En un entorno natural esplendoroso, formando parte de un conjunto arquitectónico único en el mundo, lejos de todo sonido urbano pero a media hora de una de las grandes capitales europeas, con pocos alumnos por aula y una enseñanza musical internacionalmente reconocida, programando cada curso media docena de viajes dentro y fuera del país...

Parece la descripción de una institución educativa de ensueño, pero, aunque los sueños son sólo sueños, la realidad de la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos se le aproxima razonablemente.


Al menos, en el recuerdo de quienes han pasado por ella. Como Juan Pablo Rubio Sadia, hoy un monje benedictino de poco más de cuarenta años y ayer un crío que llegó al centro con diez años y sin demasiadas ganas. Pero sólo al principio. "A esa edad, el primer paso no es fácil, te tienen que empujar un poco", nos cuenta: "Yo entré con un hermano mayor y estuve muy feliz, no sólo por compartir con los compañeros desde que te levantas hasta que te acuestas, sino también por la solidaridad que se crea al formar parte de un coro y aportar cada uno a esa obra común lo mejor de sí mismo, aprendiendo a la vez el gusto por el arte y por las cosas bien hechas".


Juan Pablo Rubio, OSB.

El padre Rubio es el director de Nova Schola, un coro de reciente creación (2014) que ofreció su primer recital público el pasado domingo 10 de mayo. La existencia misma de este grupo es una prueba palpable de que los escolanes que pasan por el Valle de los Caídos quedan marcados a fuego en el corazón: "Es una iniciativa de alumnos muy recientes, que tienen 16 ó 17 años, han salido hace dos o tres, y desean seguir cantando y continuar vinculados a la escolanía. Se han sentido muy a gusto aquí, son amigos y buscan prolongar su trayectoria musical. Y hay también una motivación religiosa, porque la formación litúrgica imprime carácter, y más aún revestida de tanta belleza y un marco como este del que hablamos". "Y lo digo por experiencia", apostilla el religioso.

Este domingo 24 de mayo, a las 12.45 horas, dentro del ciclo Europa: raíces, identidad, misión que organiza en la Hospedería del Valle de los Caídos el Foro San Benito, el historiador José Luis Orella pronunciará una conferencia sobre La nueva Edad Media. Antes, a las 10.30, rosario en la basílica por los cristianos perseguidos, seguido de la misa conventual.
Los chicos de Nova Schola acudieron a él para que se encargase de la dirección por tres razones: porque en tiempos fue escolán, porque ya como monje dirigió el coro (entre 2000 y 2008) y porque es doctor en Liturgia, profesor superior de Música por el Conservatorio de San Lorenzo de El Escorial y, tras haberse formado con la pléyade de los mejores especialistas europeos, docente de fuentes litúrgicas medievales y canto gregoriano en la Universidad San Dámaso de Madrid y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma.


Ya existe desde hace treinta años una asociación de antiguos escolanes de mayor edad, la Schola Antiqua, a la que se suman ahora los chicos de Nova Schola para reforzar cuando sea preciso las actuaciones de los actuales escolanes. Y es que "algo" hay en la escolanía que engancha a quienes pasan por ella, y descubrir ese "algo" es realmente lo que buscábamos al entrevistar a Dom Juan Pablo.

"El servicio de la liturgia te crea una necesidad", explica al darnos la clave: "Cuando te acostumbras a liturgias de tanta belleza, con tanta solemnidad, y te quedas sin ello, echas de menos lo que has vivido de forma tan intensa durante cuatro años maravillosos de tu vida. La liturgia te crea un sello indeleble".


La impresionante Cruz del Valle de los Caídos, la mayor del mundo.

En torno a ella gira la vida académica del centro. Se imparten cinco cursos, desde 4º de Primaria a 2º de ESO (a buen nivel, si se juzgan los resultados cuando abandonan la escolanía), con una formación musical de primer orden: son el único coro de voces blancas en todo el mundo que interpreta el repertorio gregoriano completo, por supuesto en latín y a la temprana edad entre 10 y 14 años: "Es muy enriquecedor para su formación, crea una sensibilidad especial", afirma el padre Rubio.


Los conciertos fuera del Valle son el otro gran factor diferenciador que convierte en un privilegio estudiar en esta célebre escolanía benedictina. Cada año -recuerda quien lo ha vivido como discípulo y como maestro- los escolanes hacen unas ocho o diez actuaciones en distintos lugares de España y una gira por el extranjero de al menos diez días.

La cuenta es sencilla: cuando dejan la escolanía, aún casi sin afeitarse, llevan consigo un bagaje de cinco viajes fuera del territorio nacional (que suman un total de dos meses de estancia e incluyen certámenes internacionales donde tratan a personas de todo el mundo) y medio centenar de viajes por España. ¿Cuántos colegios, públicos, privados o -como es el caso- concertados pueden ofrecer eso? 

"Recuerdo haber hecho, como profesor o alumno, tres conciertos en Israel. Y ahora los escolanes de este curso acaban de volver de Bélgica, Francia y Alemania, del festival internacional de canto gregoriano", comenta el padre Rubio Sadia. Se refería al encuentro que tiene lugar cada tres años en Watou (Bélgica), y celebró del 8 al 15 de mayo su duodécima edición: "Allí alternan con los mejores coros de canto gregoriano del mundo, de más de una docena de países europeos, pero también de Japón y Corea. Convivir con tanta gente diferente es muy enriquecedor para los chicos".


Dos escolanías en Watou, este año. La convivencia con chicos de todo el mundo es parte de la formación personal (no sólo musical) de los escolanes del Valle de los Caídos.

No nos resistimos a preguntarle a Dom Juan Pablo si la escolanía obra como foco vocacional. "Cuatro monjes de la abadía somos antiguos escolanes", dice, lo cual no es una proporción desmedida. ¿Y su propia vocación? "Evidentemente, cuando salí la semilla estaba puesta, pero yo me fui del Valle con 14 años y sin idea de volver. Sin embargo, al cumplir los 16 o 17 añoraba la escolanía y lo feliz que fui aquí", evoca. Continuó y terminó sus estudios musicales antes de regresar como novicio.

Llama la atención la frecuencia con la que aparece la palabra "felicidad" siempre que hablas con antiguos alumnos de la escolanía. Para el padre Rubio, es el principal argumento que ofrecer a los padres de los chicos que, justo en estas semanas en las que se produce la captación de nuevos alumnos, están dudando.

Pues algunos dudan. La certeza de la buena formación que espera a sus hijos pugna con el momento de separarse de ellos, a pesar de que el internado es muy flexible y comprensivo de la vinculación familiar, sobre todo el primer año ().

"Los niños se adaptan mejor que los padres", explica el padre Juan Pablo Rubio: "A éstos les cuesta la ausencia, pero cuando ven felices a sus hijos, se sienten también muy felices. Mi consejo de diez años atendiendo a colegios y familias es que hagan la prueba un año. No se pierde nada con eso. Los niños van a estudiar en un ambiente privilegiado, con pocos alumnos por clase, seguimiento personalizado y una magnífica formación musical. La oferta educativa merece dar el paso".

Escribe a este mail:  si quieres contactar con la abadía de la Santa Cruz y conocer las condiciones de incorporación a la escolanía.

Pincha en los siguientes enlaces para otros reportajes sobre la escolanía del Valle de los Caídos:
-Entrevista con el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández: «Me hubiera gustado de niño ser alumno de esta escolanía».

-Cuatro antiguos escolanes del Valle de los Caídos evocan sus años como «niños cantores de Dios».

-Los puntos fuertes de la escolanía del Valle de los Caídos: nivel, idiomas, música y generosidad.

-¿Cómo es el día a día de los escolanes? «Fueron los años más felices de mi vida».