Recuerdo muy bien un Triduo Pascual en el que estuve participando en Madrid en contexto de retiro y silencio, en el que se me quedó muy grabada una de las reflexiones que ha dado título a este mensaje.

«Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón, le entrego allí mismo sus viñedos, y hago del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.» (Oseas 2,16-17)

Seguramente que este tiempo de Adviento puede asemejarse a ese desierto que el Señor nos regala para hablarnos al corazón, de manera que podamos estar bien dispuestos para acoger al que viene. Pero, ¿cómo está tu corazón hoy? ¿Está preparado para ser morada de Aquel que desea nacer y encontrar el calor de un hogar?

Quizás pueda ayudarte conocer esta galería de corazones, con el fin de que compruebes si te sientes identificado con alguno de ellos. Será el primer paso para caminar en la buena dirección, de tal manera que esta Navidad traiga a tu vida el fruto de una vida plena y llena del verdadero gozo.

La invitación de este Adviento es permitir que Dios transforme tu corazón en una puerta de esperanza que Él desea atravesar con su gracia y con su amor. Déjate amar por Aquel que hoy nos dice con amor maternal: “Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36,26).

Recuerda que necesitamos asumir y reconocer cómo está nuestro propio corazón en este momento, ya que lo que no es asumido no puede ser redimido, como afirmaba san Ireneo de Lyon. La santidad no consiste en sufrir sino en amar, y esto tiene su origen en dejarse amar por quien desea darte un corazón nuevo para amar a su estilo y manera.

“Me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20) encuentra su más honda expresión en la cruz; sin embargo, ese amor y esa entrega comienzan a manifestarse plenamente en la Encarnación del Hijo de Dios. Esto celebramos en Navidad y esto es lo que llena nuestro corazón de inmenso agradecimiento y gran ternura.

De corazón, ¡muy feliz Navidad!

 

Fuente: kairosblog.evangelizacion.es