“Para los católicos, esto es un gran concierto de adoración”, explicaba a ReL un joven puertorriqueño, líder en un movimiento evangelizador católico que usa música contemporánea. “Nos encanta, alabamos a Dios, adoramos apasionadamente, nos entregamos a Él… es poderoso, excelencia en música y atmósfera de oración, pero claro, no pensamos que es nuestra máxima expresión de fe católica, porque litúrgicamente contamos con otra vertiente, por ejemplo: la adoración eucarística, sacramentos, etc. Lo que para muchos de ellos es el sumun, para nosotros es un gran concierto de adoración”.e los grupos de música de alabanza de la iglesia pentecostal australiana Hillsong, triunfó este miércoles por la noche en Madrid, dos días después de haber actuado en Barcelona.

Una multitud, en su inmensa mayoría menor de 35 años, acudió al Palacio de Vista Alegre para una experiencia musical, de oración y también social, al convertirse en un punto de encuentro de jóvenes cristianos de distintas ciudades.

Aproximadamente un tercio de los asistentes eran personas de origen hispanoamericano.

Además, uno de cada tres asistentes era católico, con dos tercios de público evangélico. Había más presencia católica que en el concierto de 2011 de Hillsong Live en Madrid.


“Esto está lleno de curas”, dijo asombrada una chica evangélica a una amiga católica, llegadas ambas desde Alcalá. Había media docena de sacerdotes con alzacuellos… y otros tantos “de civil”, casi todos en torno a los 40 años, repartidos aquí y allá, cada uno acompañando un grupo de feligreses. No parecen tantos cuando se cuentan, pero sí eran muy visibles.

Más o menos la mitad de estos curas estaban ligados de alguna manera a la Renovación Carismática Católica, la corriente que más jóvenes católicos aportó al concierto, aunque queda claro que Hillsong, entre católicos, hace mucho que cuenta con multitud de entusiastas también fuera de la Renovación.

También había algunas monjas jóvenes acompañando grupos de chicas.

No faltaban pastores protestantes, por supuesto: casi todos los mayores de 50 años allí eran pastores o responsable de algún tipo de grupo.

El aspecto de los jóvenes asistentes era de lo más variado, aunque la inmensa mayoría de las chicas llevaban el pelo largo. Algunas, en los momentos de ritmos intensos lo aprovechaban para hacer molinetes con la melena.


El concierto se inició con anuncios en las pantallas. El más relevante, el de la película que la casa Warner Brothers (www.hillsongmovie.com) está preparando sobre Hillsong para 2015. ¿Pero de verdad Hillsong da para “contar” una película? El anuncio sugiere que eso no importa mucho, que se justifica en las cifras: “10 millones de discos vendidos, 30 millones de personas cantan sus canciones cada semana…”, explica el pre-trailer. Además, la publicidad asegura que "no se trata de Hillsong, se trata de Él".

Siguiente anuncio: imágenes de personajes históricos con sus nombres bien grandes… Armstrong, Shakespeare, Hitler, Einstein… para anunciar “No other Name” (No hay otro Nombre), el gran evento musical que Hillsong quiere celebrar en octubre en Nueva York (sobre, evidentemente, el Nombre de Jesús).

Más vídeos de anuncios: las misiones médicas de la ONG evangélica Emsimision en África, una campaña de “patrocina un niño en nombre de Jesús” (en inglés), otro sobre la campaña contra el tráfico de personas (“hoy hay 27 millones de esclavos, más que nunca, somos la iglesia, las manos de Cristo, podemos cambiarlo…”).

“Este año no han puesto [los evangélicos españoles] un anuncio de una campaña para evangelizar España porque no la tienen”, comentaba un cura asiduo, recordando el concierto de Hillsong Live de 2011, que sí promocionaba una campaña así.





El público ya empezaba a cantar en masa las canciones de Hillsong al retrasarse el concierto cuando empezó la luminotecnia. En la pantalla aparecieron unas letras: “Os habéis acercado al Monte de Sión, la Ciudad del Dios Viviente”, la cita que enmarca el título del disco y la gira, “Zion”, símbolo de la vida eterna con Dios. Bien grande, una montaña dibujada con neón.

La primera canción, estruendosa y rockera (como la mitad del concierto) era “Relentless”, con el estribillo vociferado por todos: “Tu amor no se rinde…”

Y después, bailes estrambóticos y saltos alocados para demostrar que cualquiera puede bailar para Dios, mientras cantaban: “Yo soy libre, voy a bailar Su Amor”.


La estética de Hillsong, por supuesto, es su gran arma. Sobre el escenario, los músicos y cantantes están cuidadosamente seleccionados, como un grupo de superhéroes o aventureros en una película: el melenudo alternativo de gafas hipster, el tipo duro de sombrero inocentón, la chica guapa de hombros tapados, el chico guapo que gusta a todas

A ninguno le falta mérito: cantan bien, bailan incansables, dan espectáculo, mueven al jolgorio y -en otros momentos- a la oración.

En la rueda de prensa anterior al concierto (rueda que empezó casi una hora tarde y permitió apenas cuatro preguntas), ReL preguntó al grupo por qué no hay personas gordas en ninguno de los grupos musicales de Hillsong.

“Yo estoy gordo”, respondió el hipster melenudo, marcando una barriga insuficiente. “Estábamos más gordos antes de casarnos”, protestó otro. “No puedes estar gordo si cada noche estás dos horas dando saltos en el escenario”, puntúa uno más. “No discriminamos a nadie, pero es verdad que como cristianos animamos a un estilo de vida sano, a cuidar el cuerpo que Dios nos dio”, explicaron más en serio.


Lo que Hillsong hace es sociológicamente un concierto-oración, aunque el público protestante lo considera una “adoración”, más aún, un culto del máximo nivel.

Para los católicos, esto es un gran concierto de adoración”, explicaba a ReL un joven puertorriqueño, líder en un movimiento evangelizador católico que usa música contemporánea. “Nos encanta, alabamos a Dios, adoramos apasionadamente, nos entregamos a Él… es poderoso, excelencia en música y atmósfera de oración, pero claro, no pensamos que es nuestra máxima expresión de fe católica, porque litúrgicamente contamos con otra vertiente, por ejemplo: la adoración eucarística, sacramentos, etc. Para muchos evangélicos esto es el sumun, para nosotros, un gran concierto de adoración”.



“Nuestros hermanos de Hillsong Live estuvieron aquí hace 3 años y nos dijeron que estáis locos… ¡locos por Jesús!”, proclamaron desde el escenario los australianos, ganándose al público, realmente entregado.

“A Dios no le interesa como cantas, ni esta montaña de neón; Él escucha tu corazón. Todo lo que hay aquí no vale nada si no es en el Nombre de Jesús”, continuó la breve predicación inicial. “Cada uno estáis aquí con un propósito. El Dios que lo creó todo quiere encontrarse contigo tal como eres. Te ama personalmente. Creo que nadie se irá de aquí como vino. ¡Amén!”, concluyó la exposición inicial.

Llegaron algunos ritmos más moderados. Cuando se cantó sobre la entrega de Cristo en la Cruz, los efectos luminosos llenaron el escenario con un enorme Cristo en la cruz, cabizbajo. A algunos católicos les pareció curioso que el culto evangélico no permita imágenes de Cristo en sus iglesias pero sí para hacer exactamente lo mismo (orar con música y predicar la Cruz) en un local alquilado con público masivo.


“¿Crees que Jesús resucitó y venció a la muerte? El Enemigo querría que nos intentásemos ganar la salvación, que hemos de ser buenos por Dios, pero nadie es suficientemente bueno para Dios; por eso Jesús pago el precio y murió como sacrificio perfecto para perfeccionar a personas muy imperfectas. Jesús, te damos gracias”, proclamó el hombre del sombrero gracioso.

Tras la canción de agradecimiento, y en otros momentos, en vez de alabanzas o salmodias u oración “en lenguas”, como se suele hacer en grupos carismáticos y pentecostales, Hillsong introducía mucho estruendo instrumental, ruido "a lo Coldplay", dijo alguien. 

Y a continuación, una canción de dar más saltos y botes, al estribillo de “tu libertad está aquí”, porque –decía la estrofa- “el Enemigo está derrotado, Jesús la muerte venció, ¡grita al Señor con voz de triunfo!”, algo que remarcaba una percusión machacante.

Y, más lento, se reafirmaba en una canción más antigua y muy conocida: “Cristo puede mover montes / Jesús la muerte venció”.

Lo cierto es que la letra de las canciones –dos versos en inglés, luego dos versos en español- sólo se podía seguir porque aparecía en subtítulos en las pantallas… el sonido devoraba las palabras. La gente prefería cantar las canciones en español, sobre todo los hispanoamericanos. La que recibió más aplausos y entusiasmo de las piezas nuevas fue "Oceans" (aquí en español y vídeoclip), magníficamente interpretada por la solista.


Las pantallas presentaron entonces el texto entero de Romanos 8, 31-39: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna creada podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo”.

Era el preludio para la oración central: la invitación a que Jesús “entre en tu vida”, mencionando la necesidad de su perdón para el pecado. En el concierto de 2011 Hillson Live –otro grupo, otros músicos- no se mencionó el pecado. En la rueda de prensa de Hillsong United el grupo dijo que ellos sí lo hacían, y así fue en Barcelona y en Madrid esta vez.



JD con su megáfono y melenas es uno de los iconos de Hillsong

“El viaje de seguir a Jesús es el de un amor sublime”, predicó el hipster melenudo. Había logrado la empatía del público por sus altos alocados y carácter informal. Ahora le tocaba hablar de cosas serias.

“Jesús murió y a los tres días volvió a la vida. Nada nos puede separar de su amor, nada de lo que hayas hecho es tan malo como para que Jesús deje de amarte. Sólo tienes que aceptarle. ‘Si confiesas con tu boca y crees en tu corazón que Jesús resucitó eres salvo’. Te invito a una oración muy sencilla: cierra los ojos, piensa en tu situación respecto a Jesús y acepta su perdón para tu pecado. Quizá quieras reconectar ahora con él y nacer de nuevo y salir distinto”, explicó, dirigiendo la oración.

El texto que la gente rezó, repitiendo, decía: “Señor Jesús, te doy gracias por tu amor, por morir por mí en la Cruz, te pido perdón por mis fallos y mis pecados, en ti encuentro perdón”.

Así pues, en esta oración se pide perdón a Cristo y se reconoce el pecado (que es una forma de reconocerlo como Salvador). Pero faltó un elemento importante, frecuente en este tipo de oraciones entre pentecostales y carismáticos, sean católicos o protestantes: reconocer más explícitamente a Jesús como Señor, es decir, dueño y conductor de nuestra vida (aunque es cierto que la oración empieza con “Señor Jesús” y quizá el grupo piensa que las canciones con esa temática cubrían ese flanco).

Otra ausencia importante del encuentro fue el Espíritu Santo: nunca se le invitó a participar, no se pidió su acción ni poder y solo se le mencionó en una canción. La Iglesia siempre ha enseñado que “nadie puede decir que Jesús es Señor si no es por el Espíritu Santo”. (Quizá eso explica que la poca insistencia en el Señorío de Jesús y en el Espíritu Santos fuesen juntos). "A mí me extrañó que no se invocase al Espíritu Santo", nos comentaba una joven católica carismática. En el concierto de 2011 tampoco se hizo.

A continuación, sólo quedaba celebrar. Se cantó un “Amazing Grace” con la letra clásica (“yo era ciego, pero ahora veo”) aunque con una melodía nueva y moderna.

La gente coreó infinitas veces una de las canciones clásicas muy implantadas en España:

“Aquí estoy,
con manos alzadas vengo;
pues tú todo lo diste por mí
a ti mi alma entrego,
tuyo soy, Señor”.


El final del concierto “oficial” fue un crescendo de luces estroboscópicas y un estruendo ensordecedor. Los bises, pedidos por el público, era canciones de ritmo discotequero, que repetían “Soy tuyo para siempre” y “En ti soy libre”.

El discurso final de despedida era una oración y una invitación a vivir la fe. “Os queremos, creemos en vosotros; habrá un crecimiento increíble en la iglesia en esta ciudad, en esta región, ¿lo creéis? Te damos gracias, Dios; que esta ciudad, cada calle, se llene de tu bendición, que sepamos que vienes con nosotros, para protegernos y guiarnos, para que luchemos por los perdidos”.

Y todos dijeron: “Amén”.

Dejando así, bendecidas, Barcelona y Madrid, el grupo australiano marcha ahora a Stuttgard (Alemania) y Londres, las otras ciudades que visitará en su gira europea.

Vídeo casero del inicio del concierto en Barcelona


Vídeo casero con la canción "Freedom" en Madrid: a partir del minuto 6 se ve al público y su entusiasmo



Vídeo casero del tema "Oceans" en Madrid, el más popular de los temas nuevos; la solista se "suelta" en el minuto 5´15



(La próxima gran cita musical cristiana en España es
la gira de Son by Four de viernes a domingo en Alarcón, Madrid y Pamplona).