"Si llega a vosotros un caminante, ayudadlo en lo que podáis: sin embargo, que no permanezca entre vosotros más de dos días, tres a lo más. Si quiere establecerse entre vosotros, que tenga un oficio, que trabaje y que se alimente él. Si no tiene oficio, mirad a ver lo que os dice vuestra prudencia, pero que no viva entre vosotros ningún cristiano ocioso. Si no quiere hacerlo así, tened cuidado, que es un traficante de Cristo. Estad alerta contra estos". (Didajé. 12.2-5)

¿Somos traficantes de Cristo? ¿Somos cristianos socio-culturales que se ajustan al mundo, para obtener los beneficios de este mundo? Como humanos, nos gusta el aplauso de los poderosos. Nos gusta que nos den palmaditas en la espalda mientras nos sacan la foto. Foto que inmediatamente sacamos en las redes sociales para que se note que somos del partido eclesial del momento. ¿Realmente hemos leído el pasaje en donde Cristo nos llama a que nuestra mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda (Mt 6, 3)? Procuremos no ser cristianos institucionales. Cristianos que se aprovechan por las estructuras humanas creadas por la Iglesia para su beneficio personal. ¿Como saber qué tipo de cristiano somos? Pensemos en lo que nos dice la Didajé: ¿Ayudamos a los heridos que encontramos por los caminos de las redes sociales o los machacamos? ¿Somos de los que nos aprovechamos de la Iglesia? En la redes nos encontramos con muchas personas maltratadas por la sociedad o por algún partido eclesial. ¿A quien ofrecemos como garante de nuestra hospitalidad? El garante debería ser Cristo y la verdadera caridad, el modo de acercarnos a él. 

¡Mirad cómo se aman! Mirad cómo están dispuestos a morir el uno por el otro” (Tertuliano, Siglo II)
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En los primeros tiempos de la Iglesia, los paganos se sorprendían por el amor que existía dentro de la Iglesia. Un amor que buscaba servir hacia dentro, antes que aparentar hacia afuera. Todos estamos heridos de una u otra forma. Heridos porque nuestra naturaleza está herida y porque esa herida, impregna todo lo que hacemos. ¿Por qué no ver a Cristo en quien sufre como nosotros sufrimos? ¿Por qué contentarnos con hacernos un cómodo huequecito en la estructura eclesial? ¿Son tan importantes la fotos y los titulares de los medios?

Cuando dejemos de ser del mundo, empezaremos a ser de Cristo. Entonces y sólo entonces, empezaremos a ser "testigos creíbles" y Cristo se transparentará a través de cada uno de nuestros actos. ¿No es esto evangelizar? ¿Qué le sucede a la Iglesia que anda tan interesada en promocionar las ideologías del mundo y se olvida de lo esencial? Pero la esperanza no está en las estructuras eclesiales, sino en Cristo que se hace presente en la Iglesia. Iglesia que es la asamblea de los asistentes al banquete de bodas.