Y es que como muchos de Vds. no desconocerán, la figura de Jesús registra en el Corán una presencia importante, tan importante que no es en modo alguno aventurado afirmar que el fundador del cristianismo milita en el islam entre sus cuatro grandes profetas, junto a Abraham, Moisés y, desde luego, el profeta de los profetas, Mahoma. En el libro sagrado de los musulmanes, Jesús es mencionado por su nombre –transcrito Isa- en hasta veinticuatro ocasiones, amén de otras nueve en las que es mencionado de manera indirecta como “el Ungido”, el hijo de María, el Espíritu de Dios, etc.

 

            La presencia de Jesús en el libro santo de los musulmanes arrastra la de otros personajes bien conocidos del lector evangélico, entre los cuales San Juan Bautista, los apóstoles y notablemente, su madre, la Virgen María, mencionada en hasta treinta y tres ocasiones, bien es verdad que, de ellas, sólo once como personaje autónomo, y las otras veintidós para caracterizar a su hijo, Jesús hijo de Maria. Un honor, éste de ser llamada por su nombre, que el Corán dispensa a una única mujer, María precisamente, y que ni siquiera cabe a la madre del Profeta o a ninguna de sus quince esposas: ni Jadicha, la primera y más importante, ni Aisha, la favorita.

 

            El Corán contiene toda una cristología, que comienza con el nacimiento de Jesús y termina con su pasión, inspirados en el relato cristiano, con el que sin embargo, registra importantes diferencias, como, concretamente, la concerniente a la relación existente entre Jesús y Allah-Dios, y sazonada con curiosos episodios procedentes del mundo de la literatura apócrifa cristiana, algo que no deja de llamar poderosamente la atención.

 

            Y todo ello dentro de un sentimiento tanto hacia los seguidores de Jesús como hacia sus compatriotas judíos que se ha de calificar, como poco, de tornadizo y veleidoso.