La importante empresa de sondeos Gallup ha hecho público el 15 de mayo su Encuesta anual sobre valores y creencias en los Estados Unidos de Norteamérica.
 
            El dato más sorprendente de los obtenidos por la encuesta, se refiere a que por primera vez desde que comenzó a realizarse en 1995, la misma ha producido una mayoría de los que se consideran a sí mismos pro-life, pro vida, frente a los que se consideran pro-choice, pro-elección. Una mayoría, además, nada desdeñable que asciende ya a un 51% frente a un 42%, y que, por otro lado, supone un importante giro frente a los resultados del año 2009, en los que una mayoría del 50% pro-elección se impuso al 44% de los pro-vida.
 
            El cambio de tendencia se hace evidente a todos los niveles. A la pregunta sobre si el aborto no debería ser legal en ninguna circunstancia, sólo en algunas, o en cualquier caso, más allá de la mayoría que se expresa sobre su legalidad en casos tasados, un 53% de los encuestados, se produce, también por primera vez en la historia de la encuesta, una victoria de los que defienden la total ilegalidad de las prácticas abortivas, un 23%, frente a los que defienden su absoluta legalidad, el aborto libre en suma, un 22%. Una cuestión donde el giro ha sido de los que se dan en llamar copernicano, pues sólo el año pasado el porcentaje de los que se manifestaban por la total ilegalidad del aborto apenas alcanzaba un 18%, en tanto que los que se pronunciaban por la legalidad sin restricciones eran un 29%. Giro que todavía es más expresivo si comparamos las cifras con las más extremas que ha dado la encuesta a lo largo de su existencia. Así, el índice de los contrarios al aborto en cualquier circunstancia, alcanzaba un exiguo 12% hace sólo catorce años, en 1996, mientras que el de los partidarios del aborto libre, alcanzaba una cifra record del 34% pocos años antes, en 1992.
 
            Señala la encuesta que el movimiento hacia las posiciones pro-vida se ha producido esencialmente entre los votantes republicanos, que se manifiestan pro-vida en un 70% frente al 60% del año pasado. En el bando demócrata, si bien a diferencia de lo ocurrido en el republicano la tendencia permanece estable no sólo frente a la encuesta anterior sino también frente a las correspondientes a los últimos diez años, nada menos que un 33% de sus electores se afirma pro-vida.
 
            No menos interesante se presenta el análisis de los resultados cuando se segmenta por creencias religiosas. Así, la posición pro-vida alcanza mejor resultado en las adscripciones de corte protestante, un 59%, que entre los católicos, un 52%. Es en el apartado “otras creencias”, entre las cuales cabe pensar se hallen agnósticos y ateos pero también otras religiones como judíos, musulmanes o hinduístas, donde el índice de los pro-vida alcanza sus peores resultados, un 31%. De particular interés sería, en mi opinión, diseccionar el índice que la causa pro-vida alcanza particularmente entre agnósticos y ateos.
 
            Por último, por lo que se refiere a hombres y mujeres, son pro-vida el 49% de las mujeres, frente al 44% que son pro-elección. Y son pro-vida el 54% de los hombres, frente al 39% que son pro-elección. Lo que arroja un ¿sorprendente? resultado según el cual, la causa pro-vida alcanza mayor respaldo entre hombres que entre mujeres.
 
            Todo lo cual ocurre coincidiendo con los movimientos realizados por el nuevo Presidente de la nación a favor de la causa de los que se dan en llamar pro-elección, lo que, por otro lado, tanto nos recuerda a lo ocurrido en España, donde la nueva Ley Aído, contrariamente a lo que sin duda constituye la pretensión tanto de su autora, la Sra. Aído, como de su inductor, el Sr. Zapatero, lejos de afianzar las posiciones pro-abortistas, lo que ha conseguido es remover a fondo la conciencia de los españoles, desplazándoles con nitidez hacia posiciones mucho más pro-vida.