Hace unos días, desde la tierra de San Juan Pablo II, se ha dirigido a mí una periodista polaca, Katarzyna Kobylarczyk (1980). Con varias publicaciones, muy interesantes, está preparando un libro (para lectores polacos, lo editará la prestigiosa editorial Wydawnictwo Czarne) sobre la memoria histórica de la Guerra Civil en España.
 


Quiere informarse más sobre el tema de los mártires de España en los tiempos de la guerra, sus procesos de beatificación y la búsqueda de sus restos mortales -me parece, afirma, un tema muy importante-, también porque muchos de ellos fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II.

A mí lo que me parece apasionante es que desde mi casa hasta la sede de la editorial, o sea a 3.085 kilómetros de distancia alguien quiera conocer lo que sucedió con nuestros mártires.

Así que me dispongo a contestar a las preguntas, de momento por este medio, así se lo he pedido, porque entre medias de los tres mil kilómetros que nos separan son muchos -en nuestra propia España- los que siguen desconociendo esta historia.

Katarzyna Kobylarczyk: Quería tener un poco de contexto histórico.
La primera aclaración. Nosotros nunca hablamos de mártires de la guerra (muchas veces se usa, incluso por parte de los Papas para ceñirse al periodo histórico en el que suceden los hechos. Pero, nos aclara el actual prefecto para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato:
«Recordemos de antemano que los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Estos hermanos y hermanas nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron asesinados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque eran sacerdotes, porque eran seminaristas, porque eran religiosos, porque eran religiosas, porque creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. Su apostolado era la catequesis en las parroquias, la enseñanza en las escuelas, el cuidado de los enfermos, la caridad con los pobres, la asistencia a los ancianos y a los marginados. A la atrocidad de los perseguidores, no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes» (Homilía en la beatificación de 522 mártires de la persecución religiosa, en Tarragona el 13 de octubre de 2013).
 


Kobylarczyk: -Entiendo, pues, que cuando hablamos de los mártires españoles del siglo XX hablamos sobre las víctimas de persecución religiosa. ¿Podemos estimar cuantas personas fueron asesinadas? ¿Qué fuentes tenemos para saberlo?
En 1961 Antonio Montero Moreno (que llegará a ser Arzobispo de Mérida-Badajoz) publicó su tesis doctoral: Historia de la persecución religiosa en España, 19361939. Elaborada con todos los datos que les ofrecieron en esos años las diócesis españolas, aparecerán publicadas las cifras. 6.832 muertos, de los cuales 4.184 pertenecen al clero secular, incluidos doce obispos, un administrador apostólico y los seminaristas, 2.365 son religiosos y 283 religiosas. No es posible ofrecer ni siquiera cifras aproximadas del número de seglares católicos asesinados por motivos religiosos, porque no existen estadísticas fiables, pero fueron probablemente varios millares.

Estas cifras, que son las que ofreció en su día Montero y nadie ha contestado, no son, sin embargo, exactas, pues a medida que avanzan los estudios locales se va precisando el número de mártires de cada diócesis. En cualquier caso, aunque surjan algunas variaciones, creo que puede redondearse la cifra de eclesiásticos martirizados en 7.000, mientras que los seglares de ambos sexos podrían ser unos tres mil, con lo cual tendríamos una «cifra redonda», aproximada de unos 10.000 mártires.

Kobylarczyk: ¿Cuándo se empezaron los primeros procesos de beatificación de los martiries de la guerra? ¿De quién vino la idea?
Explica el sacerdote e historiador Vicente Cárcel Ortí que “al acabar la guerra la mayoría de las diócesis abrieron los procesos de beatificación de los mártires de la persecución religiosa. En unas se procuró separar a los religiosos de los sacerdotes y de los seglares, de forma que estas tres clases o categorías fueron por separado desde el principio. Este fue, por ejemplo, el caso concreto de Valencia, donde casi todas las órdenes religiosas abrieron procesos de sus respectivos mártires, incluyendo en algún caso a religiosas afines a ellos y a veces también algún seglar […]. Algunos de estos procesos se formaron con grupos bastante numerosos mientras que en otras diócesis se prefirió presentar casos individuales o grupos muy reducidos. Todos estos procesos fueron entregados en Roma a lo largo de los años cincuenta y sesenta, es decir, a medida que se clausuraron en la fase diocesana, y todos ellos comenzaron a ser estudiados por la que entonces se llamaba Sagrada Congregación de Ritos, hasta que el beato Pablo VI suspendió temporalmente el examen de las causas de los mártires españoles porque no consideró oportuno comenzar a beatificarlos mientras no cambiara el régimen, ya que esto podía interpretarse políticamente.

Cuando, pasados cincuenta años del comienzo de la guerra civil, el papa Juan Pablo II decidió reabrir el examen de dichas causas y proceder a las primeras beatificaciones, lógicamente fueron los religiosos los primeros en llegar al altar porque lo tenían ya todo preparado y, de este modo, en 1987 fueron beatificadas las tres carmelitas de Guadalajara.

Se puede consultar:
https://www.religionenlibertad.com/19872017-anos-martires-55798.htm