Tras su publicación en 2013, El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín Fenollera, se convirtió en un bestseller nacional e internacional. La escritora gallega (La Estrada, Pontevedra, 1970), licenciada en Derecho y jefa de Opinión del diario económico Cinco Días, vio cómo en muy poco tiempo su opera prima era traducida a media docena de idiomas y se convertía en un éxito de ventas en setenta países.

Ahora la novela, que narra el descubrimiento por la protagonista de la verdadera naturaleza de las cosas gracias a su integración en el idílico y pre-moderno pueblo de San Ireneo de Arnois (donde el personaje más relevante es el monje de un cercano monasterio), ha recibido un respaldo muy notable: el de Joseph Pearce, biógrafo de los grandes escritores católicos de lengua inglesa del siglo XX, de G.K. Chesterton a JRR Tolkien, pasando por C.S. Lewis ("casi" católico), Hilaire Belloc o Roy Campbell.

Pearce acaba de publicar un artículo en The Imaginative Conservative bajo el título "The awakening of Miss Prim: a breath of fresh sanity [El despertar de la señorita Prim: un soplo de fresca cordura]", que reproducimos a continuación:


Estos días he estado consultando Alfred A. Knopf 1915-2015: A Century of Publishing, un volumen que rinde homenaje al legado de uno de los editores más influyentes. Knopf, ahora un sello de Random House, ha publicado a venticinco Premios Nobel y a numerosos Premios Pulitzer y ganadores del Premio Nacional de Literatura. Lo que me chocó al hojear este volumen fue, sin embargo, la decadencia de la calidad literaria en las últimas décadas, sin duda un reflejo de la decadencia general del nivel cultural y de la consecuente decadencia de la sensibilidad literaria.

En sus primeros cincuenta años Knopf publicó, entre otros, a Sigrid Undset, Knut Hamsun, Willa Cather, Hilaire Belloc, Maurice Baring, Thomas Mann, Wallace Stevens, T.S. Eliot, Robert Frost, y Walker Percy, por citar sólo algunos de los más ilustres. Uno se pregunta dónde pueden encontrarse hoy autores de este calibre. No hay duda de que son pocos y distantes entre sí, una raza moribunda, una especie en peligro de extinción. Por eso siempre es una sorpresa agradable encontrar algo actual que valga la pena ser leído en medio del páramo en el que se encuentra el lector con criterio. Uno de esos autores contemporáneos a los que definitivamente vale la pena leer es Natalia Sanmartín Fenollera, una joven escritora madrileña cuya primera novela, El despertar de la señorita Prim, se ha convertido en un sorprendente bestseller internacional.



Supe de la existencia de la novela de Fenollera cuando publicamos una entrevista con ella en St. Austin Review, un periódico cultural del que soy editor. Intrigado y gratísimamente impresionado por la elocuencia de Fenollera y su evidente amor por todo lo que es bueno, verdadero y bello en la civilización occidental, simplemente tenía que tener la novela entre mis manos.

Situada en la pequeña localidad de ficción de San Ireneo de Arnois, donde la mayor parte de la gente dirige pequeños negocios y donde está notablemente ausente la invasión globalizadora, El despertar de la Señorita Prim saca al lector del agobiante mundo en el que vive y le sitúa en un mundo encantado de cultura elevada y placeres simples.

San Ireneo, se nos explica desde el principio, es “una colonia de exiliados del mundo moderno en busca de una vida sencilla y rural". Es idílica, casi utópica, y ejerce el mismo tipo de atracción sobre el lector que la Comarca en El Señor de los Anillos. Es un lugar que se vive como la propia casa, aunque nunca hayamos estado allí, un lugar que expresa esa nostalgia del corazón por la lumbre y el hogar que se han perdido en nuestro mundo frío sin corazón y sin hogar. Al entrar en San Ireneo cruzamos el umbral de un mundo maravilloso donde la vida se ve como realmente es, como algo cargado con la grandeza de Dios. Recuerda quizás la entrada en el armario de C.S. Lewis [la vía de entrada a Narnia], pero una mejor analogía podrían ser estas palabras de Evelyn Waugh: “La conversión”, escribió Waugh, “es como salir por la chimenea de un mundo visto como en un espejo deformante, donde todo es una absurda caricatura, para entrar en el mundo real tal como Dios lo hizo; y entonces comienza el delicioso proceso de explorarlo sin limitaciones”.


La escena de Las Crónicas de Narnia: el León, la bruja y el armario (2005), de Andrew Adamson, a la que hace referencia Pearce.

Las palabras de Waugh son un compendio perfecto de lo que le sucede a Prudencia Prim, la protagonista de la novela, en cuanto llega a San Ireneo. Ella trae consigo el orgullo y el prejuicio que conforman el bagaje psicológico de la mujer súper-moderna que es. Se ve apelada por la sabiduría y la inocencia de la gente de San Ireneo y, en particular, por el misterioso e innominado Hombre del Sillón, que no sólo se enfrenta al orgullo y al prejuicio de la señorita Prim sino que agravia su sentido y su sensibilidad. Se palpa el sugerente y casi insistente paralelo con los personajes de Jane Austen en la relación entre la señorita Prim y el Hombre del Sillón, a quien ella encuentra exasperante y, sin embargo, a la vez extrañamente atractivo.

Fenollera confiesa que muchos lectores han visto en el Hombre del Sillón a Mr. Darcy, de Orgullo y prejuicio, y por tanto en la señorita Prim, por extensión o conclusión, a Elizabeth Bennet. Pero Fenollera discrepa: “Yo diría que él tiene mucho más en común con otro personaje surgido de la pluma de Jane Austen, el Sr. Knightley de Emma”.


Arriba: Fitzwilliam Darcy (Matthew MacFadyen) y Mrs. Elizabeth Bennet (Keira Knightley) en Orgullo y prejuicio (2005), de Joe Wright. Abajo: George Knightley (Jeremy Northam) y Emma Woodhouse (Gwyneth Paltrow) en Emma (1996) de Douglas McGrath.



Y añade que hay incluso algo de C.S. Lewis en el personaje del Hombre del Sillón, así como una pizca de John Senior, el gran profesor de Humanidades cuya influencia se presenta como fundamental en toda la novela de Fenollera. ¿Cómo no querría alguien leer una novela cuyo protagonista masculino es una mezcla de C.S. Lewis, John Senior y el Sr. Knighthley de Emma de Jane Austen?


John Senior, autor de The restoration of Christian culture [La restauración de la cultura cristiana], uno de los pensadores preferidos de Natalia Sanmartín Fenollera.

No hace falta decir que El despertar de la señorita Prim, con toda su riqueza y encanto, ni siquiera se acerca a igualar la brillantez de la incomparable Jane Austen. Este comentario, sin embargo, es lo contrario de un cumplido a medias, es más bien una especie de crítica a medias. Después de todo, nadie puede hacer sombra a la incomparable Jane Austen, justificadamente considerada la mejor novelista que haya existido jamás.

Sin embargo, lo cierto es que el editor podría y debería haber corregido ciertos aspectos del estilo de Fenollera, de los cuales no es el menor una naïveté [inocencia] que ocasionalmente pone a prueba la credulidad del lector, como la escena en la que la señorita Prim le dice al hombre a quien está visitando que le gustaría quedarse toda la noche. Claramente la señorita Prim no quiere decir de esta forma tan chocante lo que muchos de sus lectores estarían tentados de interpretar. Tan estirada y formal como siempre, claramente ella quiere decir que le gustaría quedarse un rato más, no que le gustase acostarse con su amigo. Es posible, desde luego, que esa expresión desafortunada y torpe sea un error del traductor y no esté presente en el original español de Fenollera. No obstante, podría y debería haberse corregido antes de publicarse. Aunque es el más claro ejemplo de negligencia editorial, no es el único caso de una expresión torpe. Tales casos no arruinan la capacidad del lector para vencer su suspicacia -un requisito necesario para comprometerse plenamente con la historia-, pero debilitan la experiencia en la imaginación. : Efectivamente, como sugiere Pearce, se trata de un problema de la traducción inglesa. En el original español de la escena mencionada (parte III, capítulo 2) no hay equívoco posible que pueda sugerir en la señorita Prim una invitación de esa naturaleza.
 
Sin embargo, y a pesar de estas reservas, estoy muy feliz de haber leído este libro delicioso y lo recomiendo con entusiasmo. La razón es la profunda afinidad que siento por el espíritu con el que está escrito, espíritu esenciado en la cita de John Henry Newman que Fenollera elige para abrir la novela: “Creen que añoran el pasado, pero en realidad su añoranza tiene que ver con el futuro”. Como análisis final, El despertar de la señorita Prim nos muestra que nuestra nostalgia de una imaginaria edad de oro en el pasado es meramente el profundo anhelo del corazón humano de la edad de oro en el futuro que aguarda a quienes alcanzan la unidad con Cristo en el cielo. Ése es el “final feliz” al que apunta el despertar de la señorita Prim.

Traducción de Carmelo López-Arias.
 
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Título: El despertar de la señorita Prim Ocio Hispano
Autor: Natalia Sanmartín Fenollera  
Editorial: Planeta  
Páginas: 352 páginas    
Precio 18,90 €