Por la tarde, hora local argentina, se realizará una concentración contra la ley de homomonio o mal llamado “matrimonio de homosexuales”. A pesar de la rémora episcopal, de sus cabildeos y retrasos, de sus inexplicables trabas burocráticas, los fieles les torcieron la mano y se organizó una manifestación a la que el propio gobierno nacional teme.
 
Lamentablemente, ningún prelado estará presente. No tienen el coraje de los obispos españoles.
 
Hermanos españoles: poco es los que pueden hacer Uds. en estas horas, salvo rezar por la Argentina, hija de España. Por la Argentina católica que ha tenido un remezón de hidalguía y se volcará a las calles el martes 13, hoy, para repudiar el engendro legal que pretende elevar al rango de matrimonio las juntas de pervertidos sexuales.
 
Tenemos todo en contra: la “prensa”, inclusive la más “conservadora”, que a lo sumo muestra, como nota de “objetividad” de un tema tan “controvertido”, algunas opiniones en contra, o notas penosas con argumentos de cuarta selección.
 

 
El Gobierno Nacional ha decidido poner todo el peso del aparato estatal en favor de esta aberración. Todo el dinero, todo el poder, toda la influencia para impedir que esto caiga rechazado en el Senado de la Nación.
 
Nuevamente, los Kirchner han sido traicionados por su propia soberbia y deciden (como cuando la pelea con el sector agrario) sostener una posición absurda aún contra sus propios intereses. Porque han despertado las ganas de pelear de un montón de sectores adormecidos por el idiotizamiento mundial de fútbol.
 
Dios nos ha concedido la gracia de ser eliminados del campeonato, para que la gente pare a pensar. Y con suficiente tiempo como para que esta reflexión tome cuerpo. En cada pueblo y ciudad argentinas se están entregando volantes de adhesión a la manifestación y se están firmando planillas de repudio a la perversión institucionalizada.
 
El clero argentino recién dio su consentimiento hace no más de tres semanas y días, después de que el Primado Argentino fuese derrotado en una votación de la Conferencia Episcopal en la que, por presión de las bases, aún obispos de su mayor confianza se pusieron en su contra. Quería mantenerse al costado, no actuar, guardar silencio. Por cierto que la Santa Sede hizo notar su tremendo disgusto por la inacción episcopal.
 
Lo cierto es que ha caído el mito de que los argentinos no se movilizan por una buena causa. El problema es la parálisis que les imponen desde el clero y al clero. Inclusive a algunos obispos, mejor dispuestos que intrépidos.
 
Españoles, les pido un avemaría por la Argentina en el día de hoy. Por esta intención: que caiga la infame propuesta de ley y en esa caída arrastre las pretensiones de los perversos, las cobardías, la idiotez progresista y el estancamiento moral de la patria que lleva por insignia los colores de la Inmaculada y en su centro el Sol de la Justicia: Cristo mismo, irradiando bendiciones desde el seno purísimo de la Madre de Dios.
 

Dios nos guarde a todos.