La reciente aprobación de la eutanasia en España es la antítesis de la "cultura del cuidado" que propone Francisco en su mensaje para la 54ª Jornada Mundial de la Paz, el próximo 1 de enero de 2021: "Cada persona humana es un fin en sí misma, nunca un simple instrumento que se aprecia sólo por su utilidad, y ha sido creada para convivir en la familia, en la comunidad, en la sociedad, donde todos los miembros tienen la misma dignidad. De esta dignidad derivan los derechos humanos, así como los deberes, que recuerdan, por ejemplo, la responsabilidad de acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados".

Aunque esa "cultura del cuidado" ha sido históricamente una característica particular de los cristianos, se trata en realidad, dice el Papa, de una "vocación humana" y él la propone como una "brújula para un mundo común... en una época dominada por la cultura del descarte".

Esa vocación estaba ya presente en los neandertales, a tenor de los hallazgos realizados en Irak, hace más de medio siglo, por el arqueólogo Ralph Solecki (1917-2019). Lo recuerda el historiador Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo, profesor de Historia Antigua y de Arquelogía e la Universidad CEU San Pablo, en  una colaboración remitida a ReL:

El profesor y arqueólogo Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo, durante una conferencia en Valladolid en 2018.

"Nandy", el viejo de Shanidar

La cueva de Shanidar está en el Kurdistán iraquí y es uno de los yacimientos arqueológicos prehistóricos más importantes del mundo. Entre los años 1957 y 1961 el estadounidense de la Universidad de Columbia Ralph Solecki y sus obreros kurdos encontraron nueve esqueletos de neandertales en la cueva, un hallazgo verdaderamente raro y valioso. [1]

Todavía hoy en día se discute si los nueve murieron como consecuencia de un derrumbamiento de la cueva o si fueron enterrados. Otra opción es que algunos murieran en una avalancha de rocas y otros hubieran sido inhumados con anterioridad. De hecho, en el posible enterramiento de uno de ellos aparecen ingentes cantidades de polen, lo cual y lo cual indicaría que al individuo le rodearon con flores. Sin embargo, la presencia de flores es muy polémica y hoy en día algunos autores le achacan a una contaminación moderna. 

El hombre de Neandertal vivió entre el 150.000 y el 30.000 antes de Cristo y desde el punto de vista evolutivo es una especie de primo nuestro, es decir, del Homo sapiens. Prácticamente todos los humanos actuales, menos los africanos, tenemos entre un 2,5% y un 4% de Neandertal en nuestro genoma.

En el año 2014 el Gobierno regional de Kurdistán encargo la excavación a Graeme Barker de la Universidad de Cambridge, que desde entonces ha estado excavando allí, aunque intermitentemente debido al ISIS [Estado Islámico]. El descubrimiento por él de otro esqueleto de Neandertal parece confirmar que la mayoría de los encontrados allí fueron inhumados, lo cual confirma que el hombre de Neandertal enterraba a sus muertos.

Shanidar I, "Nandy", el neanderthal tuerto, sordo, cojo y manco a quien sus compañeros no descartaron, sino ayudaron a vivir. Foto: Ancient History Encyclopedia.

Pero el individuo que más llama la atención es el llamado Shanidar I, apodado “Nandy” por Ralph Solecki, aunque en el mundo científico es más conocido como “el viejo de Shanidar”. No sabemos si fue enterrado o murió a causa de un derrumbamiento (probablemente esto último). En el momento de su fallecimiento tenía entre los 40 y 55 años, todo un récord para alguien que vivió hacia el final del Paleolítico medio, hace unos 45.000 años.

Siendo aun relativamente joven Nandy sufrió un fuerte golpe en el cráneo que debió dejarle tuerto o con grandes problemas de visión en el ojo derecho y debió provocarle daños severos en la parte del cerebro que controla el lado derecho del cuerpo. A resultas de ello durante toda su vida cojeó, problema que se incrementó por una lesión que tuvo más adelante en el pie. Asimismo, claramente tenía atrofiado el brazo derecho.

El paleontólogo Erik Trinkaus [2] opina que el húmero presenta lesiones y una reducción de cerca del 10% de su tamaño, faltándole la parte inferior. Esto indicaría que en algún momento antes de su madurez el brazo se le debió de romper probablemente por varios sitios. A resulta de las fracturas, o bien se le atrofió, o bien se lo tuvieron que amputar. La cicatrización indica que estas lesiones ocurrieron por lo menos dos décadas antes de su muerte. Por si no fuera suficiente, nuevos estudios realizados en el año 2017 además demuestran que en el momento de su muerte estaba casi completamente sordo. [3]

Pabellón auditivo de Nandy, el viejo neandertal que no pudo sobrevivir sin ayuda. Foto: Erik Trinkaus, Sébastien Villotte.

Nandy entonces era muy probablemente tuerto y con seguridad cojo, manco y sordo. Ralph Solecki y Erik Trinkaus creen que evidentemente necesitaría ayuda para subsistir. El hecho de tener los dientes muy deteriorados sugiere que los utilizaba como sustituto de su brazo derecho. Es uno de los primeros casos de supervivencia de un anciano discapacitado hasta una edad venerable, y esto sólo pudo ocurrir con ayuda del grupo.

Un artículo de Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo.

[1] Solecki, Ralph S. (1954), Shanidar cave: a paleolithic site in northern Iraq, Annual Report of the Board of Regents (Smithsonian Institution), págs. 389-425. Ver también Solecki, Ralph S. (1971), Shanidar, the first flower people (editorial Knopf).

[2] Este paleontólogo parece haber investigado los restos de Shanidar desde casi su descubrimiento hasta hoy. Teniendo en cuenta que el origen de las lesiones que presenta el viejo de Shanidar puede estar sujeto a interpretaciones (el origen, no las lesiones) es recomendable leer un apéndice a su estudio de 2017 para un resumen de las lesiones y su diagnosis: Trinkaus E., Villotte S. (2017), "External auditory exostoses and hearing loss in the Shanidar 1 Neandertal. Supporting Information Appendices", PLOS One, ver nota 2. Ver también "Shanidar 3 - Neanderthal Skeleton" en Smithsonian Institute. Consultado el 13 de diciembre de 2020.

[3] Trinkaus E., Villotte S. (2017), ibid.