Han dado comienzo ayer –durarán tres días- las elecciones presidenciales, legislativas y provinciales en Sudán, país africano situado al sur de Egipto, con una extensión cinco veces España y una población similar a la española. Y aunque las garantías democráticas, como es fácil de comprender, dejan bastante que desear, -buena prueba de lo cual que el gran favorito, Omar al Bashir, es un criminal de guerra sobre el que pende una orden de arresto de la Corte Penal Internacional y algunos partidos se han negado a presentar candidato- las elecciones son cruciales para la población cristiana del país africano. Una comunidad que asciende al 17% de la población, frente al 70% de la mayoría musulmana y el 12% de los que practican religiones animistas autóctonas, y concentrada principalmente en el sur.

            Y es que si el futuro vencedor de las elecciones cumpliera con el plan de paz redactado en 2005, dicha parte sur del país sería llamada en 2011 a un referendum de independencia que pondría fin a lo que hasta la fecha ha sido un tortuoso modelo de convivencia entre cristianos y musulmanes. Lo que, en cualquier caso, no servirá para acabar con los problemas que, incluso si se lleva a cabo el deseado referéndum, sufre la comunidad cristiana que reside en el norte del país, donde rige y seguirá rigiendo la sharia o ley islámica.
 
            Una sharia que tiene entre sus logros algunos como la ley de apostasía, por la que un musulmán que se convierta al cristianismo –o a cualquier otra religión- podría ser condenado a muerte, o la prohibición de vender bebidas alcohólicas que lleva cada año a cientos de mujeres y sus familias a prisión. La erección de lugares de culto, por su parte, está sometida a permiso administrativo, y aunque de hecho tanto mezquitas como iglesias se levantan desatendiendo la legislación, lo cierto es que éstas últimas son frecuentemente derribadas apelando al incumplimiento de la misma, cosa que no ocurre con aquéllas. El día de descanso es el viernes, y aunque los cristianos disponen por ley de dos horas de asueto para acudir a misa los domingos, son muchos los empresarios que no respetan la norma. Los niños cristianos no disponen en la escuela de profesores de religión cristiana, y por el contrario, acuden durante todo el período de su escolarización a clases de religión islámica.
 
            Amén de ello, los atentados contra cristianos son frecuentes, hasta el punto de ser Sudán uno de los once países declarados CPC ("countries of particular concern") por el Departamento de Estado norteamericano a causa de sus violaciones sistemáticas de la libertad religiosa.
 
            Sólo a modo de ejemplo, en 2006 la policía torturó a unos cristianos reunidos con una musulmana conversa, la cual, por su parte, tuvo la fortuna de, una vez “liberada”, no ser acusada de apostasía. Poco después se hallaba en Jartum el cuerpo decapitado de Mohamed Taha, director del periódico Al Wafaq, previamente procesado, aunque absuelto, por un delito de vilipendio a la religión derivado de la publicación de un artículo sobre Mahoma. En 2007, la policía atacó con gas lacrimógeno una iglesia episcopaliana en Jartum, la capital, con ochocientas personas dentro, sin que ninguno de los policías fuera juzgado por ello. Unos meses después, cuatro cristianos evangélicos morían en una emboscada en la carretera de Torogi, y un terrorista suicida asesinaba mediante una bomba a seis niños en una iglesia baptista en Khorfulus. En 2009, una serie de atentados atroces y masivos, con torturas que remedaban una crucifixión, se saldaron con la muerte de algunas decenas de cristianos.
 
            La sudanesa es una de las muchas comunidades cristianas del mundo perseguidas. Esta es una realidad premeditadamente ignorada por los dictadores del pensamiento único en occidente, los cuales gustan de denunciar situaciones inexistentes de discriminación en los países mayoritariamente cristianos, desconociendo sistemáticamente a aquéllos cristianos que en muchos países del mundo, viven aún, por increíble que parezca, como vivían los mártires de los primeros siglos.

 

 
 
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