La Historia de Hispania Martyr expuesta por su presidente

El pasado 24 de febrero, invitado por la benemérita Asociación San Juan Pablo II, el presidente de Hispania Martyr Siglo XX, don José Javier Echave-Sustaeta del Villar [sobre estas líneas junto a monseñor Juan Antonio Martínez Camino] fue entrevistado por el periodista católico don Javier Navascués en el programa El Campanario de RKB 106,9 FM. Fue preguntado sobre la fundación y labor llevada a cabo durante más de cuarenta años por dicha Asociación en aras a mantener viva la memoria de la mayor gloria de la Iglesia española en su historia tras la evangelización de América: la ofrenda de los millares de mártires que a lo largo de los años 1934 a 1939 dieron gozosos sus vidas invocando en sus últimas palabras a Cristo Rey.

Se congratuló de poder hablar en la red de la benemérita Asociación San Juan Pablo II a quien Hispania Martyr y toda la Iglesia española deben la inmensa gratitud de la glorificación de sus casi dos millares de mártires elevados ya a los altares. Comenzó su exposición refiriendo cómo Mn. Salvador Nonell Bru, párroco de la aldea de La Gornal del Penedés, cuando san Pablo VI había suspendido la tramitación de las causas de los mártires españoles, no se desanimó por ello, y sub specie aeternitais les aseguró que, “tras de tiempos de inoportunidad, llegarían tiempos de oportunidad”.

El 4 de octubre de 1977 reunió en su rectoría a un grupo de amigos, fieles devotos de los mártires, y les trasmitió su convicción de que cuando llegara la hora de Dios, que llegará, el Magisterio oficial de la Iglesia fallará definitivamente el carácter martirial de sus sacrificios, y serán glorificados por siempre en su Iglesia, por lo que había que estar preparados para ello, buscando datos y testimonios, ne pereant probationes, no se pierdan las pruebas. Decía:

No hay que lamentarse, sino mirar hacia el futuro próximo, amemos a nuestros mártires y pidámosles su intercesión, pues por ellos ha de venir a nuestra patria el prometido Reino de Cristo. 

El acto fundacional tuvo lugar el 28 de octubre de 1982 en la Parroquia de Santa Engracia de Zaragoza, donde se veneran los restos de sus innumerables mártires, y se acordó que el nombre de la Asociación fuera en latín: Asociación cultural Hispania Martyr siglo XX, y se registrara en el Ministerio del Interior como Asociación Cultural civil, que extiende su actividad a todo el territorio de la Nación Española.

En el art. 5 de sus Estatutos se lee:

Acogida al patrocinio de la Virgen María, Regina martyrum, y de San Eulogio, defensor de los mártires y mártir de Córdoba, tendrá por objeto, el de promover, orientar e impulsar las actividades lícitas necesarias a efectos de obtener de la santa Sede la glorificación, beatificación y canonización, de los gloriosos mártires españoles del Siglo XX.

Fue una premonición, pues un año después, el 15 de octubre de 1983 san Juan Pablo II, tras recibir en audiencia al presidente socialista Felipe González [bajo estas líneas, junto a su esposa], le recriminó la implantación de la ley del aborto. Y dispuso  como protección frente a los abominables crímenes venideros, que los españoles se encomendaran a la protección de sus mártires de la persecución religiosa, y levantó la suspensión de la tramitación de sus causas, tras 19 años de silencio.

El 29 marzo 1987 San Juan Pablo II beatificaba a tres carmelitas mártires de Guadalajara, primicias de los hoy casi dos millares elevados a los altares, 11 de ellos ya canonizados.

Trató después del valor del martirio como mayor gracia que Cristo concede a sus elegidos, y refirió cómo Santa Teresita del Niño Jesús, hablando de sus vocaciones, calificaba el martirio su vocación, el sueño de su juventud, deseando sufrir los tormentos reservados a los cristianos de los últimos tiempos en la persecución del Anticristo. Resumió luego la labor de Hispania Martyr en la aportación de datos y documentos solicitados en los procesos martiriales, destacando el dictamen pedido por la postulación del joven John Roig Diggle, recientemente beatificado en Barcelona.

Tras referir la historia de las sucesivas beatificaciones martiriales llevadas a cabo, significó las de sus nueve obispos, las de los centenares de sacerdotes diocesanos, y las del más del millar y medio de religiosos y religiosas, así como el reducido número de sólo 107 mártires seglares, terminando su charla exhortando a la petición de intercesión de nuestros mártires para poder recibir como ellos del Espíritu Santo el don de fortaleza en estos nuestros calamitosos tiempos con que Dios nos prueba para procurar nuestra conversión.