Fuentes cercanas a la Generalitat de Cataluña informan del proyecto de ley del Gobierno catalán promovido desde su Consejería de Salud para proceder a la prohibición de las operaciones de cirugía estética en cualquiera de las clínicas radicadas en Cataluña. Entre las intervenciones quirúrgicas que la nueva ley prevé erradicar del ámbito sanitario catalán, se incluye hasta cualquier liposucción que se salga de una serie de casos específicamente tasados. La prohibición podría afectar también a todas las clínicas de dietética e, incluso, en una segunda fase, -aunque la consejera Marina Geli ha hecho un llamamiento a la calma asegurando que no en el corto plazo-, a todo tipo de salones de belleza y hasta salas de tatuajes y similares.
 
            Preguntada en la rueda de prensa en la que presentó su ambicioso proyecto, por las razones que han animado al mismo, la consejera afirmó que “la fealdad –y también la gordura cuando no llega al grado de mórbida- no es una enfermedad, y el deseo de ser feo es un derecho de libertad [sic] legislado en nuestro país. No tiene ninguna justificación tratarlo como si fuera una enfermedad”.
 
            Como comprenderán Vds., la información con la que abro este artículo es una broma (o por lo menos de momento, que tal cual está el patio, cosas como ésta y otras más increíbles pueden convertirse en realidad). Y está relacionada con el expediente abierto por el siempre innovador y sorprendente gobierno catalán a una clínica catalana donde uno de los tratamientos que se aplicaba era el dirigido a ayudar a dejar de ser homosexual a quien así lo deseara.
 
            Yo no voy a entrar en la cuestión de si la homosexualidad es o no una enfermedad. Sostiene Religión en Libertad, y será verdad, que dejó de ser considerada tal tanto por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría en 1978 como por la Organización Mundial de la Salud en 1990, y yo no soy quien para enmendar la plana a tan doctas y versadas organizaciones.
 
            Establecido pues que no se trata de una enfermedad, la decisión de la Generalitat de abrir el citado expediente me parece un nuevo atentado perpetrado desde ese gobierno a la libertad, no sólo a la libertad del centro al que se expedienta por realizar un tratamiento que ni es ilegal ni atenta contra la integridad o dignidad de las personas, sino sobre todo, fíjense Vds., sobre todo, digo bien, sobre todo, a la de las personas que se dirigen a él porque desean ser ayudadas a cambiar su orientación sexual. Una decisión que habrán tomado por razones que sólo a ellos compete conocer, decisión para la que el hecho de que la homosexualidad sea a no considerada una enfermedad, es tan indiferente como intrascendente. De idéntica manera a como uno que tiene la nariz grande decide achicársela mediante una operación de cirugía estética, o uno que tiene el brazo lleno de pelos decide cambiarlos por tatuajes o traladrarse la lengua a piercings. Y no veo quien es el gobierno catalán, -ni ningún gobierno en realidad-, para permitir que uno se modifique la nariz y, sin embargo, impedir que se modifique la manera de orientar su sexualidad. Más aún en tiempos como los actuales, en los que hasta determinadas operaciones para cambiar de sexo no sólo es que sean legales, es que las paga la Seguridad Social.
 
            Ser homosexual no será una enfermedad. Pero no nos equivoquemos, tampoco es nada sagrado, ni se trata de una religión, un voto, o imprime carácter en modo tal que nadie que se haya iniciado en la homosexualidad no conserve en todo momento el derecho a desear abandonarla. Y dicho derecho lleva implícito en sí mismo el de requerir la ayuda necesaria para conseguirlo. Y ningún gobierno tiene derecho a inmiscuirse en ello.

            Pero cuando no se cree en la libertad no se cree en la libertad, y eso... eso sí que es una enfermedad para la que yo no sé si la Sra. Geli encontrará alguna clínica en Cataluña en la que le puedan ayudar a tratárselo.