en el curso en el que se encuentre…) muerto en la guerra, asesinado, en el seminario, en su pueblo-se retira, en el frente, nada se sabe, enfermo tuberculoso en Valdemoro…
 
De esta lista, la diócesis de Toledo ya tiene a dos beatificados (lo fueron en 2007). Uno recién ordenado, el beato Miguel Beato Sánchez y un subdiácono, el beato Francisco Maqueda. Los demás martirizados están en el Proceso que las diócesis de la Provincia eclesiástica de Toledo y la diócesis de Ávila tienen incoado desde el 2002.
 
En el número 24 de esa lista aparece Ramón Ruiz Pérez de Peal de Becerro (provincia de Jaén, entonces de la Archidiócesis de Toledo y, actualmente diócesis de Jaén). En 1925, ingresó en el seminario de Jaén, pero pasó en 1929 al de Toledo. La persecución religiosa le sorprendió en su pueblo, adonde había ido a pasar las vacaciones. Detenido y sometido a diversas torturas, fue subido a un tren con dirección a la prisión de Alcalá de Henares. Al llegar a Villaverde, el tren fue desviado por jóvenes libertarios, y fueron asesinados casi todos los viajeros del tren de Jaén, Ramón entre ellos. Asesinado en la diócesis de Madrid, ésta ha unido su nombre al de los otros ocho seminaristas.
 
El 6 de junio de 1936, Cástor Zarco García fue ordenado subdiácono. Comenzada la Guerra Civil, fue movilizado y enrolado en la Brigada de El Campesino. Estaba hospitalizado en Alcalá de Henares cuando fue reconocido y delatado como seminarista por algunos paisanos suyos, siendo fusilado en septiembre de 1937. Algunos testigos afirman que fue obligado a cavar su propia tumba.
 
“El 18 de julio de 1936, estábamos comiendo en el seminario de Madrid. Bajó el portero para decirnos que estaban las turbas para apoderarse del seminario. Enseguida nos fuimos a la capilla a consumir las Sagradas Especies; y, vestidos de paisano, tuvimos que salir por la puerta posterior que había en la huerta del seminario. Nos separamos, y cada uno se fue a su casa. Al día siguiente, el domingo 19 de julio, llamé al seminario preguntando si podía ir a celebrar la Santa Misa, y me contestó un miliciano diciendo que me iba a escabechar”. Este es el relato de uno de los testigos que estuvieron presentes en el seminario de Madrid y que recoge José Francisco Guijarro en su libro Persecución religiosa y Guerra Civil. La Iglesia en Madrid, 19361939.

El 9 de noviembre de 1936, nueve milicianos fueron a detener a su padre, denunciado por un familiar. Preguntaron a Ignacio por qué no se había incorporado a filas, y contestó que era estudiante y se preparaba al sacerdocio, por lo que también se lo llevaron. Fue asesinado junto con su padre esa misma tarde junto al cementerio de Fuencarral.

Junto con su tío, Julio Pardo Pernía -confesor de las Hermanas Hospitalarias de Ciempozuelos-, fue asesinado en el kilómetro 5 de la carretera de Torrejón, en el término municipal de Valdemoro. Se sabe que cuando los milicianos fueron a detener a su tío sacerdote, Pablo decidió no separarse de él y correr su misma suerte.

Al estallar la persecución religiosa, quiso evitar la profanación de la iglesia del Carmen. El 28 de septiembre de 1936, los milicianos fueron a detenerlo a casa de sus padres. Su padre, Liberato Moralejo Juan, quiso evitar su detención y, al no conseguirlo, decidió acompañar a su hijo y correr su misma suerte. Ambos fueron conducidos a la cárcel Modelo, y el 7 o el 8 de noviembre fueron asesinados en Paracuellos.

En el domicilio familiar, le sorprendió la persecución religiosa, que pudo esquivar hasta mediados de septiembre de 1936. Sin embargo, fue denunciado por algunos vecinos y conducido a la checa de Fomento, siendo martirizado a las pocas horas. Su cadáver apareció el día siguiente en el barrio de la China.

Natural de Boadilla del Monte, al estallar la persecución se encontraba en su pueblo. El 7 de octubre de 1936, unos miembros del Comité de Radio Comunista Puerta del Ángel llegaron a su casa y se lo llevaron, no habiendo aparecido nunca su cadáver.

Con trece años, Ángel se trasladó al seminario de Madrid. Sus notas fueron siempre excelentes. El 11 de octubre de 1936, Ángel fue detenido y llevado a la cárcel de Porlier, hasta que el 9 de noviembre fue fusilado junto a las tapias del cementerio de la Almudena.

En 1928, ingresó en el seminario de Comillas (Cantabria). Con motivo de las vacaciones de verano, Mariano se trasladó a Madrid, donde vivía su familia. Fue detenido junto a su hermano Rafael y un cuñado. Fueron asesinados en Torrejón y sepultados en Paracuellos.

Ya hemos hecho referencia a los dos al hablar, respectivamente, de su sobrino Pablo Chomón Pardo y de su hijo Antonio Moralejo Fernández-Shaw.