Estamos en 2019 y hace 20 años que el mundo debería ser una pesadilla de superpoblación por culpa de los católicos según la popular novela antinatalista de Harry Harrison de 1966 "Hagan sitio, hagan sitio", que sirvió de base para la película "Soylent Green" de 1973.

La novela decía que en 1999 en el mundo habría 7.000 millones de personas (la película decía que sería en 2022, o sea, que faltan 3 años) y que sería un infierno. Pero hace dos décadas que superamos la fecha de la novela, según las últimas estimaciones recién publicadas por la ONU somos más de 7.700 millones y no se está tan mal en el planeta, aunque hay retos, como siempre. 

Una distopía, y la culpa era de los católicos

Según la novela y la película en el año 1999 la Tierra es un infierno... El calor es inaguantable, con los difuntos se hacen galletitas para comerlas (este detalle se hizo famoso en el filme de 1973), hay agua y electricidad en Nueva York solo a ratos, no hay combustible ni transportes, la comida está racionada, la gente hace cola por un exclusivo e increíble vaso de cerveza; las galletas hechas con cultivos de algas suben de precio cada día porque "cuantas más personas hay, más difícil resulta abastecerlas, cuanto más lejos hay que traer las algas, más caras". Y los mensajes los llevan mensajeros a pie, porque no queda gasolina y al novelista Harrison en 1966 no se le ocurrió que en 1999 hubiera Internet.

La realidad es que en 1966 ya se veían muchos avances de la llamada "revolución verde", la inmensa mejoría en la capacidad humana de producir alimento, y Harrison eligió ignorarlos. El problema de la Tierra no es de población, sino de reparto adecuado de la capacidad productiva.

Hace 20 años que se vio que la novela
no acertaba en nada, y aún hay quien la llama "profética"

La novela anticatólica de 1966 alcanza su cumbre adoctrinadora en los últimos capítulos. A la pareja de novios protagonistas las autoridades les obligan a compartir su piso con una familia numerosa católica llena de niños malcriados. 

Un personaje "sabio y erudito" que da voz al autor recita su retahíla: "los árboles han sido talados, los animales se han extinguido y 7000 millones de personas luchan por la migajas, procreando sin control [del Gobierno]. [...] Los católicos han impuesto sus creencias al resto de nosotros y ahora pagamos las consecuencias. El ritmo menstrual que permiten no es suficiente. Ni lo es la píldora, no para todo el mundo. ¿Cuando darán su aprobación al DIU? Los ríos, ¿quién los ha contaminado? El agua, ¿quién se la ha bebido?"

En la película, el "sabio" personaje acaba suicidándose con eutanasia, un "gran servicio" a la humanidad, se entiende.

La realidad hoy

Pasados 50 años de la Revolución Sexual, la Iglesia Católica mantiene su doctrina contraria a la anticoncepción y a favor de acoger a los hijos como un don y una bendición. En los países ricos, las familias católicas practicantes tienen estadísticamente más hijos que las no religiosas. Y el mundo tiene 7.700 millones de habitantes, incluyendo más de 1.300 millones de católicos, la mayoría en países en vías de desarrollo. Y no hacemos galletitas con los muertos.

Pero incluso hace 4 años, en 2015, un lobby ateo inglés, la National Secular Society hacía una campaña de promoción del control poblacional y criticaba a los católicos. "La Iglesia Católica, con sus restricciones al control de natalidad, es una de las mayores amenazas contra el esfuerzo por proteger el medio ambiente", aseguraba su director ejecutivo, Keith Porteouswood, en Breitbart.com

"El crecimiento de población sin restricción en el mundo en desarrollo es un problema acuciante", aseguraba el activista ateo... sin mostrar ningún interés por otro problema que sí es real: el envejecimiento poblacional y a la falta de relevo generacional sostenible.

En 2015, el activista ateo repetía acríticamente el mantra viejuno de 1966: la anticoncepción sería la solución a todos los problemas del mundo. "Animar a la anticoncepción reduciría las enfermedades, la mortalidad materna y la pobreza infantil. Es una vergüenza que esta admirable iniciativa sea ciega y dogmáticamente minada por un rechazo a reconocer lo obvio", predicaba. 

Lo que de verdad ayuda: educar y escolarizar

En realidad, hace ya tiempo que se sabe -y la ONU lo admite- que lo que de verdad reduce las enfermedades, la mortandad materna y la pobreza infantil es la educación y la escolarización. Especialmente el escolarizar a las niñas las ayuda a retrasar su edad de de ser madres (dando a luz con más madurez física y emocional), a casarse mejor, y a cuidar mejor a sus hijos. 

Por otra parte, el caso de Chile demuestra que un país puede ser abrumadoramente católico, e incluso tener prohibido el aborto, y contar con los mejores índices de salud maternal del continente americano, solo por detrás de Canadá. 

Otro dato interesante es que los agentes bancarios internacionales han constatado un crecimiento económico real, con una clase media que se ha triplicado entre 2000 y 2014 en once países subsaharianos: Angola, Etiopia, Ghana, Kenya, Mozambique, Nigeria, Sur Sudán, Sudán, Tanzania, Uganda y Zambia. Ninguno de estos países en crecimiento es un ejemplo de baja natalidad. Etiopía tiene una media de 4,3 hijos por mujer, Mozambique de  5,3; Tanzania de 5,5. La educación y el comercio, no la anticoncepción, logran el desarrollo de los pueblos. 



Dibujo inspirado en la película de 1973 "Soylent Green", en español titulada "Cuando el destino nos alcance", basada en la novela alarmista de Harry Harrison: multitudes empujadas por excavadoras... por culpa de la oposición católica a la anticoncepción


En el Tercer Mundo el medio ambiente se protege con educación y tecnología, y la Iglesia Católica escolariza en África casi 23 millones de personas (16 millones en primaria, 5,2 en secundaria, 1,4 en pre-escolar, 83.000 en institutos, 177.000 en universidades) y en Asia, donde es muy minoritaria, a otros 15 millones de alumnos (5,7 en primaria; 5,8 en secundaria, 1,8 en la universidad), según datos del Annuario Pontificio referentes a 2012.

Un demógrafo explica que más gente es más ingenio

Jesús J. Sánchez Barricarte, doctor en Demografía por la Universidad de Berkeley, autor de «Socioeconomía de las migraciones en un mundo globalizado» explicaba en una entrevista en 2010 en qué se equivocan los pesimistas demográficos: "El error es ignorar que el ser humano es capaz de crear recursos tecnológicos".

Añade: "Hay que seguir desarrollando tecnología para reducir la contaminación, pero los datos indican que las cosas mejoran. Es un problema tecnológico y energético, no de escasez. Esa tecnología y esa energía barata que necesitamos sólo será posible obtenerlas si hay mucha gente pensando e investigando en ello. A largo plazo, más gente tiene un efecto neto positivo. Para Colin Clark, es la única fuerza capaz de hacer que comunidades anquilosadas adopten métodos más productivos".

Más aún: "Una fuente de mejora es la mente humana; parece sensato pensar que la cantidad de mejoras dependerá del número de personas capaces de usar su cabeza. La naturaleza no ofrece recursos como si fueran riqueza. Es la inteligencia la que les otorga el valor. El petróleo no tenía utilidad hasta que se supo cómo aprovecharlo. Necesitamos más gente y mejor preparada para ampliar nuestra tecnología y poder dominar un porcentaje mayor del planeta. No tengo duda de que lo seres humanos somos su recurso más importante."

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