EL PRÓXIMO AÑO, PEOR

El trabajo en que hallamos placer
cura la pena que causa.
-William Shakespeare-

          El 29 de septiembre de 1904, S. M. el rey de España, don Alfonso XIII, aún mozalbete, llega a la estación de Salamanca procedente de Medina. Al entrar en la provincia de Salamanca ha tenido que detenerse un momento en Cantalapiedra, donde la improvisada banda municipal, llena de buenos deseos, lo recibe con todos los honores al pisar tierra charra, interpretando la marcha real.

         El rey, aturdido, suelta un comentario:
         —¿Habrá en el mundo una banda que toque peor que esta?

         Un cortesano, solícito y gracioso, como corresponde a los cortesanos tiralevitas, da rápidamente la razón al rey:
         —Sí, majestad; esta misma el año que viene. 

         Es la carcoma de la rutina, de la desgana, de la desilusión la que impide crecer con el incremento vital del trabajo bien hecho.

          En noviembre de 1905, Unamuno tuvo que hablar en el Hogar de la Federación Obrera Salmantina y dijo:

         —Nacemos con hambre y con sueño, y no es lo peor que no se trabaje, sino la manera enfermiza con que se trabaja cuando hay trabajo.

          Esto me recuerda a un dicho de mi pueblo que para definir al mal profesional lo llamaban el maestro Machuca que, machacando machacando, se le olvidó el oficio. 

         Lo que no debe haber, lo que es un delito de lesa humanidad, es gente que no quiera ser más, que no quiera saber más, que no quiera aprender a hacer más y mejor, que no aproveche las horas de trabajo para crecer y hacer crecer.
         Porque, no lo olvidemos, querer ser más y mejor es ya la puerta abierta para aprender la delicia de trabajar con originalidad, con ilusión. Esta es la clave: ilusión por aquello que se hace.

          Retomemos lo cotidiano de cada día, las pequeñas cosas que tejen nuestro mundo laboral, familiar y relacional y preguntémonos con frecuencia: «¿Qué cosas buenas puedo hacer hoy? ¿Cómo puedo ayudar a los demás?».

         Si cada día nos preguntamos cómo podemos mejorar nuestro entorno laboral, puede ser una buena fuente de motivación que posibilite un contexto creativo y optimista con actitudes tan asequibles como: ¿cómo puedo contribuir con mi sonrisa, mis bromas y mi comportamiento a hacer un trabajo serio que haga feliz a los que me rodean? Y eso nos llevará a una actitud netamente constructiva: «No lo dudes, si necesitas ayuda, pídemela».

         Un bautizado con verdadero sentido cristiano del trabajo sabe que tiene como meta la perfección y, por eso, su trabajo debe acercarlo a Dios porque su motor laboral debe ser: «Este año bien, pero el año que viene mejor».