Hoy traigo una reflexión larga. Gracias anticipadas por leerla con paciencia e indulgencia. Reflexionemos un poco sobre el Corpus Christi. Los católicos deberíamos de conocer, entender y vivir, con cierta coherencia evangélica. Tristemente, es frecuente encontrarnos con personas que sesgan los Evangelios y recortan justo lo que les interesa y además, dan un sentido ideológico a esas pequeñas porciones. Por desgracia no nos solemos dar cuenta de ello, porque estamos inmensos la postmodernidad. La época del “todo vale“, si emotivamente lo sentimos como “válido”. Desde hace mucho tiempo, la Eucaristía sufre un acoso ideológico de gran potencia que busca convertirla en un "refugio socio-cultural”. Un refugio que nos encierre dentro de tribus eclesiales autónomas y enfrentadas. El Símbolo de la Unidad convertido en herramienta de separación. Todo un logro del maligno que persigue reunirnos en pequeñas tribus. Tribus que utilizan la Liturgia para afirmarse así mismas mediante apariencias sociales centradas en “lo humano”.
 

Es tentador ir a misa como pretexto de vivir esta experiencia socio-cultural postmoderna. Pero los simulacros no dejan de ser una mentira, por muy bien orquestados que estén.


Actualmente es frecuente que demos más importancia a los aspectos estético-sociales de la misa y que olvidemos de las exigencias que conlleva el sacrificio de Cristo y su resurrección en nosotros. Es curioso que haya hermanos que les moleste que un sacerdote se ajuste a la sencilla rúbrica litúrgica y celebre el Sacramento con simplicidad y profunda unción. Se echa de menos los efectos especiales que tanto gusta para vivir un show y decimos que “nos aburrimos” o que “no entendemos” lo que hacemos allí. Nos hemos acostumbrado a intervenir creativamente para sentirnos “co-protagonistas” del show. Cuando vivimos el Sacramento desde lo que realmente somos, parece que nos han desalojado de nuestro lugar preferente.

Para empezar a recobrar el sentido sagrado sería necesario dejar a un lado todo afán estético, olvidar las ansias vivir shows que entretengan y la necesidad de ofrecer espacios socio-religiosos para reafirmarnos dentro de la comunidad.


Actualmente, nos contentamos con apariencias, mientras olvidamos todo el sentido trascendente y sagrado de lo que de revive en cada Eucaristía. Después nos preguntamos la razón por la que los fieles dejan de ir a misa. ¿No hemos convertido el tiempo sagrado en un tiempo religioso de tipo socio-cultural? En las misas show perdemos en contacto con Dios y nos centramos en nuestro “obligo” socio-cultural. Perdemos que vista que los sacramentos buscan re-ligarnos con Dios.

Comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón es aceptar el sentido que Dios nos ofrece a los seres humanos. No se trata de comulgar en “lo social” y las “circunstancias sociales” nos interesen promover. Un ejemplo de ello está en quienes ven los sacramentos como una oportunidad para reivindicar una situación social injusta. No nos acercamos a la Eucaristía para luchar por el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro. Ser justos es una obligación que se lleva a cabo en los espacios humanos donde puede hacerse. Hacer la Voluntad de Dios necesita de herramientas humanas llenas de Gracia. Si convertimos la Eucaristía en un show socio-ideológico, estaremos comulgando con el ideólogo de torno. Ideólogo que nos dice lo que a él le interesa que hagamos y cómo a él le interesa que lo hagamos. ¿De quién queremos ser herramienta? ¿De Dios o de un líder social?

Ya sabemos que Cristo está presente en la Eucaristía y que Él es lo fundamental. Lo demás viene por añadidura.


Cristo se lo dijo claramente a Judas cuando le recriminó que aceptara que le ungieran los pies con un caro perfume. Releamos el pasaje que nos cuenta cómo Cristo es ungido en Betania (Marcos 14:1-11). De este pasaje es interesante resaltar:

Pero Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

Ciertamente no podemos tener a Cristo en nosotros siempre. Por eso se instituyeron los Sacramentos. ¿Qué hemos hecho para unirnos a Cristo? Porque esto es lo que da sentido al Evangelio al que hemos sido llamados a llevar a todas partes del mundo.

Vivimos en una sociedad en crisis. Crisis que proviene de dar más importancia al mundo que a Dios. Crisis que parte de aparentar que queremos ayudar a los demás sin ser herramientas en manos de Dios. Esta mentira la señala Cristo cuenta dice que el primero de los mandamientos en “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Mc 12, 30). Sólo quien ama a Dios ante todo y todos, puede ver la imagen de Dios en quienes necesitan de nuestro auxilio y comprensión. De hecho los adoradores del ser humano suelen ser terriblemente inmisericordes con quienes les señalan que adoran a otro que no es Dios. Predican una iglesia de puertas abiertas, pero abiertas para dar la patada a quien no vive conforme a sus leyes. Cristo nos llamó a amar a nuestros hermanos y sobre todo, a nuestros enemigos. Amarlos conlleva señalar el error sin señalar a la persona que se equivoca.

Los adoradores del ser humano, señalan a quienes los ponen en evidencia y les imponen una etiqueta como vergonzante sanbenito. Etiqueta que cambia según el bando desde el que se condena.
 

Unas veces nos llamarán hereje-heterodoxo, otras veces nos llamarán rigorista-fariseos. Simplemente no aceptas que el rey esté vestido cuando lo ves bien desnudo. Al final el modelo de adoración del ser humano es el mismo, aunque las estéticas que se adoran sean diferentes.


Hoy es Corpus Christi. Celebramos la presencia de Dios en la Eucaristía. Una presencia real, no una apariencia socio-cultural o un pretexto socializador. También iniciamos el mes dedicado al “Sagrado Corazón de Jesús”. Corazón que simboliza el ser de la Segunda Persona de la Trinidad. Cristo, el Logos. Corazón que llama a la puerta de nuestro ser y espera que abramos para fundirse en nosotros: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono. El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap 3, 22)

El que tenga oídos que oiga”, evidencia que Dios va más allá de los simulacros humanos que tanto nos gusta representar. Nuestra presencia en la Liturgia debe ser sustancial, profunda y completa. La Eucaristía debería ser el altavoz maravilloso que señalara el camino a esta sociedad en crisis. La misa no puede ser un lugar de concienciación o arengas ideológicas, sino un espacio sagrado de unión con Dios. Necesitamos salir de esta cultura postmoderna y postindividualista que centra todo en nuestros intereses humanos. Necesitamos dejar de intentar ajustarnos al modelo ideológico que un “listo” se ha inventado. Cuando nos llaman a ser más humanos es básicamente hacernos imagen y semejanza de la ideología que hay detrás de quien la pregona.

Cristo nos llama a ser más que humanos; nos llama a ser perfectos, santos, como el Padre lo es (Mt 5, 48)


Lo sagrado, los Sacramentos y sobre todo la Eucaristía nos unen con Dios. Ese es el sentido de lo sagrado. Lo social no puede suplantar lo sagrado sin corromper todo el Mensaje y el Misterio Cristiano.

Cristo nos enseña a rezar indicándonos que pidamos "el Pan nuestro de cada día", ya que sin este “Pan del Cielo”, todo lo que ofrezcamos a quienes nos necesitan llevará pegada una ideología humana que destroza el ser. No podemos llegar a ser verdaderamente virtuosos, generosos y caritativos, si no somos herramienta dócil en manos de Dios. No podemos llevar la Paz, que es Cristo mismo, sin alojarlo en nosotros de forma previa. No se puede dar lo que no se tiene.

¿Dar amor sin Dios es posible? Sólo Dios es Amor, Caridad y verdadera fraternidad. Sin Él nada tiene sentido.


El Corpus Christi es un maravilloso día para meditar sobre todo esto y empezar a dejar de poner obstáculos para que Cristo entre en nuestro corazón y empecemos a ser Templos vivos del Espíritu Santo.