No es una casualidad que, justamente en época de Eurocopa y de Olimpiadas inminentes, el Vaticano haya decidido presentar una nueva iniciativa para el mundo del deporte. La ocasión fue el lanzamiento de un nuevo departamento en el Pontificio Consejo para la Cultura dedicado a la “cultura y el deporte”.

«El deporte –indicó el presidente del dicasterio vaticano, Gianfranco Ravasi– es uno de los grandes fenómenos culturales de nuestro tiempo, con todas sus degeneraciones que lo llevan incluso a convertirse en un campo anti-cultura».

La distancia entre la que sigue siendo la actitud deportiva y los valores que esta representaba en el mundo clásico es sideral; por ello, según el purpurado, el deporte «debe volver a encontrar su aspecto cultural, su alma profunda, y volver a ser el punto de referencia educativo para los jóvenes, defendiendo el espíritu creativo de la persona humana, más allá de los elementos degenerativos que ocupan las primeras páginas de los periódicos».

Esto no significa simplemente usar la fórmula tradicional: «lo que cuenta es participar». Según Ravasi, entrevistado por la Radio Vaticana, la victoria es seguramente un «elemento positivo», y no hay que considerarla solamente una «prevaricación». «La victoria quiere decir, por una parte, lograr tener una meta que alcanzar, hacia la que se tiende con todo el ser; pero, por otra, vencer muchas veces también significa conquistar grados diferentes y no alcanzar el clímax que se presenta y que solo es posible en algunos casos».

Es por ello, indicó, que hay que volver a encontrar la idea de la «gradualidad», del esfuerzo que se va incrementando, que lleva a resultados importantes, aunque no coincidan con la victoria de la «medalla final». La victoria debe siempre ir acompañada del sentido del límite de lo inacabado que lleva en sí misma la persona humana y que desgraciadamente no se reconoce, y por ello surgen problemas como el doping o formas artificiales que en realidad destruyen tanto el concepto de victoria como los conceptos de hombre y mujer.