El periodista Salvador Sostres, de 44 años, ha entrevistado en ABC al dramaturgo,  comediante y pensador Albert Boadella, que ya tiene 76. Hace no muchos años ambos catalanes eran más o menos bohemios, provocadores, alborotadores, críticos con lo "estándar", lo "establecido". Siguen siendo provocadores y amigos de la polémica, pero ahora desde una creciente apreciación de lo tradicional, lo clásico, lo eterno y el Misterio. Sostres logra que Boadella lo concrete en palabras

"La Navidad cambiaba el signo de las cosas", explica Boadella. "Había una euforia que no se basaba en el consumo, sino en la ternura con que la gente se felicitaba. Esto ha cambiado. Ahora sólo es un motivo de encuentro familiar. Yo lo he intentado mantener. Todavía hago el belén, ahora para mis nietos. Y procuro contarles historias, crear un ambiente especial. Me gusta que la Navidad sea ternura, algo más que regalos y comida", explica Boadella. Explica sus costumbres navideñas: belén en casa, comida del 25, Reyes Magos...

"Creemos en cosas insípidas, la espiritualidad se considera fascista"

Después Boadella contrapone la opulencia con la espiritualidad. "La sociedad del bienestar nos engancha al puro consumismo. Hay que pasarlo un poco mal para tener otras ideas. Cuando tienes dificultades te vuelves más espiritual, más idealista. Hoy no creemos en nada. Sólo creemos en cosas insípidas", afirma.

Y denuncia, molesto, que en la actualidad "cualquier espiritualidad se considera fascista".

"Yo lo que no soy es ateo", añade el actor y dramaturgo. "Pienso que es muy difícil que un artista, por mucho que se empeñe, sea ateo. Lo tiene que forzar demasiado. Los artistas no sólo trabajamos con lo intangible sino que nos queremos aproximar a ello. Todos los artistas quieren ser ateos pero luego quieren que creamos en lo suyo religiosamente".

Boadella cree que su postura actual, enraizada en intuiciones de toda la vida, tiene que ver con un cierto escepticismo sano a las ideologías y sus seducciones. "Yo tuve la suerte de no ser nunca comunista. Esto es muy importante. Soy el 90% de cultura cristiana", explica.

El Misterio en la liturgia

Se reafirma en algo que ha declarado en otras ocasiones que le fascina: el Misterio, que palpa en la liturgia. "Las celebraciones religiosas son signos que transmiten una necesidad. He procurado ser permeable a ellos. No voy mucho a Misa, pero si hay una en latín y de espaldas, ahí estoy. La liturgia es fundamental". Por el contrario, critica "la destrucción de la liturgia, del ritual. Este gusto actual por el populismo, por rebajarse a la masa es mortífero. Yo soy preconciliar".

¿Y la Iglesia? "A mí no me molesta en absoluto la Iglesia pero me molesta la poca inteligencia con que a veces actúa. Aunque no vaya mucho a Misa, la veo como mía y me duele cuando veo que se perjudica".

Boadella no duda de que el teatro y el sacerdocio están emparentados en su generación y gestión del Misterio, en ayudar a vislumbrar lo que hay más allá del velo de las apariencias cotidianas.

"Mis predecesores eran colegas de los sacerdotes. Estamos implicado en lo mismo. Es una misma transmisión moral. En el caso de la Iglesia es también espiritual y religiosa. En el caso del teatro, no siempre, aunque sí a veces. Pero en cualquier caso, los brujos de la tribu, con sus taparrabos, y nosotros, somos primos hermanos", afirma.

Preparándose para la muerte: "que no me coja por sorpresa"

A su edad, ha reflexionado sobre el dolor y la muerte. "Me da miedo el dolor, sobre todo desde que tuve un cólico nefrítico. Cada vez que me vuelve una sombra de ese dolor me quedo pálido. Pero si se me cerraran los ojos y una voz me dijera «se acabó», no creo que me asustara. La edad es un factor notable y me doy cuenta de que con el tiempo he ido creando a mi alrededor un universo de pensamientos para irme acostumbrando a la muerte, para que no me coja por sorpresa, ni en lo anímico, ni en lo espiritual, ni en las cosas más mundanas, que también cuentan. He hecho testamento, he puesto en orden mis cosas para que a mi mujer, Dolors, que es la persona a la que más quiero, no le falte nada cuando yo ya no esté".

El laicismo que castiga la no-laicidad es un despropósito

Critica los excesos de cierto laicismo. "El laicismo es una parte de la estructura del mundo occidental. Pero suele llevar consigo, es verdad, la censura de cualquier pensamiento que no sea el suyo, que no sea laico, de modo que la no-laicidad está castigada. Y esto es un despropósito, claro".

Y propone una forma de educar: las preguntas eternas. "Es esencial que la formación de niños y jóvenes pase por plantearse las preguntas eternas. Las preguntas que nos configuran como personas y como cultura. Por mucho que la ciencia avance, las grandes preguntas seguirán siendo exactamente las mismas".

Boadella ya trató con más detalle varios de estos temas entrevistado por La Contra TV en 2016; por ejemplo, en el minuto 42 hablaba de la relación entre el arte y la fe, los "aspectos intangibles de la vida".