Se publicará a principios de septiembre y está prevista su difusión masiva entre cardenales y obispos, y también entre miembros del sínodo y periodistas que cubran la información del acontecimiento. Será la aportación de la Unión Internacional de Juristas Católicos (UIJC, fundada en 1986 y reconocida en 2002 por el Consejo Pontificio para los Laicos como asociación de derecho pontificio) al intenso debate que está teniendo lugar en la Iglesia desde hace meses en torno a las resoluciones doctrinales o pastorales que puedan emanar del sínodo extraordinario sobre la familia convocado por la Santa Sede del 4 al 25 de octubre.

Bajo el título De Matrimonio, el volumen contará con la participación de nueve miembros de la UIJC: Danilo Castellano, de la Università degli Studi de Udine (Italia); Ricardo Dip, del Tribunal de Justicia de Sao Paulo (Brasil); Brian McCall, de la Universidad de Oklahoma (Estados Unidos); Wolfgang Waldstein, de la Universidad de Salzburgo (Austria); Bernard Dumont, director de la revista Catholica de París (Francia); Alejandro Ordóñez Maldonado, Procurador General de la República (Colombia); José María Sánchez, de la Universidad de Sevilla (España); Luis María de Ruschi, del Tribunal Interdiocesano Bonarense (Argentina); y Miguel Ayuso, de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid (España), presidente de la Unión Internacional de Juristas Católicos y coordinador de la obra.

Los análisis de todos estos especialistas sobre la situación actual del matrimonio y la familia coinciden en señalar -como sintetiza la presentación- la mutua correspondencia entre la "evaporación" del matrimonio de las legislaciones y el "eclipse" de la familia en las sociedades.


Pero el próximo sínodo podría ser escenario, además, de un acontecimiento de incalculables consecuencias: que la progresiva disolución del matrimonio y la familia en el ámbito jurídico-civil se tradujese en el ámbito eclesiástico en una grave ruptura de la doctrina sacramental mediante la propuesta del cardenal Walter Kasper de permitir la administración de la Sagrada Comunión a personas en situación de adulterio y por tanto de pecado objetivo.

Dicha propuesta, secundada por la conferencia episcopal alemana, "se presenta como el desafío más grave presentado desde el siglo XVI a la integridad de la doctrina católica", afirma en el libro Ordóñez Maldonado. Por eso, buena parte de las aportaciones se centran en distintas perspectivas sobre la indisolubilidad del matrimonio como fundamento del orden social, y en la familia y el matrimonio como los últimos círculos de ese orden que la modernidad aspira a detruir.


La propuesta de Kasper será el gran escenario de batalla en el sínodo. Todo apunta a que los innovadores no podrán ganar esa batalla en el ámbito doctrinal, sobre todo tras las declaraciones del arzobispo Georg Gänswein (secretario personal del Papa emérito Benedicto XVI, pero también prefecto de la Casa Pontificia del Papa reinante, Francisco) censurando a esos pastores que "ceden al espíritu de los tiempos o se dejan llevar por el aplauso humano".

Sin embargo, está abierta la batalla en el llamado "ámbito pastoral", donde se intentaría dejar una puerta abierta a la comunión de los divorciados a criterio de conferencias episcopales, obispos o incluso párrocos, sacerdotes o los mismos interesados.

Se trata de llamado "camino penitencial" del que habla el punto 123 del Instrumentum Laboris para el Sínodo presentado el 23 de junio por la Santa Sede: "Para afrontar la temática apenas citada, existe un común acuerdo sobre la hipótesis de un itinerario de reconciliación o camino penitencial, bajo la autoridad del Obispo, para los fieles divorciados vueltos a casar civilmente, que se encuentran en situación de convivencia irreversible. En referencia a la Familiaris Consortio 84, se sugiere un itinerario de toma de conciencia del fracaso y de las heridas que este ha producido, con arrepentimiento, verificación de una posible nulidad del matrimonio, compromiso a la comunión espiritual y decisión de vivir en continencia. Otros, por camino penitencial entienden un proceso de clarificación y de nueva orientación después del fracaso vivido, acompañado por un presbítero elegido para ello. Este proceso debería llevar al interesado a un juicio honesto sobre la propia condición, en la cual el presbítero pueda madurar su valoración para usar la potestad de unir y de desatar de modo adecuado a la situación".

Lo cierto es que no existe "un común acuerdo" sobre ese "camino penitencial", como ha señalado recientemente el arzobispo Athanasius Schneider: "La afirmación de que existe un ´común acuerdo´ en el ´camino penitencial´ no es correcta. El único documento público que permitiría determinar la efectiva opinión de los obispos sobre este tema es la Relatio Synodi de 2014. Allí está documentado que el 40% de los miembros del Sínodo rechazó un tal ´camino penitencial´... Más aún, no hay ninguna especificación en cuanto a una definición concreta de un tal ´camino penitencial´".

Como apunta el padre Santiago Martín, el "camino penitencial" (que el fundador de los Franciscanos de María ve difícil que se apruebe tal como está en el Instrumentum Laboris) sería "una especie de solución ambigua que después se utiizaría para ser una especie de trágala donde todo valiera".


La segunda cuestión donde la doctrina sobre el matrimonio podría verse afectada por la vía práctica se refiere al valor de la fe para la validez del sacramento del matrimonio, con vistas a una ulterior nulidad. Cuando el Instrumentum Laboris aborda como uno de los temas del próximo sínodo "la importancia de la fe en las causas de nulidad", señala que "respecto a la relevancia de la fe personal de los novios para la validez del consentimiento, se señala una convergencia sobre la importancia de la cuestión y una variedad de enfoques en la profundización" (n. 115).

Uno de esos enfoques apunta a que la falta de fe sería por sí misma causa de nulidad, punto que, según afirma en el libro de la Unión Internacional de Juristas Católicos el canonista argentino Luis María de Ruschi, puede pasar desapercibido en el ruido de la batalla de la comunión a los divorciados vueltos a casar, pero tiene graves consecuencias: "De admitirse que la falta de fe de los contrayentes implicaría en la práctica la exclusión de la sacramentalidad del matrimonio, más que sanar las heridas provocadas por los fracasos matrimoniales, se abriría una brecha que llevará a la incertidumbre y, a la postre, a la debacle del matrimonio en la comunidad eclesial".