Este viernes 5 de septiembre llega a los cines españoles la película de terror “Líbranos del Mal” de Scott Derrickson, director también de “El exorcismo de Emily Rose”.

“Líbranos del Mal” está inspirada en las experiencias reales del agente de policía de Nueva York Ralph Sarchie, experiencias que ha querido compartir en la prensa aprovechando el tirón de la película.
 
El filme costó 30 millones de dólares, que recuperó en las taquillas de EEUU. En el extranjero ha recaudado otros 25 millones adicionales.

Esta historia de un sacerdote católico hispano y exorcista y su compañero policía que va perdiendo el escepticismo entre susto y susto no ha disgustado en países muy lejos de la cultura católica: recaudó 390.000 dólares en Corea, 470.000 en Singapur, 360.000 en Hong Kong y 1 millón en la musulmana Malasia.

El país con mayor recaudación, hasta ahora, ha sido la Venezuela bolivariana (2,4 millones de dólares), con un público atraído por el actor venezolano Edgar Ramírez en el papel del sacerdote. Le sigue con casi la misma recaudación Australia, Argentina con 1,4 millones y el Reino Unido con 1 millón más. 



Ralph Sarchie en su época de sargento de policía en la peor zona de Nueva York

El ex-agente Ralph Sarchie, retirado tras cumplir sus 20 años de servicio, accedió a colaborar en la difusión y promoción por razones evangelizadoras, y no hay duda de que algunas de sus reflexiones sobre la naturaleza del mal habrán llegado así hasta los confines de la tierra.


En diversas entrevistas Sarchie explica que fue educado como católico, que se alejó de la fe en su juventud, pero que la recuperó cuando como policía se encontró en la peor zona de Nueva York, muchas veces infiltrado en bandas criminales, lo que explica sus numerosos tatuajes. Allí descubrió que además de la maldad humana, de criminales o adictos desesperados había otra maldad más profunda.

“Si iba a implicarme en la batalla con el demonio, necesitaba estar fuerte en la religión”, entendió. “Hoy rezo cada día el Rosario, y pido cada día a Dios que lo que haga en la vida le plazca”.

Sarchie detalla que sólo un sacerdote ordenado y con permiso del obispo puede realizar exorcismos sobre personas. Él a veces realiza oraciones de liberación y bendiciones en edificios o lugares, pero como laico es sobre todo un ayudante y estudioso, un demonólogo.

Los signos para detectar a un poseso, dice, son clásicos: fuerza no natural, hablar idiomas que debería desconocer, conocer cosas que no debería saber, que la voz de mujer se haga masculina, que emita sonidos animales…

Detalla que él nunca ha cobrado “ni un penique” por su actividad como demonólogo, y que de hecho le cuesta dinero por desplazamientos para atender casos.

También le ha costado su matrimonio. Nunca vivió experiencias demoníacas hasta que se dedicó a ello como policía, y algunas experiencias le "siguieron" a casa, asustando a su esposa. "Y por eso es mi ex", comenta en una entrevista. Dice que sus hijas -ya adultas- han visto algunos casos y han asumido que "eso es lo que hay" con naturalidad.

“Me llegan comentarios de escépticos de aquí y de allá, y algunos de ellos se ponen desagradables de verdad. Pero no me interesa lo que piensen de mí”, explica.


Lo que tiene claro es que está creciendo la actividad demoníaca, sea a través de la infestación, la opresión o la mucho más escasa posesión. “Está en alza, odio decirlo. A medida que la sociedad expulsa a Dios, no se puede negar. Hay parte de la sociedad que, simplemente, no ´traga´ a Jesucristo; cuando lo veo, me pregunto de dónde viene ese odio”.

 
Reportaje de 15 minutos en inglés en que Sarchie cuenta algunas de sus experiencias, con colaboradores y escenarios reales

Cuando le preguntan por un momento que le asustase especialmente, cuenta cierto exorcismo.

“Teníamos un par de reliquias en la iglesia ese día, y la mía estaba a la derecha de la cabeza de la persona, cerca de la oreja… yo suelo estar en frente. Podía ver sus ojos. El ojo de ese lado miraba al crucifijo, pero sin girar la cabeza, que era como una estatua. Los ojos iban y venían y era terrible de ver”, explica, comparándolo a la vez con un “animal atrapado y asustado” y “un depredador buscando salida”.

“He sido policía muchos años, he tratado con muchas personas emocionalmente perturbadas y arrestado a gente muy mala, y nunca, nunca en mi vida en la calle vi nada así. Una mirada asesina de una persona no se parece a alguien bajo posesión”, detalla.
Sus experiencias más terroríficas como ayudante de exorcista (y policía en zona peligrosa) están en el aterrador libro "Beware the night". 



El actor Eric Bana (a la izquierda) interpreta al personaje inspirado en el sargento Sarchie (a la derecha)


El sargento Sarchie fue ayudante en exorcismos del cura irlandés en Nueva York Malachi Martin, que publicó en 1975 su libro de experiencias exorcísticas "Hostage to the Devil", centrado en 5 casos que atendió, aunque en los años noventa Martin explicaba que había hecho exorcismos completos en varios cientos de ocasiones.

Este sacerdote Martin merecería su propia película: fue ayudante del cardenal Bea en el Concilio Vaticano II, experto en el diálogo con el judaísmo y los ortodoxos. Dejó la Compañía de Jesús desencantado por el caos del post-concilio, emigró a EEUU y trabajó de taxista y limpiando platos... y finalmente se dedicó a escribir novelas (tenía un encargo de Pablo VI de evangelizar con la comunicación). El sargento Sarchie fue su gran discípulo en la atención a personas víctimas de actividad demoníaca.


Para la película, el director decidió que en vez de un cura irlandés quería uno hispano: "la gente no va a ser tan dura con él, tendrá más aceptación cultural", explicó en el National Catholic Register.

El actor elegido, Edgar Ramírez, se inspiró en un amigo suyo, un jesuita venezolano que había estado atrapado por las drogas y sabía lo que era caer, luchar y levantarse. Edgar Ramírez cree que la película, además de entretener dando miedo, tiene también una enseñanza sobre el perdón, como explica en el vídeo en español bajo estas líneas.

En cuanto a los lugares de rodaje, incluyeron zonas peligrosas en Nueva York donde el policía había patrullado e incluso calles donde había realizado detenciones. "¿Quién me iba a decir a mí que luego allí filmaríamos una película?", se ríe hoy Ralph Sarchie.