La película Claret, de Pablo Moreno, sobre San Antonio María Claret (1807-1870) se estrena en España el 24 de septiembre.

Pablo Moreno tiene ya mucha experiencia filmando biopics de santos del siglo XIX y XX y con sus películas nos ha acercado a San Pedro Poveda, a Santa Soledad Torres Acosta, a la madre Helena Studler y a los mártires claretianos de Barbastro.

El reto que se le planteaba con Claret era, probablemente, aún más ambicioso y complicado.

Por un lado, había poco que contar. Claret no murió mártir, no fue un misionero explorador, las guerras no le afectaron muy directamente, no hacía grandes milagros. Por otro lado, había mucho, demasiado, que contar. Fue predicador rural itinerante, obispo en Cuba en años de esclavismo y turbulencia, confesor de Isabel II en la Corte y murió en el exilio cuando ella fue derrocada por un golpe militar. La época es complicada, difícil de resumir.

De hecho, la película cubre no una, sino dos épocas. En los años 30 del siglo XX, mientras España se va rompiendo, el escritor Azorín va explicando a su esposa y a su colega Pío Baroja sus hallazgos al investigar la figura de Claret. Eso da pie a las escenas sobre la vida del santo, que había muerto 50 años antes.

La película cubre su etapa en pueblos de Cataluña, recrea escenas de la Guerra Carlista, recoge con bastante detenimiento su etapa en Cuba (los matrimonios interraciales, los abusos de los terratenientes, el intento de asesinarlo con una navaja) y luego nos lleva a la Corte, con recepciones, trajes elegantes e intrigas en salones.

Es una película de bajo presupuesto que se lanza a cubrir muchos decorados, y sale airosa casi siempre, con alguna excepción (especialmente el salón de los políticos anticlericales, con sofás de piel sesenteros y decoración cubista de fondo). En cierto sentido, había un reto de reflejar la Hispanidad en su pluralidad: catalana, madrileña, cubana... No siempre se consigue: los catalanes del filme no tienen acento catalán, los cubanos sólo a veces...

Actores adecuados

Scott Cleverdon queda bien con su acento británico en el papel del general O'Donnell, aunque dado que el militar nació en Canarias y siempre vivió en España, parece casi seguro que no tenía tal acento.

Carlos Cañas hace un buen trabajo dando vida a Azorín, que no es un mero narrador ni recurso estilístico, sino un personaje real por el que nos preocupamos y al que acompañamos en sus inquietudes, que son las de España (y no solo las de entonces).

Antonio Reyes cumple bien en el papel de Claret... excepto cuando predica. Claret era un predicador incansable y predicar era, por así decirlo, "su superpoder". La película no logra captarlo. Se renuncia a toda solemnidad en los sermones y lecturas, y cuando alguien predica o cita el Evangelio -no sólo Reyes, sino otros clérigos- lo hace siempre con un tono demasiado coloquial, como de pasada. Eso es una debilidad e innecesario cuando el espectador sabe que se enfrenta al biopic de un santo antiguo.

La esclavitud... y el público internacional

El filme hace bien en detenerse en la etapa cubana. Tiene muchos temas que tratar y a veces se limita a mencionarlos. Por ejemplo, no entra casi en el movimiento separatista cubano aunque el santo obispo catalán trató personalmente con sus líderes presos. ¿Un tema demasiado cercano a la España de 2020?

Se detalla más bien el tema racial y los abusos a esclavos. "Una limosnita para comprar una esclavita", pide al obispo una mujer de clase baja. "Aquí son muy baratos, hasta los sacerdotes tienen", le explica un cura del lugar. ¿Por qué hay tantos abusos? "Antes éramos una provincia con representación en Cortes pero ahora somos una colonia", detalla un sacerdote.

Recuerdan varias veces que los poderosos Estados Unidos, esclavistas aún en esta época, miran con ambición la isla... Los ricos dueños de esclavos parecen sugerir que "si España no transige con la esclavitud, nos pasamos a EEUU".

Otro reto difícil de la película es que no va dirigida sólo a público español. Los claretianos tienen hoy escuelas y universidades por todo el mundo, por África, América, Asia... y sus alumnos y amigos verán esta película. La situación de los esclavos negros en esta película (y el papel de España) no la captará igual un espectador español que un alumno de la Universidad Claretiana de Nigeria.

De los pasajes cubanos, son antológicas dos escenas protagonizadas por la rica señora Sandoval (Assumpta Serna). En una intenta saltarse la cola de personas que quieren confesarse con el obispo. "¡Pero si son esclavos!", protesta.

En otra, habiendo crecido su fe y conciencia social, sentada mientras le abanican dos sirvientas negras, les pregunta: "¿Vosotras sois felices?" Ellas quedan desconcertadas y no aciertan a responder, o no se atreven. Pero, ¿y si nos hicieran la misma pregunta a nosotros?

Isabel II, 27 años, 5 bebés muertos, soledad

La película alcanza velocidad de crucero cuando Claret llega a Madrid, por petición de la Reina Isabel II, que entonces tenía 27 años y ya había dado a luz a 5 niños muertos. Su padre murió cuando tenía 3 años y a ella la casaron a los 16 con su primo Francisco de Asís, sin ningún amor entre ellos.

La película nos hace empatizar con la reina, enfrentada a retos y obligaciones imposibles, cuando, al fin y al cabo, ella es sólo es una mujer joven muy herida. "Estoy muy sola", insiste al sacerdote. "Usted es el único padre que he tenido", le explicará al santo.

Los políticos anticlericales maniobran para intentar expulsar a Claret. "Cuando él no está, la Reina es más manejable", comentan. Y Claret no quiere meterse en políticas de partido, pero en esta época muchas cosas entrelazan a la Iglesia y el Estado. Por ejemplo, la Reina puede elegir obispos de entre una terna que se le presenta. "Padre Claret, hábleme de estos obispos, sus virtudes y defectos", le pide.

La actriz gallega Alba Recondo hace un magnífico trabajo en la piel de la reina, empatizaremos con ella y nos dará mucha pena.

Uno de los fotogramas más memorables que deja esta película es el de la joven monarca 'bañándose' en el Cantábrico, como intentando purificarse de todo aquello que trata de hundirla. Pero sus ropajes, sus lacayos... todo indica que su entrega no puede ser total, está demasiado atada, sin escapatoria. Podemos aplicárnoslo a nivel espiritual.

Isabel es expulsada de España por la Revolución de 1868, y sale en tren, acompañada de Claret. El exilio de Claret y la Reina encadenan en el filme con el de Azorín y su esposa y multitud de españoles que huyen de la Guerra Civil 60 años después, también en tren. "Ambos bandos tienen motivos para matarme", señala Azorín en la película.

Esos mismos días de 1868 era asesinado en la nueva casa claretiana de Selva de Mar (Tarragona) Francisco Crusats, el primer mártir claretiano, hoy en proceso de beatificación. Un grupo de violentos con armas asaltaron la casa, él salió a recibirlos y le dieron una cuchillada que le mataría desangrado. Es evidente que Pablo Moreno no tiene ningún problema en contar historias de mártires, pero por alguna razón este episodio no se recoge, quizá por llegar ya al final de la película.

De hecho, el exilio de Claret se resume aquí en muy pocos minutos. "Padre Claret, en España está usted en busca y captura, dicen que acapara armas para dar un golpe de estado borbónico", le comenta un religioso, describiendo la situación. Y la película tampoco recoge su paso por el Concilio Vaticano I en 1870.

Una escena mística y valiente al final

El final de la película nos sorprende con una escena valiente, mística y emocionante, quizá la más lograda de todo el filme. El rostro femenino que se nos muestra durante apenas un segundo nos impacta por su juventud, fuerza y señorío. Tiene la verdadera realeza de la que carecía Isabel, que era sólo una mujer sola y herida. Retoma el azul de la Virgen que se ha repetido en imágenes a lo largo de la película, pero intensísimo, al recibirnos en el Reino de Vida en abundancia.

La película homenajea a otras películas del mismo director (apariciones relámpago de Poveda, Soledad, los mártires de Barbastro y Helena Studler) y en muchos aspectos las supera: mejores actores, mejores localizaciones, fotografía más audaz... Despierta interés no sólo por el santo, sino por la época. El espectador sospecha que "tiene que haber mucho más" por contar. Y eso ya es un gran fruto.

Más información en:
https://claretlapelicula.com