Conocen Vds. sin duda, la respuesta que el pasado día 22 de abril en la Asamblea de Madrid dio la Presidente de la comunidad a una pregunta que de repetitiva incurre ya en lo cansino, planteada desde los bancos de la oposición. La respuesta fue tan clara y contundente que la transcribo a Vds. en su integridad. Fueron las palabras de la Sra. Aguirre las siguientes:
 
            “No crea Su Señoría que voy a rehuir la petición que me ha hecho. No va a tener esa suerte, Señoría.
 
            Vds. y muchos como Vds. aparentan tener una explicación muy simple sobre los problemas de nuestra historia. Para Vds. en 1936 los españoles disfrutaban de una modélica República en la que se respetaban los derechos de todos los ciudadanos. Y de repente, una coalición de militares fascistas y de clérigos carcas dio un golpe, provocó una guerra civil de tres años y se mantuvo treinta y seis años en la dictadura. Esa es su explicación. Y a partir de ahí, para Vds. solamente hay buenos y malos. Buenos, todos los de un bando, y malos, todos los del otro bando.
 
            Pues mire Señoría, de idílica, la II República, nada de nada, Señoría. ¿Condena Su Señoría el golpe del 34 en el que participó su partido del que se siente Vd. tan orgulloso? ¿Vd. condena el golpe del 34? ¿O condena que la escolta de Prieto asesinase al jefe de la oposición? Y eso está escrito, Señoría. Eso está escrito. Léase, léase el libro “Todos fuimos culpables” de Juan Simeón Vidarte, Secretario de organización del PSOE. ¿Lo condena, Señoría?
 
            Pues fíjese lo que pasa Señoría. Es que la cosa no es tan sencilla de buenos y malos. En todas las familias, Señoría, desde luego en la mía, los había de un bando y los había de otro. Y en los dos bandos hubo hechos heroicos y hechos vergonzosos. En ambos bandos, Señoría, claro que sí. Pero fíjese una cosa, Señoría: los tres intelectuales españoles que más defendieron la llegada de la República, los tres, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y Marañón, los tres huyeron de esa idílica República de Vd. y desde el extranjero manifestaron su apoyo a Franco. Y en prueba de ello, enviaron a todos sus hijos a luchar en el ejército que Su Señoría llama ejército golpista.
 
            No fue tan sencillo, Señoría, no sea Vd. tan maniqueo”.
 
            Más allá de describir el ambiente que reinaba en una República que constituyó un fracaso colectivo, si no a olvidar, sí a no repetir jamás, lo que la Presidente de la Comunidad de Madrid hizo el 22 de abril es poner el dedo en la llaga de las gravísimas responsabilidades que al partido que sostiene hoy el Gobierno de España, -partido que, no lo olvidemos, lo hace con las mismas siglas con las que gobernó en los tiempos de la República y presumiendo de ser el único y verdadero heredero patrimonial, ideológico e intelectual de aquel PSOE de los años treinta-, cupieron en el fracaso del experimento republicano.

            Y lo que es aún más importante: las no menos graves responsabilidades de tipo penal en las que incurrieron algunos de sus militantes. Aguirre citaba específicamente a dos: Indalecio Prieto, participante en el golpe de estado contra la república de 1934, y Luis Cuenca, el militante del PSOE que alojó en la cabeza de José Calvo Sotelo, jefe del primer partido de la oposición, la bala que puso fin a su vida en una camioneta de la Guardia de Asalto, cuerpo policial de la República. Pero podría también haber citado a otros ilustres militantes socialistas, así Largo Caballero, así Negrín, así Galarza, así García Atadell, así Carrillo, sobre todos los cuales recaen responsabilidades históricas y penales no menos gravosas.
 
            Siempre me sorprendió que con un bagaje histórico tan turbulento y dudoso, el socialismo español no diera por amortizadas las siglas PSOE y no acometiera la Transición con siglas nuevas y despojado de tan gravoso equipaje.

            Siendo esto así, más sorprendente aún me resultó siempre que uno de los puntales de la labor política del PSOE, haya consistido en reclamar cansinamente responsabilidades a quienes nunca se consideraron herederos de ninguna sigla del pasado, y que lo hiciera con la altanería de quien no tiene nada por lo que rendir cuentas, en lugar de aprovecharse de una consensuada y sincera reconciliación en la que discretamente refugiarse y de la que tanto beneficio obtener.

            Y siendo esto así, más sorprendente aún me resulta que hayan tenido que pasar nada menos que treinta y tres años de democracia, para que en una sola de las decenas de cámaras que abarrotan la geografía española por doquier, se oyeran palabras tan sensatas como las pronunciadas el pasado jueves por la Sra. Aguirre en la Asamblea de Madrid. Palabras a las cuales me uno para reclamar al interpelado si, como le requería la Presidente, condena, o sigue sin hacerlo, la participación de su partido, el Partido Socialista Obrero Español, en los gravísimos eventos de los que fue acusado en la Asamblea de Madrid tal día como el 22 de abril de 2010.
 
 
 
 
Si desea Vd. contemplar la respuesta de la Sra. Aguirre lo puede hacer en:
https://www.youtube.com/watch?v=PjuUCxk5fVQ