"Jesús, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo, 18,3). Algo tienen los niños cuando irrumpen en el mundo de los adultos: si consiguen pararnos y hacernos pensar, nos hacen más sabios. Cada año, la Navidad, con su pequeño Dios en la cuna, intenta hacer eso.

Jesús insistía en poner a los niños como maestros, escandalizando a la sociedad de su época (judía o pagana) en la que el principio de poder y autoridad lo marcaba todo. "De los que son como niños es el reino de Dios. El que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él", insiste en Marcos 10, 15.

La periodista parisina Anne-Dauphine Julliand ha hecho algo parecido con "Ganar al viento" el emocionante documental que se estrena estos días en España. Como Jesús, ha llamado a unos niños y los ha puesto en medio de nosotros.



Son cinco niños y tienen enfermedades graves. Algunos reciben simplemente cuidados paliativos, tratando el dolor, quizá no muy lejos de la muerte. Pero juegan, son felices y aprovechan el tiempo, el día a día. En eso son nuestros maestros. La película ha sorprendido con más de 300.000 espectadores en Francia y críticos conmocionados.


Anne-Dauphine Julliand, que es católica aunque habla poco de su fe, conoció el mundo de los niños enfermos (y sabios) en su propia casa: dos de sus hijas murieron con una cruel enfermedad degenerativa, una con 4 años, otra con 11. Lo explicó en sus libros "Llenaré tus días de vida" (Temas de Hoy) y Un día especial (Palabra). (Un resumen aquí en ReL). Pero ella quería profundizar más en esta frontera de los niños enfermos pero alegres.     



Así seleccionó a Imad, Amber, Charles, Camille y Tugdual, de entre 5 y 9 años, niños que llevan ya un tiempo con su enfermedad, asumida, bien acompañados por sus padres. Una lleva el dosificador de morfina contra el dolor todo el día en la mochila: con ella hace teatro y va en patinete. Otro sufre dolor en su piel hipersensible, que debe proteger y acolchar... pero juega a fútbol y corre en triciclo. Todos disfrutan. A veces lloran un poco. 

El rodaje se hizo en 52 días repartidos a lo largo de un año. No busca la lágrima fácil ni la simple emoción. Sí es emocionante, pero, sobre todo, hace pensar, repensar las prioridades de los días que nos quedan. Que no son tantos.




- Soy escritora, pero hay cosas que no se pueden escribir. En mi propia historia fui viendo tanto niños sanos como enfermos y quise dar la palabra a los niños. Que nos explicaran sus ganas de vivir. Yo veía que no podía contar esto ya como “una mujer que escribe”. Quería mostrarlo, que se viese y se escuchase. Un productor me animó a hacer el documental. 


- Desde el principio tenía claro que quería grabar a la altura del niño. También tenía claro que solo hablarían los niños, que no habría declaraciones de médicos, de expertos, etc... Como los niños se mueven mucho, corren, nosotros, con nuestras cámaras y equipos de sonido, debíamos ser capaces también de hacerlo. Era un reto seguir su ritmo: están sentados y de repente se ponen a correr. Todos esos patinetes, triciclos, bicicletas, toda esa velocidad, aunque sean niños enfermos… son parte de su vida. Los niños, en todo el mundo, siempre van corriendo y estos niños también. 


- Sólo les hacía una pregunta: ¿qué quieres enseñarnos de tu vida? Y ellos decidían enseñarme sus partidos de fútbol, sus sesiones de teatro, su vida en casa, en el hospital... Ante la cámara eran naturalmente naturales. Nunca les dije: “olvida la cámara”, solo había una. Ni les pedía actuar nada. El niño con la piel frágil, de "alas de mariposa" fue quien insistió en que le grabase durante el baño, porque al principio yo no quería. Es un baño que requiere mucho cuidado, mucho rato. Me dijo: “si no grabas el baño, no vale la pena, porque forma parte de mi vida”. 




- Es su sabiduría natural ante la vida. La enfermedad les cambia las rutinas del día a día, pero la clave es que no afecta a sus ganas de vivir. Todos los niños tienen una visión sin tabúes ni miedos. Claro que hay cosas que no les gustan, pero no les quitan las ganas de vivir. 


- Vi que se confirmaban cosas que yo ya había visto, y con niños muy distintos, de distintas regiones, culturas y enfermedades, incluso un niño de Argelia. Todos tenían la misma visión: ser capitanes de su vida, elegir como vivirla. La película se llama "Ganar al viento", porque ellos, como capitanes de barco, pueden usar ese viento, gobernarlo. Uno de ellos, Tugdual, dice en cierto momento: "Nada impide ser feliz". Me impactó. Y creo que tiene razón.  




- Los adultos han olvidado que la vida se vive momento tras momento. Es algo que se sabe de niño y se olvida al crecer. Los adultos pensamos demasiado en el futuro y el pasado. Yo animo a ver la película como un niño: así se entiende mejor. 

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Se estrena este viernes en los cines de, por el momento, 11 ciudades de España. Parte de la recaudación se donará a la Asociación de Enfermedades Raras (www.enfermedades-raras.org) y a JuegaTerapia.org. Una lista de cines y ciudades que la exhiben se puede consultar aquí

 

TRAILER GANAR AL VIENTO - V.O.S.E. from Film Buró on Vimeo.