¿Se puede conocer la realidad de Cuba desde un convento de clausura de La Habana? Aunque la lógica indique que los muros son una separación insalvable la respuesta es afirmativa gracias al documental Un millón de hostias. A través de las trece carmelitas descalzas, únicas monjas de clausura que existen en toda la isla, se realiza un acertado retrato de los católicos cubanos y de la realidad de una sociedad que sigue sufriendo los efectos del comunismo desde hace 57 años.

(El documental se proyecta en Madrid desde este 25 de noviembre hasta el 4 de diciembre en la Cineteca del Matadero. Aquí puede ver los horarios de las proyecciones).

Para ello, el director hace este recorrido acompañando a las cientos de miles de obleas que estas monjas realizan cada año para surtir a todas las parroquias de la isla. Las hostias realizadas por las religiosas son el nexo de unión de las distintas tramas: la historia de estas monjas; de los padres de una de ellas que siendo hija única y educada en el ateísmo decide ser religiosa; y la de una familia pobre en la que ya tres generaciones se han encargado de llevar la comunión a los enfermos.



Finalmente, las tres tramas confluyen en la visita del Papa Francisco a Cuba en 2015 en la que precisamente se utilizaron las hostias realizadas por las monjas. Para entonces, el espectador ya tiene una visión global de Cuba y de la personalidad de un pueblo que destaca por su alegría pese a todo.

[Varios lectores han avisado a ReL que en Cuba también existe un pequeño convento de clasura de dominicas y las carmelitas no serían las únicas, tal y como relata el documental]


Se trata por tanto de un análisis sociológico de la pobreza que el comunismo ha traído a Cuba, una radiografía de su alegre religiosidad y también un testimonio de fe y vocación de unas monjas que viven su vida contemplativa en la Cuba comunista.

En conversación con Religión en Libertad, el director de Un millón de hostias, David Moncasi, explica cómo le vino a la cabeza la idea de hacer un documental centrado en estas monjas y que sin ser religioso tiene un fuerte componente de fe:

“En 2010 estando de vacaciones descubrimos de manera casual que en el barrio de El Vedado de La Habana había un convento de clausura, precisamente el único, pedí ayuda para visitarlo y me dejaron entrar. Quedé impresionado al descubrir que sus trece monjas fabricaban todas las hostias de la isla”.


Fue entonces cuando pensó en hacer este documental. Pero las cosas no iban a ser tan sencillas. Las monjas no le permitieron filmarlas y le dijeron que necesitaban una señal antes de poder decir que sí. Así pasaron cuatro años hasta que de vacaciones en Cuba, David Moncasi fue de nuevo visitar a estas monjas junto a su mujer y su hijo Bruno, de apenas dos años.

Si hoy se puede proyectar ese documental es en gran parte gracias al niño, que se quedó con las monjas y jugó con ellas durante un rato. Unos días después la señal había llegado y no era otra que el hecho de que existiese unanimidad en toda la comunidad. Ahora gracias a Bruno la había. Ya podía comenzar el rodaje.


El documental sigue el recorrido de las obleas por Cuba y así hace una radiografía social del país


El propio director explica que el convento debía ser el punto de partida para contar la aventura de las hostias que ellas fabrican, dónde iban, quién las recogía o quiénes las iban a recibir una vez consagradas. Las “obleas viajeras” mostrarían Cuba.

“Repartiendo las hostias consagradas por las casas entrabas hasta el fondo de la vida de gente que no aparece en ningún sitio”, recuerda Moncasi. Así aparecen las cartillas de racionamiento, los informativos propagandísticos del régimen que provocan el hartazgo del pueblo o la religiosidad de la gente anciana y enferma, los últimos de los últimos.


Sobre lo allí vivido el director asegura que “la iglesia estaba siempre llena, hemos visto gente con mucha fe y con esperanza a pesar de que viven con lo justo o menos y pese a ello tienen una dignidad que llama la atención”.

En lo personal, el director confiesa que “el convento me emocionó muchísimo, ver la vida de las monjas, esos tres días con ellas en silencio, esa paz y tranquilidad…Verlas con esa paz en las entrevistas hizo que mi cabeza diera muchas vueltas a muchas cosas”, pues él se define como un católico que “no practica todo lo que debería”.


Las trece monjas viven en "una isla dentro de la isla" y de momento han sobrevivido al comunismo


Incluso desde el propio Vaticano se han interesado por el documental y le han pedido una copia por lo que desde la productora esperan que el Papa pueda visionarlo.
También las monjas confían en que este documental ayude a las católicas cubanas a despertar la vocación religiosa. Como recuerda la priora en el documental, “necesitamos sangre nueva y en Cuba hay muchas jóvenes que pueden sentirse atraídas por este camino. Yo misma pensaba que sería una soltera feliz hasta que descubrí a Jesús y me di cuenta de de que nadie me iba a amar como él”.

(Si quiere más información sobre Un millón de hostias pinche aquí).