Durante la tradicional audiencia de los miércoles, el Papa Francisco recibió una copia de la película Luz de Soledad, producida por Goya Producciones, de manos de Josemaría Muñoz y Pablo Moreno, productor y director respectivamente, así como de Alfonsa Bellido, Madre Superiora de las Siervas de María, y la actriz protagonista Laura Contreras.

El Santo Padre bendijo a los asistentes, agradeció el regalo y elogió los videos que Goya Producciones ha hecho sobre la preparación al Matrimonio y el Amor Conyugal y la Paternidad Responsable, en sintonía con la encíclica Amoris laetitia.

La película Luz de Soledad, que relata los inicios de las Siervas de María, fue presentada este jueves en la Filmoteca Vaticana ante una selecta audiencia compuesta por personalidades de la Curia Romana, superiores y directivos de diversas realidades eclesiales.

Luz de Soledad en su primer fin de semana de exhibición ha logrado entrar en la lista de las 20 películas más vistas de España y continúa en cines de Alcalá de Henares, Alicante, Ávila, Badajoz, Bilbao, Cádiz, Ciudad Real, Ciudad Rodrigo, Córdoba, Ferrol, Granada, Las Rozas, Madrid, Palencia, Pamplona, Pinto, Punta Umbría, Salamanca, Santander, Santiago de Compostela, Segovia, Sevilla, Tenerife y Valencia.

La película cuenta la historia de un hombre duro e irascible, convaleciente por una enfermedad, que será cuidado por una religiosa Sierva de María con la que no quiere tratar. Ese es el hilo conductor que lleva a exponer la vida y el contexto de Santa Soledad y sus hermanas de congregación.


María Soledad Torres Acosta, cuyo nombre de nacimiento era Bibiana Antonia Manuela, nació y se crió en Madrid. Hija de lecheros, asistía a una escuela gratuita y ya de niña quería ayudar a otros, por ejemplo, impartiendo catequesis.

A los veinticinco años entró en las Siervas de María, congregación que estaba poniendo en marcha el padre Miguel Martínez Sanz con la misión de acompañar y cuidar a los enfermos solos, especialmente pobres, y viviendo solo de donativos.

Manuela, junto con otras seis compañeras, tomó el hábito de la nueva congregación el 15 de agosto de 1851, cambiando su nombre de pila por el de María Soledad. Nacían así las Siervas de María, Ministras de los Enfermos.

Ella era de complexión débil, enfermiza, con pocas fuerzas físicas, pero de mucho temperamento y carácter. En apenas dos años, la congregación alcanzó los 22 miembros, pero luego, por la dureza de su vida, fueron abandonando muchas. Además, el padre Miguel se fue a la isla de Fernando Poo, en Guinea Ecuatorial, con varias de las religiosas, por lo que Soledad queda como superiora de las 12 hermanas que quedaban en tres ciudades: Madrid, Getafe y Ciudad Rodrigo.

Hubo un tiempo en que pareció que la congregación, con conflictos internos, podía desaparecer, pero en 1857, con un nuevo director espiritual, nuevos estatutos y hasta el apoyo de la reina Isabel II las Ministras de los Enfermos se consolidaron y extendieron por España.

Una de las frases preferidas del Evangelio para Soledad era “Estuve enfermo y me visitasteis… lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos a Mí me lo hicisteis”. Señalando la imagen de Jesús yaciente como "Divino Enfermo", decía: "Recuerden las Hermanas que los enfermos son imágenes vivas del Señor y sírvanles como al mismo Señor”.