Ha muerto a los 90 años el veterano y popular actor sueco Max Von Sydow. Jugó al ajedrez con la muerte haciendo preguntas sobre Dios en El Séptimo Sello (de Ingmar Bergmann, 1957); llegó a Estados Unidos para hacer de Jesucristo en La Historia Más Grande Jamás Contada (1965, que incluye también escenas de Jesús Resucitado, teniendo el actor 36 años), se convirtió en el icónico Padre Merrin, con sombrero y maletín en El Exorcista (1973, le valió ser nominado a los Globos de Oro), fue el mismísimo demonio en La tienda (una historia de terror de Stephen King de 1993), y un sabio ángel guía de Robin Williams en el Cielo en Más allá de los sueños (1998).

Dos escenas del Padre Merrin en El Exorcista

Con menos significantes religiosos, en Dune (1984) de David Lynch, fue el ecólogo doctor Kynes y en Conan el Bárbaro (1982) era el apesadumbrado rey Osric de Zamora (la ciudad de fantasía de la era hibórea, no la hermosa ciudad castellana llena de iglesias románicas). Fue Ming el Malvado en Flash Gordon. Incluso se coló en 2016 con un personaje de viejo maestro en Juego de Tronos. Y en mil películas más como 'La muerte en directo' de Bertrand Tavernier; 'Pelle el conquistador' de Billie August; 'Sentencia previa' de Steven Spielberg o 'La isla siniestra' de Martin Scorsese.

El actor en Dune

Su familia era de tradición luterana. Su padre era maestro y folclorista y le contaba muchos cuentos folclóricos antes de dormir. Era un niño tímido, explicó, y le gustaba quedarse escuchando e imaginar esos mundos. Wikipedia y otras webs (quizá copiando de Wikipedia) señalan que aunque se educó en la fe luterana luego se declaró agnóstico.

Jugando con la muerte al principio de su carrera, y en Juego de Tronos en 2016

Tuvo dos hijos con Kerstin Inga Britta Olin (con la que se casó en 1951, con 22 años, y se divorció en 1996), y otros dos con Catherine Brelet, una documentalista con la que se casó en 1997 y que le sobrevive. En 2002 adoptó la nacionalidad francesa: llevaba años viviendo en Provenza.

En 2012 dijo a Charlie Rose en una entrevista que Ingmar Bergman le había dicho que le contactaría después de morir para mostrarle que había vida tras la muerte. Ahora que se enfrenta a la realidad, probablemente agradecerá oraciones por su alma. Prestó su rostro a Jesucristo, y quizá así lo acercó a muchas personas y dio esperanza a muchos. Eso ya merece una oración.

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