Me lo han contado ayer. Lo ha hecho uno de los testigos presenciales del evento y también uno de sus principales protagonistas.

            Ocurrió en la malhadada reunión que tuvo lugar el 21 de febrero de 2006 entre el entonces presidente del Gobierno español, el Sr. D. José Luis Rodríguez Zapatero de infausta memoria, y una comisión de víctimas del terrorismo. El antecedente de la reunión era un congreso de víctimas organizado por el CEU, al que el entonces presidente del Gobierno español, siempre tan “atento” a las inquietudes de un colectivo así de sensible y castigado, se había negado a acudir.

            Para hacer menos evidente el agravio, y urgido a ello por la intensa presión de la opinión pública en aquel entonces –si se habrá deteriorado el ambiente político español que hoy día dicha presión no sólo habría sido bastante menor, sino incluso inexistente-, a los pocos días se sintió obligado a desagraviar a los organizadores del congreso invitándoles a visitar la Moncloa, donde el tal presidente, indudablemente, se sentía más “en casa”, y en consecuencia, “más seguro" (es que las víctimas del terrorismo pueden ser muy peligrosas, mucho más que los terroristas, que son "hombres de paz").

            De aquella reunión, para que lo recuerden Vds., es de la que salió “lanzado al estrellato” el ínclito “abuelito de Zapatero”, el capitán Rodríguez Lozano, fusilado por los nacionales durante la Guerra Civil.

            Junto a este hecho, que es el que acaparó toda la atención de la prensa, -si se acuerdan Vds., con la referencia a aquel “abuelito” al que ZP ni siquiera había llegado a conocer, intentaba equiparar su sufrimiento al de las víctimas que lo visitaban, las cuales habían perdido a sus hijos, a sus esposos, a sus padres o se habían quedado severamente mutilados- ocurrió otro del que nadie, que yo recuerde, se hizo eco, menos “sentimental” si quieren, pero mucho más importante, si cabe, verdaderamente relevante y descriptivo del tiempo que nos toca vivir, que es aquél del que he venido a enterarme ayer.

            Parece que en un momento de la reunión, ZP se dirigió a alguno o algunos de sus interlocutores diciéndole/s, no sin un cierto sentimiento de impostada “solidaridad”, algo así como lo siguiente:

            “Vds. tienen convicciones muy profundas y hacen muy bien. Pero tienen que saber que las medidas que se están tomando y las leyes que se están haciendo y se seguirán aprobando son irreversibles, y que aunque cambie el partido en el Gobierno, las leyes no lo harán”.

            ¡Cuánta razón tenía ZP! De manera certera, previsora e incontestable, -y sin duda manejaba buena información- tan pronto como en 2006, ZP acababa de describir el entero debate político de los años por venir hasta el día de hoy, con una agenda marcada de antemano, -con toda seguridad, allende nuestras fronteras-, la cual no admite objeción alguna, limitándose desde entonces el debate político nacional a un “quítate tú, que me pongo yo”, y con un ingenuo electorado que se cree investido de algún poder sobre la vida pública porque cada cuatro años le convocan ante las urnas, para que se crea protagonista, si quiera por unos minutos, “de la gran fiesta de la democracia” (valiente cursilada que repiten uno tras otro todos los periodistas del país cada vez que se producen unas elecciones… a saber quién es el hortera que la inventó).

            Revelador, ¿verdad? Uno de esos “pequeños hechos” que marcan la “Gran Historia”. A los que tan a menudo, tan poca importancia damos. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

 

            ©L.A.

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