He leído despacio las declaraciones de D. Demetrio sobre la conveniencia de un partido político que declare abiertamente su disposición a legislar en cristiano. Y he leído despacio también tu artículo en lo tocante a que ya existen esos partidos.

Pongo en primer lugar encima de la mesa mi posición personal: a mi no me gustan los partidos políticos en cuanto que tales, y preferiría que semejantes organizaciones fueran suprimidas y reemplazadas por algún sistema de representación política de otro tipo, nominal y basado en el mérito de los candidatos. Postura utópica si se quiere, quimera, irrealidad o lo que se desee. Pero algo así ya existió en las nacientes democracias liberales del siglo XIX hasta que los partidos irrumpieron en el sistema de la mano del sufragio universal.

Si bien el primitivo sufragio censitario limitaba la representatividad política a las clases más adineradas, algo impensable hoy en día, bastaría por sustituir aquella plutocracia por alguna forma de meritocracia que volviera a establecer un censo fuerte sobre los candidatos a representantes. Así sería imposible ver a un estudiante de primero de derecho como Ministro de Fomento.

Pero ésta no es la cuestión. Admitamos que los partidos políticos son un mal que va a seguir existiendo. Pues bien, a falta de que el propio D. Demetrio tercie en la cuestión y aclare (si es que hace falta) sus propias palabras, he creido entender que el partido político por el que él aboga no existe hoy en día en España. Por supuesto, no es AES, no es la CTC, no es FyV y tampoco es SAIn.

Porque no se trata únicamente de suscribir los llamados principios no negociables como compromiso firme de legislar en cristiano en caso de llegar al poder; se trata, aún más, de poder ofrecer representatividad política a todos los cristianos españoles, y esto abarca un espectro ideológico inmenso.

Lo que no se puede pretender, como lo hacen AES y compañía, es que los católicos se adapten a ellos y les den sus votos por el simple hecho de ser católicos, eso es una gigantesca estafa; lo que debe ocurrir es que el supuesto partido político se adapte a los católicos, es decir, lo opuesto exactamente a lo que realizan las formaciones antes citadas.

Y el catolicismo español, nos guste o no, está tiznado por un sinfín de sensibilidades políticas e ideológicas diversas: existen, porque los conozco, católicos de una muy sólida vida espiritual y de una ortodoxia doctrinal a prueba de todo que se sienten catalanes antes que españoles, o vascos, o se sienten socialistas (y no hablo de los cargos, sino de las bases, y hay dos pruebas evidentes de lo que digo, como son Juan José Cortés, evangélico aunque no católico, y Joaquín Montero, éste sí católico), o se sienten liberales.

Por esta razón ningún partido que tenga una tendencia ideológica muy fuerte hacia el tradicionalismo o hacia el franquismo, como la CTC o AES, puede desempeñar el papel de representante del voto católico por más que lo pretendan. Eso es simplemente imposible.

El católico español del siglo XXI hace mucho tiempo que ya no camina por esos senderos, y la simple pretensión de que el católico debe votar por el hecho de serlo a un partido tardofranquista o, peor aún, que defiende la monarquía de origen divino no es sino una tomadura de pelo y un insulto para esos millones de católicos a los que se reclama ese voto.

Entiéndeme, ser católico no es ser tradicionalista, es algo infinitamente mayor. Esa equivalencia es una perversión y una manipulación de las conciencias, correspondida con el resultado en votos que han obtenido estas formaciones en las pasadas elecciones, No, ese no es el camino, y por eso creo que D. Demetrio se refiere a algo que, efectivamente, no existe en España.